OPINIÓN POLÍTICA

Respuesta al artículo de Yésica Sánchez en Libertad Digital sobre lo que llama «el lobby antivacunas»

Un saludo doña Yésica, perdón por la tardanza en la respuesta y muchas gracias por su artículo porque desde mi punto de vista no hay nada más estimulante en la vida que aprender cosas nuevas cada día y debo reconocer que con la lectura de su escrito he aprendido algunas muy interesantes, aunque también otras que me desconciertan. 

Comienza su texto con «Los movimientos antivacunas» y desde ya tropezamos con un pequeño problema de concepto. Hace no muchos años, cuando alguien pensaba en una vacuna la identificaba con una inyección que contenía unos «microórganismos muertos o atenuados» que estimulaban en el organismo la creación de anticuerpos con el fin de generar inmunidad contra un patógeno concreto. En la actualidad se ha sustituido el término «microorganismos muertos o atenuados» por el de «antígeno» que puede ser cualquier sustancia o molécula extraña al organismo. 

Pero incluso con esta nueva definición se puede lícitamente llegar a dudar de que el fármaco preparado para la Covid-19 entre en dicha categoría puesto que su formulación no contiene antígenos ni microorganismos muertos o atenuados que puedan inducir inmunidad específica y activa, ya que es RNAm sintético. Es por ello, que para alguna gente, este inyectable se acercaría más a la descripción de terapia génica que a otra cosa. Según Ruiz Castellanos una terapia génica se desarrolla para tratar enfermedades humanas transfiriendo a las células de la persona material genético con el fin de restablecer una función celular determinada, introducir una nueva función o intervenir en una función existente.

Me aceptará, doña Yésica, que es perfectamente razonable aplicar esa capacidad natural que tiene el ser humano de dudar, criticar u opinar sobre un concepto o idea de algo sin que eso suponga menosprecio o menoscabo del que piensa diferente. 

Por otro lado, también existen legítimos motivos éticos para dudar de las vacunas de adn puesto que para sintetizarlas se necesitan células de riñón extraídas de fetos vivos, de la mayor edad posible y sin anestesia, atrocidad que supera en horror a las ocurrencias del mismo Mengele y como comprenderá, no todo el mundo tiene un estómago ético tan suave como el suyo. 

Pero como diría Bugs Bunny ¡no se vayan todavía, que aún hay más! Ese tipo de preparado supuestamente conseguido en tiempo récord, porque ya se partía del conocimiento previo de los estudios del SARS-CoV-1, según nos comunican por activa y pasiva los defensores del fármaco, resulta que nunca se había aplicado en humanos (eso no nos lo contaron) y las pruebas que se hicieron en animales para obtener el antídoto provocaron graves efectos adversos, cuando no la muerte en los mismos (esto tampoco). Por ello el uso del término «vacuna» en este asunto no es baladí, ya que entre ofrecerle a la población una inyección que contiene una «vacuna», concepto plenamente insertado en la conciencia colectiva o una terapia génica experimental no hay color. 

A continuación nos ilustra con el hecho de que los negacionistas, esos seres de oscuridad, «difunden mensajes falsos con fines de índole política, religiosa o lucrativa» y aquí lo importante no es lo que dice, sino lo que calla, porque se le olvida mencionar los motivos científicos. Pero para ser justos, lo más probable es que usted ni siquiera considerase esa posibilidad ¿un científico criticándo? ¡Imposible, la verdad es única e incuestionable y el verdadero científico la acepta por principio! En el hipotético caso de que fuese una omisión consciente, debo decirle, que intentar desacreditar cualquier tipo de estudio o análisis crítico relacionándolo con unas posiciones acríticas e irracionales, ciertamente existentes, pero situadas en universos totalmente irrereconciliables no es más que la típica treta de la falacia por asociación. Sería semejante a despreciar los argumentos oficiales porque coinciden en sus conclusiones con las opiniones de Belén Esteban, Ana Rosa Quintana o José Sacristán.  

