MUNDO REPORTAJES

Los judíos escapan en masa de Europa a países donde son protegidos, como la Rusia de Putin

Escrito por Guy Millière para Gatestone Institute: https://es.gatestoneinstitute.org/15431/fin-presencia-judia-europa

El 3 de diciembre, la Asamblea Nacional francesa aprobó una resolución en la que adoptaba la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto. La resolución hacía hincapié en que la definición «abarca las manifestaciones de odio hacia el Estado de Israel justificadas solamente por la percepción de éste último como un colectivo judío». El diputado Meyer Habib, que apoyó la resolución, pronunció un apasionado y emotivo discurso donde subrayó el nivel de la amenaza antisemita en la Francia de hoy, y los estrechos vínculos entre el odio a los judíos y el odio hacia Israel.

Desde 2006, doce franceses han sido asesinados en Francia porque eran judíos. Aunque los judíos representan menos del 1% de la población, la mitad de los actos racistas cometidos en Francia se han cometido contra los judíos. El antisionismo es la demonización obsesiva de Israel y el abuso de la retórica antirracista y anticolonial para privar a los judíos de su identidad.

Añadió que fue sumamente difícil conseguir los votos para aprobar la resolución por la falta general de «coraje político», lamentablemente, una cualidad ausente con frecuencia en Francia en lo que respecta al antisemitismo e Israel.

Los líderes políticos franceses declaran a menudo que la lucha contra el antisemitismo es de primordial importancia; lo dicen cada vez que un judío es asesinado en el país. Sin embargo, el único antisemitismo que parecen dispuestos a combatir es el de derechas. Al parecer se niegan a ver que todos los judíos asesinados o atacados en Francia desde 2006 fueron víctimas de antisemitas musulmanes, y los líderes franceses nunca pronuncian una sola palabra al respecto. Parecen ocultar el antisemitismo islámico —inserto en el Corán y los hadices y reforzado en los años 30 por la amistad de los nazis con el gran muftí de Jerusalén, Haj Amín al Huseini— bajo el odio musulmán a los judíos basado en el odio musulmán supuestamente «legítimo» a los «crímenes sionistas».

Los líderes políticos franceses también parecen negarse a ver otra forma de antisemitismo que va en aumento: el antisemitismo de izquierdas. Es precisamente este antisemitismo de izquierdas el que utiliza la máscara del antisemitismo para difundir el odio antijudío.

Los líderes políticos franceses tampoco hablan nunca de cómo los grandes medios franceses hablan sobre Israel, o sobre las consecuencias de esos artículos y reportajes. Describen constantemente —y falsamente— a Israel como un país malvado cuyos soldados matan con displicencia y a diario y cuyos ciudadanos «ocupan ilegalmente» territorios (a pesar de que llevan allí más de 3.000 años) que pueden pertenecer a otro pueblo al que privan cruelmente de todo.

Los líderes políticos franceses no critican los artículos y reportajes antiisraelíes: el modo en que la mayoría de ellos hablan sobre Israel es tan antiisraelí como los peores artículos contra Israel. El propio Gobierno no lo hace mejor. Cuando se asesinan judíos israelíes en un atentado, el Gobierno francés hace público un comunicado en el que «deplora» el ataque e insta a Israel a «ejercer la moderación» y evitar «iniciar un ciclo de violencia». Cuando se produce un ataque en la parte este de Jerusalén o en la Margen Occidental, el comunicado menciona que «Jerusalén Este» y la Margen Occidental son «territorios palestinos ocupados ilegalmente por Israel». Es una forma de decir que los judíos no deberían estar allí, que las víctimas son la parte culpable, y que los que los atacan tienen buenas razones para hacerlo.

El 12 de noviembre, cuando el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, dijo que las comunidades judías en los territorios disputados no contravienen el derecho internacional, el Gobierno francés emitió inmediatamente un comunicado diciendo que «la política israelí de colonización de los territorios ocupados palestinos es ilegal según el derecho internacional, y en particular el derecho humanitario internacional».

