OPINIÓN

«El mito de la vacuna contra la polio y el incidente Cutter» – J.M. Olarieta

En 1953 Nelson Rockefeller, el artífice de la medicina moderna, fue nombrado viceministro de sanidad de Estados Unidos. Fue quien financió los primeros ensayos de la vacuna contra la polio. Según la doctrina, los laboratorios logran “atenuar” o “inactivar” los virus para luego inoculárselos a los niños.

Inicialmente los procedimientos para ello fueron descubiertos por Jonas Salk, un científico elevado a los altares, junto a los demás próceres de la humanidad. Sin embargo, la vacunción fue un fracaso con gravísimos riesgos para la salud infantil porque los laboratorios no lograron “atenuar” ni “inactivar” el virus.

La historia de la medicina conoce a esta chapuza como “incidente Cutter” por el nombre de uno de los laboratorios que fabricó la vacuna. Como es lógico, fue cuidadosamente silenciado porque periódicamente la polio y las vacunas que “erradicaron” dicha enfermedad se han presentado al mundo como uno de los grandes progresos de la ciencia moderna.

La inoculación de la vacuna de Salk fue suspendida casi inmediatamente y sustituida por otra, la de Albert Sabin, también elevado a las cumbres de la ciencia, que en su caso concurría con una circunstacia adicional: no patentó su vacuna, regalando sus derechos al mundo entero para “erradicar” la polio de la humanidad.

Lo que no se suele recordar es que Sabin no era más que un empleado a sueldo de Rockefeller y que no se trataba de obtener beneficios inmediatos sino abrir un nuevo mercado para el capital. Empezaba un nueva época. Tras la polio y las vacunas contra la polio llegaron todas las demás, que se empezaron a inocular masivamente a los niños.

Ambos tipos de vacunas se preparaban de forma similar, con cultivos de poliovirus en células procedentes de monos Rhesus, lo cual planteó un problema evidente que la doctrina dominante no quiere entender: los virus están por todas partes y, en consecuencia, las células de monos no eran un medio aséptico. Tienen sus propios virus.

Como consecuencia de una doctrina errónea, además de poliovirus, las vacunas portaban los virus propios de los macacos, entre ellos uno llamado SV40, que transmitieron a los niños vacunados en los años cincuenta del siglo pasado. Les inocularon dos virus, al menos, para prevenir la acción posible de uno de ellos.

Como consecuencia, desde los años cincuenta el virus de los simios se está transmitiendo entre los seres humanos al menos por vía fetal, de las madres vacunadas a sus hijos, que no lo han sido. En Estados Unidos lo portan un 10 por ciento de los adultos sanos y un 5 por ciento de niños menores de 12 años, unos porcentajes que se duplican en los casos de inmunosupresión (1).

Es lógico pensar que esos mismos porcentajes, o parecidos, se podrían encontrar en otros países del mundo. Las estimaciones calculan que una cuarta parte de la humanidad es portadora de un virus que corresponde a otra especie zoológica. Aunque no se hayan vacunado contra la polio, millones de personas han recibido el SV40 de sus progenitores.

La contaminación con SV40 también apareció en las vacunas suministradas a los reclutas entre 1959 y 1961. Lo más inquietante es que desde el principio se lanzaron advertencias de la posible contaminación con virus procedentes de los monos (2). En 1955 y 1956 se descubrieron numerosos de ellos en los riñones de los macacos y sólo en 1958 Robert N. Hull descubrió 20 tipos distintos, reiterando la advertencia (3).

En 1960 la multinacional Merck dejó de fabricarla y varias instituciones públicas anunciaron que las vacunas se habían retirado. No era verdad. A los niños les siguieron inoculando las reservas existentes y en algunos países se comercializaron al menos hasta los años ochenta.

Los médicos discuten hoy las consecuencias que las vacunas contra la polio hayan podido tener en la salud de millones de seres humanos en todo el mundo. Al respecto hay numerosa bibliografía.

En 1962 se descubrió que el virus SV40 causaba cáncer en ratas (4), una conclusión que se va imponiendo progresivamente, sobre todo desde la invención de la PCR. Hoy este virus se utiliza en los ensayos de laboratorio para crear células “inmortales”, es decir, de tipo cancerígeno (5).

En 2001 se celebró en Chicago una conferencia médica para abordar las consecuencias sobre la salud humana del virus de los monos, vinculando el mesotelioma pleural al SV40, así como los osteosarcomas, tumores cerebrales y linfomas no hodgkins. En Estados Unidos las víctimas han creado una fundación para investigar las consecuencias de las vacunas contra la polio.

Como todos los mitos modernos, la polio es una enfermedad que aparece envuelta en la bruma de los medios de comunicación y divulgadores seudocientíficos. A la primera enfermedad mediática, con el Presidente Roosvelt como máximo exponente, se le sumó la primera vacuna mediática.

La OMS dijo en 2015 que las vacunas habían “erradicado” la polio, aunque cinco años después se desmintió a sí misma, como tiene por costumbre. Había detectado un nuevo brote en Sudán.

Como suele ocurrir, para demostrar la eficacia de las vacunas con datos cuantitativos, a la polio le cambiaron el nombre. Ahora ostenta nombres como síndrome de Guillain-Barré y otros. De esa manera las vacunas son siempre infalibles: una persona vacunada contra la polio no podía ser diagnosticado de polio, sino de meningitis, por ejemplo.

El 6 de marzo de 2004, la revista nigeriana Weekly Trust publicó una entrevista con el doctor Haruna Kaita en la que denunciaba otra constante de las campañas de vacunación en el Tercer Mundo: las vacunas orales contra la polio que se estaban suministrando a los niños de aquel país africano contenían contaminantes tóxicos con efectos anticonceptivos.

(1) S.Jafar, M.Rodríguez-Barradas, D.Y.Graham, J.S.Butel: Serological evidence of SV40 infections in HIV-infected and HIV-negative adults, en Journal of Medical Virology, vol.54, 1998, pgs.276 y stes.; J.S.Butel y otros: Evidence of SV40 infections in hospitalized children, en Human Pathology, vol.30, 1999, pgs.1496 y stes.
(2) Herald R. Cox: Viral vaccines and human welfare, en The Lancet, 1953, pgs.1 y stes.
(3) New viral agents recovered from tissue cultures of monkey kidney cells, en American Journal of Hygiene, vol. 68, 1958, pgs. 31 y stes.
(4) A.J.Girardi y otros: Development of tumors in hamsters inoculated in the neonatal period with vacuolating virus SV40, en Proceedings of the Society for Experimental Biology and Medicine, vol.109, 1962, pgs.649 y stes.
(5) Michael E. Horwin: A cancer causing monkey virus from FDA-approved vaccines, en Albany Law Journal of Science & Technology, vol. 13, 2003 http://www.sv40foundation.org/CPV-link.html

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