Pero lo más curioso de todo es que basa toda su argumentación en afirmar que oponerse a la inoculación es «Algo realmente peligroso teniendo en cuenta que las vacunas son nuestra principal herramienta para frenar y controlar la propagación del Sars-Cov-2.» Me gustaría indicarle, doña Yésica, que nunca se ha visto realizar una campaña de vacunación al tiempo de la enfermedad por los problemas que eso podría generar ¿o algún médico recomendaría vacunar a alguien que tuviera la enfermedad que desea combatir? o ¿Lleva usted a su hijo con sarampión a que lo vacunen para que se cure? Por otro lado, ¿No sabe que no se deben realizar campañas de vacunación si existe tratamiento? Terapias como la de la ivermectina, hidroxicloroquina, dióxido de cloro o la ozono terapia han sido ya plenamente confirmadas como seguras y efectivas contra la enfermedad. Lo que deberíamos entonces preguntarnos es, que motivo podría haber para que alguien se negase a autorizarlas, pero imagino que ese tipo de razonamientos son algo que no cabe en su cosmovisión del asunto. 

Y una vez finalizada esta ilustrativa introducción pasa sin más preámbulos al meollo de la cuestión; proceder a desenmascarar a los verdaderos culpables de este sinsentido; los médicos y biólogos por la verdad, pero hay que hacerlo de manera contundente, para que no quede ningún atisbo de duda sobre la falsedad de sus postulados de modo que una vez apagado este fuego, de sus cenizas no pueda resurgir ningún otro grupúsculo disidente por ínfimo que sea. Porque estos médicos y biólogos por la verdad no sólo son el origen y germen de la expansión de las peligrosas ideas negacionistas sino además, a diferencia de los lunáticos, tienen apariencia de respetabilidad y eso es muy peligroso en el mundo de la propaganda. 

Fuente: Twitter.

Es así, que estos pseudocientícos, a diferencia de los extravagantes artistas, confieren a sus teorías, expuestas como aparentes trabajos científicos, un refinamiento y una sensación de racionalidad y verosimilitud tal, que el ciudadano medio no es capaz de distinguir la ciencia de la ficción, arrastrando de ese modo a muchos inocentes hacia el mundo de lo paranormal y creando una duda razonable que suscita en el ingenuo un peligroso alejamiento de la única y verdadera ilustración: el pinchazo sanador. Y como eso no se puede consentir, usted, como buena periodista, pero mejor ciudadana se ha embarcado en la honorable tarea de desenmascarar a ese reducido (pero dañino) grupo de farsantes, los cuales como nos evidenció nuestro Ilustrísimo señor ministro, don Pedro Duque, no son más que unos «oportunistas, cantamañanas o sacacuartos». 

Y con miras hacia la victoria final plantea o refiere unos hechos, para el lego aparentemente contundentes, pero que para los que han vivido el nacimiento y evolución de estos grupos, se revelan repletos de inexactitudes y medias verdades. Pero no importa, porque el verdadero objetivo consiste en destruir a los ideantes y tras ellos, como un azucarillo, se disolverán sus ideas. Así, mientras presenta sus argumentos va introduciendo a algunos de los principales actores de esta trágica obra, con la curiosa circunstancia que a ninguno lo identifica enumerando sus títulos académicos o cargos profesionales (excepto si eso nos sirve para desprestigiar aún más al negacionista. Presidente del colegio de Biólogos, pero enfrentado con sus colegas; doctora, pero perseguida por el colegio de médicos…) sino que los engloba en una misma categoría, la del esotérico mundo de los ‘pseudocientíficos’ para que quede claro que la afirmaciones de estos pseudoprofesionales de la medicina y la biología no son más que teorías, tan cercanas a la realidad, como el terraplanismo o la sanación espontánea y su valor no supera las de las surrealistas e inverosímiles aportadas por esos famosos que enumera al inicio de su artículo. Y sinceramente debo reconocer que no sé cual puede haber sido el resultado de su exposición; si ha atraído a más terraplanistas al mundo de la «verdad» o alejado al oscurantismo a gente de buen vivir porque se escapa a mis capacidades, pero sí puedo afirmar que su realista imaginación desborda, supera y transmuta el concepto de información en fantasía psedoverdadera. 

En todo caso, como todo buen conspiranoico sabe, siempre es bueno poner una vela a Dios y otra al diablo. Es por ello que me gustaría ayudadarle a desenmascarar algunas de las principales cabezas visibles de dicho movimiento, con el fin de que ninguno quede sin su justo escarmiento, porque echo en falta en su escrito algunos nombres destacados, no sé si por falta de espacio o desconocimiento. 