Esta reacción va en consonancia con las posturas adoptadas por el Gobierno francés en los últimos años: cuando el presidente de EEUU, Donald J. Trump, reconoció Jerusalén como la capital de Israel y trasladó la embajada estadounidense allí, el presidente francés, Emmanuel Macron, dijo que el traslado era un «grave error» y recalcó que la embajada francesa seguiría en la capital imaginaria de Israel, Tel Aviv. Un comunicado oficial añadió que Francia es «amiga de Palestina» y que apoya «la creación de un Estado palestino, con Jerusalén como capital». Francia no reconoce Jerusalén como parte del territorio de Israel: el consulado francés en Jerusalén se identifica en los documentos oficiales franceses como «el consulado francés en Jerusalén», y se omite la palabra «Israel». Cuando los ciudadanos franceses que viven en Israel votan, los votos de los de Jerusalén se cuentan por separado de los votos de los que viven en otras partes del país.

En el Instituto del Mundo Árabe, fundado por el Gobierno francés y los países árabes, que abrió sus puertas en el centro de París en 1987, las conferencias y exposiciones suelen estar imbuidas de odio antiisraelí. Actualmente, en una exposición titulada «Al Ula, maravilla de Arabia», los visitantes pueden ver un mapa de toda la tierra de Israel cubierta con las palabras «territorios palestinos». Cuando las organizaciones judías protestaron, se añadió la palabra «Israel» junto a «territorios palestinos».

Casi todos los asesinatos de judíos en Francia no sólo fueron cometidos por antisemitas musulmanes, sino por musulmanes que identificaban injustamente a los judíos franceses con el «criminal Israel». Mohamed Merah, asesino de alumnos pequeños judíos en Toulouse, le dijo a un agente de policía que había matado a los niños judíos porque «los judíos matan a niños palestinos» y había visto «muchos reportajes en la televisión francesa que lo mostraban». Lo que dijo no llevó al Gobierno francés a pedirles a los canales franceses que tuviesen más cuidado de evitar cualquier cosa que se pudiera considerar como incitación al odio y el asesinato.

Por el momento, Meyer Habib es casi el único diputado francés que ha condenado los prejuicios antisemitas, antisionistas y antiisraelíes de los medios franceses y las posturas antiisraelíes del Gobierno francés y muchos políticos. Suele recibir amenazas de muerte antisemitas; su familia y él tienen que vivir con protección policial las 24 horas del día. Él representa a los ciudadanos franceses que viven en el extranjero: en Israel, Italia y Turquía, y no puede ser elegido en ninguna parte del territorio francés.

Habib también ha dicho que la resolución del 3 de diciembre es sólo una resolución. Sólo una minoría de diputados votó a favor de ella. La única razón por la que se aprobó es que muchos diputados optaron por abstenerse. Varios votaron en contra y, una vez más, anunciaron que eran orgullosos «antisionistas». En cualquier caso, la resolución no se convertirá en ley y no tendrá consecuencias.

Es casi seguro que los medios, líderes políticos y el Gobierno de Francia no van a cambiar sus posturas hostiles respecto a Israel. Ningún líder francés apoya a Meyer Habib o se atreve a discrepar de las declaraciones del Gobierno francés respecto a Israel, salvo para decir que éste es aún demasiado proisraelí.

Mientras se produce un rápido cambio demográfico en Francia, los medios, líderes políticos y el Gobierno del país están actuando en consecuencia. Los judíos se han convertido en una parte menguante de la población —el 0,6%— y no tienen peso político. La población musulmana francesa está creciendo rápidamente, a más del 12% del total. Se ha vuelto prácticamente imposible ganar unas elecciones en Francia sin contar ahora con el voto musulmán.

