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Alemania intentó desprenderse de mascarillas de mala calidad dándoselas a mendigos y discapacitados


Al comienzo de la pandemia Alemania compró de varios lotes de mascarillas chinas por valor de 1.000 millones de euros. Fue un gasto inútil porque las mascarillas no cumplían las normas europeas de calidad y más de un año después la mayoría siguen almacenadas a la espera de darles uso o de destruirlas, según adelanta mpr21 citando como fuente al diario alemán Spiegel.

El ministro de Sanidad alemán, Jens Spahn, quiso deshacerse de ellas entregándolas a los mendigos, personas con discapacidad y perceptores de ayudas sociales. El Ministerio de Trabajo tuvo que pararle los pies al de Sanidad, dispuesto a repartir entre colectivos desfavorecidos unas mascarillas que no servían para nada. Las normas europeas de calidad exigen hacer análisis de calidad antes de distribuirlas.

Pero todo se hizo al estilo chapucero que ha caracterizado a la pandemia desde el primero momento. Las pruebas no llegaron a hacerse y, pese a ello, el ministerio de Sanidad diseñó un plan para repartir las mascarillas durante la segunda ola de la pandemia. En un correo electrónico el número dos del Ministerio de Trabajo alemán, Björn Böhning, contesta a su homólogo en Sanidad: “La seguridad y la salud deben ser lo primero, especialmente con respecto a los grupos de personas vulnerables”, y urge a que se les hagan los “esenciales” análisis de calidad.

El ministerio pone la misma disculpa para las mascarillas que para las vacunas: fueron autorizadas para su distribución en Alemania mediante un “procedimiento de emergencia”. Según Sanidad, el procedimiento de emergencia, en el que el control es puramente documental, era suficiente dada la situación de necesidad. Para Trabajo, había que hacer nuevos exámenes físicos, de simulación de uso.

Tras fallar los intentos para colocar las mascarillas chinas entre los desfavorecidos, El Ministerior de Sanidad decidió destruirlas, con lo que se daban por perdidos 1.000 millones de euros. El Ministerio también lo desmiente: asegura que las destinará a la reserva estratégica de material que prepara para enfrentarse a las futuras pandemias que tienen en marcha.

“Es escandaloso e inhumano”, dijo al día siguiente Lars Klingbeil, secretario general de la socialdemocracia, seguido el cabecilla del partido, Norbert Walter-Borjans, y la copresidenta Saskia Esken.

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