OPINIÓN

La Dictadura del Miedo en el covid-19

Vivimos tiempos convulsos, incomprensibles, difíciles y tormentosos. La incredulidad ante los hechos que conforman nuestra vida actual parece sacada de una película de ciencia ficción pero es la cruda realidad de la ‘nueva anormalidad’ de esta forma de subsistir en la que se ha instalado la dictadura del miedo. Un antiguo dicho de la dictadura franquista decía: «Cada español necesita un guardia civil que le vigile para que cumpla las órdenes». Esta es una mentalidad que parece aflorar en este tiempo de pandemia, a tenor de la forma y comportamiento de algunos políticos y gobernantes, muchos de ellos inexpertos y sin la educación y bagaje necesarios para mandar o tan siquiera decidir. Otro dicho también señala: «Tenemos los políticos que nos merecemos, son un reflejo de la sociedad», que los vota y paga sus buenos sueldos, dietas, desplazamientos (aunque estén todo el día en casa), y demás prebendas que el lobby de la política mantiene a toda costa mientras los contribuyentes empiezan a pasar hambre como consecuencia de la pandemia y sus contradictorias y desconcertantes decisiones. 

El uso del miedo, como forma de poder, no es nada nuevo. La política, la religión e incluso la iglesia lo han utilizado en otras épocas y sociedades como elemento disuasorio para controlar la movilidad y la libertad del individuo en favor de sus postulados o intereses. El miedo es una emoción contagiosa, late en nuestras mentes y comportamientos ante el peligro, nos hace ver las cosas de manera diferente e incluso irracional, lleva a la desconfianza social y humana, y nos hacina como animales aterrados, en este caso ante una pandemia de consecuencias extrañas. El Covid-19 pese a su larga lista de muertes no es la enfermedad que más mata en el mundo actualmente. Le supera la gripe común, el cáncer (110.000 muertes en 2019 en España), el VIH y otras pestes del siglo XX. Sin embargo ahora nos inculcan que el Covid-19 es una especie de peste aniquiladora de humanos por su mal comportamiento con la naturaleza, el uso de los recursos o por haber ido más allá de las reglas del universo del confort, la comodidad y el bienestar en que nos habíamos instalado con una sociedad de consumo masivo. 

Por ello los ‘negacionistas’ crecen en número y forma de manifestarse ante la opresión del confinamiento, la dictadura sanitaria y los encierros domiciliarios con toque de queda incluido a las 22 horas en algunas zonas, de momento, como si fueran tiempos de guerra. Solo que la reacción al miedo nos hace obedecer sin preguntar, ni pensar, ahoga nuestra toma de decisiones y nos sume en el ‘aborregamiento doctrinal’. Eso es lo que buscan las dictaduras para mantener encerrados a los ciudadanos en sus casas o barrios, sin explicar a ciencia cierta cuál es el motivo, el porqué o las oscuras intenciones que se pretenden al limitar su libertad de movimientos de forma unilateral y sin control. 

El sentimiento de que la autoridad actúa y toma medidas de forma irresponsable, contradictoria, desequilibrada y sin razón está calando en la vida ordinaria de estos momentos y eso es muy peligroso ya que puede llevarnos a un conformismo social restrictivo que nos obligue a revelarnos contra la opresión. No se entiende de otra forma que por la mañana se tome una medida, por la tarde se anula, al día siguiente no vale y se cambia por otra más contradictoria aún.

Afrontar una pandemia es complicado pero los políticos ni siquiera saben manejar el poder del miedo y lo utilizan a hurtadillas como globos sondas para ver la reacción de los ciudadanos pese a no tener un motivo justificado por la ciencia o los intereses comunes, quizá solo por los oscuros manejos económicos y de poder que se esconden tras esta pandemia que destruye la economía global y el orden del mundo, según los negacionistas. Las dudas sobre la actuación del Estado asaltan el pensamiento de todos pero, de momento, parece que preferimos obedecer y ver qué sucede con la esperanza que quizá todo irá mejor. 

Somos el país de Europa con el mayor nivel de contagios pese a que hemos sufrido el confinamiento más duro. Esto parece importar poco y se sigue machacando al ciudadano con mensajes apoyados en multas restrictivas por faltar a las directrices autoritarias que imponen los gobiernos centrales, regionales y municipales. ¿Alguien se aclara de verdad? ¿Saben qué hacer en estos momentos o van tanteando a ciegas con órdenes cada vez más restrictivas para la movilidad de los contribuyentes que pagan sus sueldos?

España es el país de Europa que emite los mensajes más autoritarios, lejos de los eslóganes o recomendaciones que no coartan la libertad y que aplican otros países de Centroeuropa. En estos no se obliga a nada, solo se recomienda al individuo comportarse con responsabilidad dentro de las normas sanitarias. No se busca meter miedo o imponer sino apelar a la responsabilidad individual sin coaccionar. 

La gran pregunta que muchos ciudadanos se hacen es: ¿Estamos ante un intento de suplantar el estado democrático en el que vivimos por un estado autoritario que persigue el alineamiento y el control del individuo desde el miedo y el poder?

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