ECONOMÍA OPINIÓN

«5G: Coches que conducen solos y exceso de potencia en tu móvil» – La opinión de Patxi Lázaro

5G: COCHES QUE CONDUCEN SOLOS Y EXCESO DE POTENCIA EN TU MÓVIL

Nos venden el 5G como si fuera una de las claves tecnológicas de la modernidad y acaso tengan razón, pero no del modo en que creemos. La disponibilidad de un ancho de banda descomunal, muy superior al ya disponible -y que en la mayor parte de los casos basta para cubrir de sobra las necesidades de cualquier persona normal que habla por teléfono, wassapea, se entretiene con juegos y lee las noticias durante sus viajes en el metro- hace posible la existencia de auténticas maravillas: fábricas inteligentes, vehículos que conducen solos, escenarios hiperrealistas para los juegos de rol y la realidad aumentada, etc. Para un friqui de la tecnología, un universitario con ganas de fardar o un pionero acostumbrado a vivir peligrosamente, todo eso puede estar muy bien. Pero, ¿qué utilidad le sacaría al 5G un individuo corriente, abrumado por las demandas del día a día y provisto de un sentido comun basado en un sano escepeticismo, como se supone que somos el 95 por ciento de la población mundial? ¿Merece la pena gastar mil euros en un Huawei o un iPhone de última generación, o invertir nuestros ahorros duramente amontonaditos en una de esas compañías como Cellnex, que gastan miles de millones en la compra de antenas por todo el mundo?

Es importante entender que el 5G es una tecnología destinada a la creación de bienes de INVERSIÓN, no de CONSUMO. La ubicuidad y los anchos de banda de esta nueva tecnología de telecomunicaciones permiten transmitir imágenes y video de altísima resolución, crear redes virtuales para fábricas y sistemas de gestión del tráfico, interconectar sensores de todo tipo y otras finalidades productivas por el estilo. Rendirán un servicio inapreciable a radiólogos y técnicos de mantenimiento de aviones. Pero es posible que no lleguen a existir mercados de consumo capaces de absorber el exceso de capacidad. Todo aquel que no tenga unos requerimientos de trabajo muy específicos, no sabrá muy bien que hacer con su flamante terminal 5G que no sea ya posible con su teléfono actual de oferta por puntos en Vodafone.

Es por esto que en los próximos meses, tras haber presenciado la formación de la típica burbuja inversora e informativa en torno al 5G, seamos testigos de un brusco enfriamiento del tema. No es la primera vez que sucede. Recordemos los casos de esas históricas teconologías fracasadas en los albores del nuevo milenio. ¿Alguien se acuerda del protocolo WAP (un standard para acceder a la web desde los antiguos teléfonos móviles con teclado mecánico y pantalla tamaño reloj de pulsera)? ¿O de Google Wave, que en sus primeras presentaciones públicas, hace 10 años, prometía ser la releche?.

Resumiendo, que el 5G hay que tomárselo con calma. De lo contrario el impacto en nuestro bolsillo y nuestras carteras de acciones puede ser considerable.

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