Así, en primer lugar me gustaría denunciar al pseudo premio Nobel de química Kary Mullis que osó afirmar que los test pcr inventados por él no sirven como método de diagnóstico. Por cierto doña Yésica ¿se ha dado cuenta que las cajas que contienen los kits de dichos test llevan impreso un aviso de los fabricantes donde indican que ese producto no sirve para hacer pruebas de diagnóstico? Imagino que debe ser un pseudoaviso porque de otro modo no se explicaría tamaña desafección. 

Al también pseudopremio Nobel de química Michael Levitt que parece, ha sido censurado en Facebook por sus pseudoideas pseudocientíficas. 
Delatar al pseudo premio Nobel de medicina Luc Montagnier por condenar la vacunación obligatoria contra la Covid-19 

Al pseudoespecialista en vacunas Geert vanden Bossche por declarar que se debe detener la vacunación contra el Covid-19 porque vacunar en medio de una pandemia puede generar variantes altamente infecciosas. 

Al pseudoprofesor Dr Ioannidis por manifestar la escandalosa idea de que la mortalidad del Covid-19 se estima entre el 0,15 y el 0,20%.

Al pseudoinvestigador Peter Borger por encabezar el pseudoestudio que puso en evidencia el pseudofraude de los test pcr

Y así continuar con gente como la Dra. Dolores Cahill, Reiner Fuellmich, Sucharit Bhakdi, Karina Acevedo, Stefano Hockertz, Jessica Rose, Simone Gold, Stefan Lanka, Michael Yeadon, Sunetra Gupta, Roger Hodkinson, Vladimir Zev Zelenko, Alexandra Henrion Caude, Peter McCullough, Wolfgang Wodarg, Margaret Grays-Bryson, Martínez Wanner, Carl Heneghan, Stephanie Seneff, J. Patrick Whelan, Roxana Bruno, Byram Bridle… Y en algún punto debo detenerme porque la lista de proscritos, es para desgracia de la «verdad», verdaderamente interminable y peor aún, va en aumento. 

Pero no importa, porque una vez identificados los conspiradores y destruidas sus reputaciones ya sólo queda enumerar sus rocambolescas teorías de la conspiración de modo que al lector no le quede más remedio que asentir con la cabeza, porque gente de esa catadura intelectual sólo es capaz de elucubrar disparates. Pero en un momento de euforia, viendo al enemigo derrotado y deseando aportar la credibilidad definitiva a sus argumentos se atreve a argüir razones lógicas con las que desmontar alguna de esas exóticas teorías, pero dejemos que sea la propia Yésica quien nos lo explique «Relacionan, por ejemplo, la administración de vacunas contra la gripe con un aumento de las muertes por covid-19. Un tramposo argumento basado en lo que los analistas llaman falacia post hoc o de falsa causa. Es decir, asume que si un acontecimiento sucede a otro, el segundo es consecuencia del primero, ignorando la posibilidad de un origen diferente». Pero entonces, cuando la oficialidad afirma que el número de enfermos ha disminuido gracias a la aplicación de las inyecciones ¿será que nos están trampeando con el mismo mecanismo de la falacia de falsa causa al considerar el efecto de la disminución de la enfermedad consecuencia de la inyección?

Respecto a la ironía que manifiesta al mencionar las técnicas del ridículo utilizadas por los conspiranoicos, decirle que no desmerecen en nada a su capacidad para menospreciar toda visión que no se acerque a su concepción intelectual. Reflexiones que realiza por cierto, sin aportar mucho más que opiniones construidas sobre la arena de esa supuesta superioridad moral concedida gratuitamente a todo seguidor acrítico con la oficialidad pero que lamentablemente sólo seduce a los ya convencidos. 