Las pocas personas que aún critican el antisemitismo del islam y musulmán en Francia son hostigadas sin piedad por las organizaciones islámicas e incluso condenadas más duramente por los tribunales. Hace unos días, el 4 de diciembre, un fiscal pidió al tribunal que sentenciara a Christine Tasin, presidenta del movimiento antiislámico Resistencia Republicana. En junio de 2017, escribió un artículo que incluía estas afirmaciones: «Los actos antimusulmanes de ira son inevitables en el corto o medio plazo en todos los países europeos, incluida Francia, que están sufriendo una invasión musulmana» y «El islam puede ser incompatible con la civilización occidental». Tasin fue acusada por el Colectivo contra la Islamofobia en Francia (CCIF; por sus siglas en francés) de incitar al «terrorismo antimusulmán». El CCIF es una organización creada por Musulmanes de Francia, la rama francesa de los Hermanos Musulmanes. El fiscal dijo que la acusación presentada por el CCIF era «perfectamente válida» y que Tasin «necesita una lección». Ella podría ser la primera persona de Francia en ser mandada a la cárcel por el «delito» de «islamofobia».

Muchos de los que participaron en la manifestación islámica e izquierdista contra la «islamofobia» en París el 10 de noviembre gritaron eslóganes explícitamente antisionistas, como «Israel, asesino» y «Palestina ganará». Varios manifestantes enarbolaban banderas palestinas y de Hamás. Por el contrario, una manifestación que se celebró una semana después, condenando el terrorismo islámico, reunió a menos de 2.000 personas.

El 30 de octubre, en París, cuando el presidente Macron inauguró el Centro Europeo para el Judaísmo, nombró a todos los judíos asesinados recientemente en Francia. Sin embargo, no nombró a los asesinos. Simplemente condenó a la «bestia inmunda», una expresión acuñada por Bertolt Brecht y utilizada ahora a menudo en Francia para incriminar a los simpatizantes nazis. Mencionó las amenazas que representan «los que quieren sembrar el odio y la división» y expresó su apoyo a los musulmanes heridos en un atentado fallido en una mezquita en Bayona, al suroeste de Francia. Habló positivamente de una época en que gran parte de España era musulmana, y dijo que allí, en Andalucía, «los judíos, a pesar de su estatus de dhimmi, desarrollaron una cultura extraordinaria».

La escritora Barbara Lefebvre vio en estas palabras un elogio a los judíos —una aceptación de la dhimmitud [ser gobernado bajo el islam como ciudadano de tercera clase, «tolerado», a veces pagando un impuesto de «protección»] y la sumisión que conlleva. Escribió que «conjurar la plaga marrón y los momentos oscuros de nuestra historia para evocar la amenaza que enfrentan los judíos que viven en Francia es un insulto histórico, memorialístico y político» y que el discurso de Macron allanó el camino a condenar a los judíos franceses a «marcharse del país o encerrarse en una burbuja comunitaria, como dhimmis en la tierra del islam».

En Europa, Francia no es una excepción. El antisemitismo está avanzando en todo el continente y a menudo su factura es de Oriente Medio. Aún así, las autoridades hablan sólo del «antisemitismo de derechas».

En Alemania, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución realizó un estudio que analizaba los ataques musulmanes perpetrados contra los judíos del país en 2017, pero se negó explícitamente a decir que esos ataques eran antisemitas, y en su lugar los atribuyó a «creencias religiosas y culturales que los inmigrantes musulmanes llevan consigo» a Alemania.

El ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, añadió, como si fuera una excusa, que los musulmanes que llegan a Alemania «provienen de países donde los poderosos incitan al odio contra los judíos e Israel». Un estudio llevado a cabo en Reino Unido por el Institute for Jewish Policy Research mostró que el antisemitismo es mucho más prevalente entre los musulmanes británicos que entre otros ciudadanos del país, pero sólo se informó del estudio en la prensa británica judía.

El antisemitismo de izquierdas está presente en toda Europa. Sus adeptos, como en Francia, hacen todo lo posible por ocultar y proteger el antisemitismo de Oriente Medio.

En Reino Unido, los antisemitas entraron en el Partido Laborista a través de la izquierda. El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, fue hace poco acusado por el gran rabino de Gran Bretaña, Ephraim Mirvis, de «racismo antijudío».

