OPINIÓN POLÍTICA

La creación de un puesto en Osakidetza para Nekane Murga es síntoma de la debilidad de la economía vasca

Pese al esfuerzo del Gobierno Vasco por conseguir que la noticia pase desapercibida -únicamente sale en prensa de papel y en enlaces a ediciones de pago de El Correo y algún otro medio-, ya es del dominio público: Osakidetza acaba de habilitar para la exconsejera Nekane Murga, que el pasado mes de septiembre cesó en sus responsabilidades al frente de Sanidad, un flamante puesto denominado «Dirección de Medicina de Precisión», o algo parecido. Siempre habíamos pensado que lo de las puertas giratorias era un fenómeno típicamente hispano, que no tenía nada que ver con el talante ni la seriedad en materia de gestión típicamente vascas. Habrá quien diga que no es lo mismo: que en España se enchufa a los políticos en empresas privadas de amiguetes y que en Euskadi, con mucho mejor criterio, se busca rentabilizar activos humanos de categoría superior en beneficio del sector público. Quienes así argumentan son los mismos que habrían dicho, en caso de que la situación fuese al revés, que España se sirve de su administración para recompensar lealtades políticas mientras que Euskadi prefiere establecer mecanismos sinérgicos de realimentación positiva para un trasvase eficaz de experiencia de entre el sector público y la empresa.

Pueden reirse todo lo que quieran. Lo que les cuento no es ningún txiste. Realmente se escriben esas cosas en los informes de expertos que llegan al escritorio del Lehendakari. Ultimamente, todo lo que se mueve en la órbita del Nacionalismo Vasco parece pensado por individuos e individuas que tienen la edad mental de un chaval de 14 años.

La cruel realidad es otra cosa. No existen tantas diferencias entre el Gobierno Central y nuestro ejecutivo autonómico. Además, eso de las puertas giratorias es un fenómeno universal. Cuesta creer que en territorio peninsular, y conociendo a nuestra clase política, alguien se niegue a recurrir a él simplemente por motivos de ética. Si Ajuria Enea no es capaz de encontrar para una de sus antiguas consejeras un puesto cómodo y bien pagado en la empresa privada, la razón de ello puede ser tan simple como que en el ámbito de influencia del Gobierno Vasco ya no quedan empresas privadas donde colocarla con dignidad.

El Gobierno de la Nación tiene a sus limacos del Ibex para deshacerse de un Felipe González, de un Zaplana o incluso de un Gabriel Rufián, una vez completados sus respectivos ciclos de utilidad al servicio del Estado de Partidos. En Euskadi, sin embargo, el tejido industrial lleva décadas experimentando un proceso de declive que ha terminado por desgastar nuestra economía de manera irreparable. Unas empresas cierran. Otras se marchan. Las que quedan son adquiridas por inversores foráneos que no están muy por la labor de servir como cementerio de elefantes a una clase política regional vasca cada vez más alienada, prepotente y neciamente intervencionista. De modo que la única alternativa que queda es expandir la administración con algún departamento nuevo en el que colocar a la gente que sobra. Y este parece ser precisamente el caso de la ex-Consejera Murga.

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