OPINIÓN

«Pasaporte COVID y vacuna obligatoria. La nueva estrella de David: QR-Digital» – Carmelo Santolaya

  • La opinión de Carmelo Santolaya
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PASAPORTE COVID Y VACUNA OBLIGATORIA. LA NUEVA ESTRELLA DE DAVID: QR-DIGITAL

Me gustaría dar mi opinión sobre la obligatoriedad de las vacunas y el pasaporte COVID, propuestas tiránicas y discriminatorias que muchos políticos, tertulianos y articulistas con una casi sorprendente unanimidad y simultaneidad ya defienden abiertamente. Al parecer se trata de “promocionar la vacunación” restringiendo y violando los derechos y libertades fundamentales y constitucionales de los que libremente han elegido no vacunarse. Lo de “libremente” es un decir porque estamos ante una obligatoriedad coactiva indirecta. Más perversa si cabe, por su objetivo de soslayar la grave cuestión de la violación de los derechos humanos y ciudadanos más fundamentales y consagrados por el derecho occidental, incluidos el español y el foral.

Supongo que nuestros políticos conocen el hecho histórico de que la dictadura sanitaria fue uno de los pilares del régimen nazi. Por supuesto, justificada por los elevados ideales del bienestar de la raza alemana. La consabida cantinela del BIEN COMÚN que tanto oímos en boca de los que defienden estas tiránicas medidas. Claro que ni la ciencia ni el derecho acabaron dando la razón a Hitler. Y para evitar que se repitieran sus crímenes tenemos hoy el Código de Nuremberg, en el que se prohíbe expresamente cualquier procedimiento o intervención médica experimental sin el consentimiento informado y libre de su destinatario.

¿Son realmente conscientes Vds. de lo que la imposición de estas vacunas o inoculaciones supondría para nuestros derechos y libertades? Una medida de ese tipo haría añicos las bases políticas y sociales de nuestro modelo de Estado y sistema de derechos humanos, civiles y políticos. Supondría la pérdida del derecho del individuo a decidir sobre su propio cuerpo (mi cuerpo, mi decisión); o sea, el aterrador precedente de que el Estado nos arrebate nuestra autonomía personal, fundamento ético de nuestra civilización occidental.

Toda esta serie de vacunas han sido autorizadas por la vía extraordinaria de emergencia y están en fase experimental. Las cobayas son nuestros mayores, nuestros hijos y nosotros mismos. Respecto a la eficacia, y hablo de la versión oficial, tampoco está nada claro que vacunarse evite ni el contagio propio ni contagiar a otros. Ni siquiera enfermar gravemente. Hay serias dudas de su eficacia con toda la población vacunada. ¿En qué cabeza cabe hablar de una “pandemia de no vacunados” en Gibraltar o en Israel, ambos con un cien por cien de su población vacunada? ¿Cómo pueden pedir Vds. la vacunación obligatoria ante semejantes fracasos, Sres. políticos? ¿Por qué no hablan de esto en vez de atacar al chivo expiatorio del no vacunado, incluida la población infantil? ¿No les da vergüenza seguir poniendo en la diana de todo tipo de violaciones de derechos (al trabajo, a la libre circulación, al ocio, a la cultura, a la educación, etc.) a quienes no renuncian a sus derechos humanos? ¿Defienden Vds. que se marque a hombres, mujeres y niños-as con esa “estrella amarilla QR-digital” –exactamente como hizo con los judíos el régimen nazi–? ¿Van seguir Vds. defendiendo el brutal “APARTHEID” del no vacunado que se pretende imponer?

Por no hablar de otras formas y métodos de atajar la pandemia que han sido silenciados y sacados del tablero de forma brutal y poco democrática, sin debate –tal y como explicaba el Obispo de Bayona este verano en una interesante carta publicada en su web diocesana–. Con más espacio, podríamos repasar todas las premisas para plantearnos en serio la defensa de la obligatoriedad de estas vacunaciones/inoculaciones.

Hay una la línea infranqueable que sigue siendo el principio ético de los derechos humanos individuales. Sólo la tiranía apela a un bienestar general, constructo que ella misma define sin debate ni apelación posible, para justificar el sacrificio de muchas otras vidas. Se echa de menos la voz de muchos tertulianos defensores de las minorías. Sorprende el clamoroso silencio, de los defensores del diferente. Alarma el descarado mirar para otro lado de tantos tertulianos adalides de los derechos humanos, en lo que respecta al derecho de los no-vacunados a decidir qué medidas de salud escogen, sin ser sometidos a graves coacciones y desposeídos de casi todos sus derechos y libertades: al trabajo, el ocio, los viajes, la libertad de movimiento, etc…Y en algunos casos ya no se limita a mirar para otro lado, sino que se llega a una agresividad contra el NO VACUNADO que respecto a cualquier otro tema sensible de moda desencadenaría un aluvión de peticiones a la fiscalía para actuar urgentemente por un DELITO DE ODIO. Sin embargo, en esta caza de brujas, casi todos callados, cuando no aplaudiendo con las orejas.

La tiranía se caracteriza por la censura. No existe la deliberación colectiva. Pues vamos de cabeza a una brutal tiranía porque se está silenciando a científicos y médicos disidentes, y no pasa nada. Se censura, ridiculiza e insulta a quienes no comulgan con la rueda de molino estatal, y tampoco pasa nada. Ya es hora de que abramos el debate sobre la libertad de expresión y de deliberación –fundamental premisa para un sistema que se autodenomina democrático–.

Me despido con una frase de nuestros ancestros; seguro que les suena. Está en el monumento a Los Fueros de Navarra: “Se erigió este monumento para simbolizar la unión de los navarros en la defensa de sus libertades, LIBERTADES aún más dignas de amar que la propia vida”. Invito a los políticos navarros que apoyaron por activa o por pasiva DOS CONFINAMIENTOS ILEGALES a releerla. No queremos dictadura sanitaria ni nuevas estrellas de David QR-digitales. ¡LIBERTAD! ASKATASUNA!

Reflexionemos y actuemos en consecuencia para evitar que vuelvan tiempos oscuros de tiranía, discriminación, ostracismo social y división entre las propias familias. Tiempos de DICTADURA en que no ir a misa en un pueblo era un problema grave. ¿Has ido a misa? ¿Te has vacunado? Ahí lo dejo…

Saludos.

Carmelo Santolaya.-

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