La mayoría de los principales medios europeos son tan antiisraelíes como los grandes medios franceses. En julio, Josef Schuster, presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, dijo de un artículo, publicado por la revista Spiegel, que utilizaba «clichés antisemitas» para vilipendiar a Israel. No es el único artículo de este tipo en la prensa alemana. Shuli Davidovich, agregado de prensa israelí en Londres, dijo hace una década:

«Definitivamente, algunos periódicos nunca le reconocen ningún mérito a Israel (…) para algunas personas, en periódicos como The Guardian, el rostro humano de Israel no existe. Siempre es el casco, el rifle, el agresor, el ocupante.»

Hoy, nada ha cambiado. The Guardian suele publicar artículos que apoyan el boicot económico y cultural de Israel. El comentarista Manfred Gerstenfeld señaló la creciente abundancia de viñetas antisemitas que ahora acompañan a los artículos antiisraelíes en la prensa europea. Las viñetas antisemitas —señaló—, abundan en Noruega, un país con sólo 700 judíos. Muchas viñetas, dijo, retratan a los judíos como «parásitos», exactamente como en la prensa de los países musulmanes.

La mayoría de los líderes políticos de Europa son tan hostiles a Israel como los de Francia. La Unión Europea defiende obstinadamente la idea de que Israel debe volver a la línea de armisticio de 1949, a menudo referida como «las fronteras de 1967». La UE afirma que Israel ocupa ilegalmente «territorios palestinos». Cada vez que Federica Mogherini, vicepresidenta de la Comisión Europea hasta el mes pasado, habla sobre Oriente Medio, describe a Israel como «potencia ocupante». Su sucesor, Josep Borrell, defiende el reconocimiento unilateral de la estatidad palestina. «Irán quiere borrar a Israel de la faz de la tierra —ha dicho—. Eso no ha cambiado. Hay que vivir con ello». Nueve de los 28 países miembros de la Unión Europea —Suecia, Chipre, Malta, Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Bulgaria, Rumanía— reconocen un «Estado de Palestina», pero ignoran que la Autoridad Palestina jamás ha renunciado a su plan de destruir a Israel y ocupar su lugar, ni ha dejado de cometer actos de terrorismo.

La transformación demográfica que se está produciendo en Francia también se está extendiendo por toda la Europa occidental, y la creciente sumisión al islam está siendo tácitamente aceptada por las autoridades de gobierno en casi todas partes. Los partidos políticos que se oponen a la islamización son empujados a los márgenes. Algunos líderes de la Europa central —Viktor Orbán, primer ministro de Hungría; Mateusz Morawiecki, el de Polonia; y Miloš Zeman, presidente de la República Checa— son los únicos que rechazan explícitamente la islamización de sus países y toman medidas para frenar la inmigración musulmana. Son a menudo condenados por los líderes de la Europa occidental, que quieren obligarlos a aceptar a millares de inmigrantes.

Los informes demuestran, como era de prever, que el aumento de los inmigrantes musulmanes ha dado lugar a un aumento aún mayor del antisemitismo.

En 2018, la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea encuestó a los judíos de los 12 países europeos con mayores poblaciones judías. El informe concluyó que «el 28% experimentó alguna forma de hostigamiento por ser judío», «el 47% está preocupado por los insultos verbales antisemitas o el hostigamiento y el 40% por los ataques físicos», «el 38% ha considerado emigrar en los últimos cinco años temiendo por su seguridad».

Otro estudio, llevado a cabo por la Universidad de Bielefeld en Alemania en 2011, mostró que el 40% de los adultos europeos está de acuerdo con esta afirmación: «Israel se comporta con los palestinos como los nazis se comportaron con los judíos».

En un artículo titulado «Europa Judenrein«, el analista político estadounidense Joel Kotkin escribió que todos los datos disponibles demuestran que el odio antijudío y los prejuicios contra Israel seguirán extendiéndose por toda Europa, y que podría significar el fin de la presencia judía en el continente:

Durante milenios, tras la destrucción del Segundo Templo y el comienzo de la diáspora, Europa fue el hogar de la mayoría de los judíos del mundo. Ese capítulo de la historia ha terminado. A medida que los judíos sigan huyendo del continente, a finales de siglo lo único que quedará será un cementerio judío.

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