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La vida de los MENAs en Barcelona: robar de noche y dormir de día en una iglesia

Según informa Guillem R.S. para el medio digital alternativo que mejor informa sobre la actualidad catalana «sin filtros», es decir, ElCaso.com, hace dos años que la iglesia de Santa Anna, en el centro de la ciudad de Barcelona, se ha convertido en un hospital de calle bajo la batuta del mosén Peio Sánchez, una religiosa, dos educadores sociales y una tropa de voluntarios. Dan de comer casi durante todo el día y durante unas horas permiten a los sintecho de la ciudad dormir en los bancos de la iglesia.

Hace meses que han notado un cambio importante en las personas que se refugian en la iglesia de Santa Anna: cada día más jóvenes extranjeros, la mayoría de nacionalidad marroquí, que se han instalado en Ciutat Vella y que su modus vivendi es el hurto y el robo, cada vez más violento.

El mosén ha explicado a ElCaso.com que representan un porcentaje muy alto del total de 250 personas que cada día pasan por este hospital de calle -un símil de los que hay en otras grandes ciudades del mundo, y que se paga con fondos privados y fondos religiosos- y que cada día llegan más. «No siempre son los mismos, hay mucha movilidad, van y vienen, algunos se marchan hacia el norte, hacia Francia, y otros vuelven», asegura.

Pero el rector alerta de un hecho importante: el problema sólo acaba de empezar. En pocos meses, y según los datos que asegura le ha facilitado la Generalitat, más de 1.000 jóvenes, la mayoría hombres, harán 18 años y quedarán fuera del circuito de tutela del Govern. «Sin papeles y sin permiso de trabajo», apunta.

Empujados a la calle -cuando todavía no han cumplido 18 años y no quieren ir a centros de menores o cuando son expulsados, cuando ya los han cumplido- los niños ven en el robo una de las salidas «más fáciles».

«Saben que no les pasa nada, pueden robar las veces que quieran, no pasa nada», asegura el mosén. Saben perfectamente a qué se dedican, pero no pueden hacer más que lo que hace (o no hace) la policía.

Foto: GRS.

Han cambiado los horarios del hospital de calle para evitar que aprovechen la iglesia como escondite después de cometer robos y algunas veces les han frenado y no les han dejado entrar cuando han visto claramente que acababan de cometer un hurto o un robo violento en el centro de la ciudad.

Algunos de los protagonistas de los violentos vídeos que los últimos días ha publicado ElCaso.com han pasado en algún momento a dormir, comer o cargar el móvil en esta iglesia del centro de la ciudad, ha asegurado una fuente anónima a este medio. «Durante la noche ‘trabajan’ y de día duermen».

Las personas que más en contacto están con estos niños y jóvenes extranjeros que se refugian en la iglesia de Santa Anna también aseguran que los niños roban por órdenes de mafias del crimen organizado que se aprovechan de la vulnerabilidad de los jóvenes. «Les ofrecen dinero, drogas y ropa», asegura el mosén, a cambio de los robos de móviles.

Saben que los jóvenes que están en España muchas veces sus padres no saben cómo están viviendo aquí y poco se imaginan que malviven por la calle robando. «Están en Europa, su familia les pide dinero», asegura el rector. Y también necesitan hacer ver que la cosa va bien. Algunos cuelgan imágenes en las redes sociales o las envían a sus familiares con ropa buena y con dinero.

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