OPINIÓN POLÍTICA

Los hosteleros vascos declaran la guerra al Gobierno Vasco

LOS HOSTELEROS DECLARAN LA GUERRA AL GOBIERNO VASCO

El Lehendakari Urkullu, por su seriedad, su competencia profesional y su discreción, siempre había tenido una imagen muy positiva no solo en Euskadi, sino también en el ámbito estatal. En el transcurso del último año esta reputación, por desgracia, se ha visto gravemente comprometida, primero por el fiasco del vertedero de Zaldibar en febrero de 2020 y a renglón seguido por la desastrosa gestión de la pandemia del Covid-19 por parte de su gobierno y las administraciones públicas vascas. Medidas policiales absurdas y surrealistas que llegan al extremo de perseguir en pleno monte a jubiletas sin mascarilla o que traspasaron su linde municipal mientras buscaban setas, toques de queda (algo que no se veía desde la Guerra Civil), una estadística sanitaria mal organizada que ni siquiera permite conocer la tendencia de la pandemia en Euskadi, mala planificación en la campaña de las vacunas, altos cargos que se saltan sus propios decretos de restricción de movilidad yendo a jugar al golf donde les place y lo que aun pueda venir que no será poco. Y para colofón de toda esta cadena de despropósitos gubernativos, un cierre masivo de establecimientos de hostelería que ahora mismo es lo que está haciendo que los tiros de la Escopeta Nacionalista salgan por la culata.

El reciente fallo del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco anulando el cierre de bares supone la constatación oficial de un hecho que todos conocíamos: no está demostrado que los establecimientos de hostelería contribuyan a la extensión del contagio en mayor medida que otros negocios a los que se ha permitido funcionar sin trabas, no digamos ya las reuniones familiares o ámbitos como la enseñanza o las instalaciones sanitarias, en las cuales el poder público se reveló totalmente incapaz a la hora de contener la pandemia, bien con medidas preventivas, bien con un despliegue de vacunas que está resultando como el Rosario de la Aurora. Al mismo tiempo, y respaldada por esta resolución judicial, se prevé una inminente oleada de demandas de los hosteleros contra el Gobierno Vasco y el Gobierno de España. De modo que nos encontramos ante un contraataque en toda regla. Los abogados de las asociaciones de hostelería van a tener mucho que hacer esta primavera.

Algunos políticos han censurado el comportamiento de los hosteleros. Esto podría ser la hipocresía típica de nuestro adorado PNV, pero por desgracia no pasa de simpleza, poca clase y una muestra de la absoluta falta de cualificación de la clase política vasca para responder ante los desafíos de la crisis sanitaria. ¿Qué pinta, por ejemplo, el Sr. Bingen Zupiria, que ni siquiera es médico, ni abogado, criticando las resoluciones de los jueces? Lamentable, sin lugar a dudas, la exhibición de una arrogancia del poder que en las condiciones actuales está fuera de lugar. Si el Lehendakari quiere mantener a flote lo que queda de su reputación, tendrá que hacer rodar unas cuantas cabezas más. No solo en hospitales y campos de golf, sino en la Consejería de Sanidad, la de Interior e innumerables pesebres funcionariales de Lakua. Estamos esperando esa limpia como agua de mayo.

Cuando las cosas van bien, los bares están abiertos y el vino y el dinero corren, la prepotencia de las élites no pasa de ser un espectáculo folklórico. Pero en tiempos de crisis jode bastante que quien no tiene problema para cobrar su nómina a fin de mes, después de haber obligado al honrado posadero vasco a bajar la persiana, además lo señale como mal patriota, insolidario y dechado de vicios morales. Hasta ahí podíamos llegar.

3 COMENTARIOS

  1. Ni un duro a los «hosteleros» vascos,ni publico ni privado.
    Con lo que tienen debajo de los colchones tienen para muchos meses y años,también para seguir explotando a sus empleados.
    Que marchen con el gordo de VOX y VAN MORRISON.

  2. «La prepotencia de las élites no pasa de ser un espectáculo folklorico» (??!)
    De aquellos barros estos lodos.

    El Estado (las instituciones) es el aparato que el roba-bocadillos de la clase monta, para robarnos el bocadillo a tod@s a la vez.

    Se han venido arriba y no van a parar porque nos hemos dormido en los laureles, pensando q era un espectaculo folklorico, y no lo era.

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