Y es esa pretendida superioridad moral la que le autoriza introducir la siguiente idea, que es clave, y de la que ya nos previno el excelentísimo señor ministro de Ciencia e Innovación desde un principio; ¡»sacacuartos», son unos oportunistas sacacuartos! Porque todo el mundo tiene un precio y está gente no iba a ser diferente. Nos participa que la Dra. Natalia Prego acepta donaciones para poder defenderse del expediente presentado contra ella por el ilustre colegio de médicos. Un motivo más para no creer en estos iluminados ¿no veis que son perseguidos por todas las instancias científicas y académicas de este país? ¿No es eso prueba clara e inequívoca de que son gente expulsada del sistema por su mala praxis y sus peligrosas ideas? Y como siempre, doña Yésica, se queda en el limbo de su monocromática visión del asunto, la cual, no le concede penetrar la esencia de esta obra que nos ha tocado vivir. Precisamente la fuerza de esta gente es la de la libertad del que no le debe nada a nadie, y son libres porque el sistema los ha expulsado de su puesto de trabajo, y no por malos profesionales, sino por disentir de esa visión monolítica y dogmática oficial de una enfermedad desconocida de la que parece no se puede discrepar. Cuando alguien ve que a causa de sus pensamientos u opiniones está en peligro su seguridad material y/o física, que puede ser perseguido, perder amistades y aún así resuelve poner sus ideales por delante de su seguridad y la de su familia, puede estar segura que ese ejemplo de vida va a proporcionar una confianza tal que es capaz de crear vínculos indestructibles. Por eso la gente confía en ellos. Si usted se viese en la tesitura de tener que elegir entre su trabajo o su creencia frente a la pandemia ¿a quién elegiría? ¿realmente considera que en esas condiciones pedir donaciones para pagar los costes de una defensa jurídica es indigno? Creo que usted vive en un universo moral diferente al de ese grupúsculo de revolucionarios y por eso no los entiende. Pero no sólo Natalia Prego es perseguida, también Almudena Zaragoza, Ángel Ruíz Valdepeñas, María José Martínez Albarracín, Nadiya Popel, Carlos González, Alejandro Sousa y un largo etcétera y no sólo de médicos y biólogos sino de todo aquel profesional que ose discrepar ya sea bombero, policía, artista, profesor… o ciudadano. Usted no, doña Yésica, usted, por ahora, está a salvo. 

Seguidamente hace incapie especial en uno de los maquinantes, al que sí introduce con algún retazo de su currículum o trayectoria profesional, pero en este caso para poder desenmascarar la verdadera intención del sujeto: «¿Qué busca? Posiblemente repercusión mediática lo que, en consecuencia, le reportaría un aumento de sus ingresos.» Yésica dixit. Como si usted trabajase gratis, por amor al arte. ¿No recibe usted los estipendios acordados con su patrono por sus artículos? ¿Sería eso motivo para desacreditarle profesionalmente? Y lo peor de todo es que esto lo publica un medio supuestamente defensor de la libertad individual, la teoría del esfuerzo, la propiedad privada y el derecho del individuo a percibir sus honorarios en base a su productividad. Entonces, aquí con César deberíamos exclamar: «¿tu también, Bruto?» porque como dice el Salmo «no es un enemigo quien me afrenta, pues lo soportaría. No es uno de los que me aborrecen el que se insolenta contra mí; me ocultaría de él. Pero eres tú, un hombre como yo, mi familiar y mi conocido, con quien gustaba de secretas confidencias.»

Y de este modo, los que critican al disidente por perder sus ingresos a causa de sus ideas, son los que luego renuncian a sus principios por mantener o si es posible aumentar los suyos. El mundo al revés o dicho de otra manera, nada nuevo bajo el sol. En todo caso lo que comprobamos con todo esto es lo irracional y visceral de una situación que hace tiempo dejó de ser una cuestión sanitaria. 

Y mientras va de historia en historia nos cuela, probablemente la falacia más grande de su artículo probablemente sin darse cuenta, ya que al ser una oficialista convencida cree a pies juntillas que los medios de comunicación tradicionales, en los que se incluyen las principales redes sociales, son los únicos que existen para informarse y comunicarse, por lo que sin saberlo, no para de intentar hacer creer que el principal objetivo de esos desalmados es crecer en notoriedad para aumentar los seguidores en sus perfiles sociales e incrementar los ingresos de sus páginas monetizadas, sobre todo la de youtube. Así nos anuncia que: «y tiene un canal de Youtube: El aullido.» o «se incrementan las visitas a su canal de YouTube» y más adelante sobre otro codicioso «a través de su, cómo no, canal de Youtube, ReVelión ReVenge». Pero parece desconocer la brutal censura de esas redes, que eliminan a las pocas horas de ser insertados, cualquier video, mensaje o crítica que ose contradecir la versión oficial del momento, versión que varía, eso sí, según sople el concepto del experto o político de turno. Esto hace que el mundo disidente se mueva, informe y comparta por vías alternativas como telegram, odysee, rumble, LBRY, signal, bichute, theta… abandonando las trilladas rutas de obtención de información del grupo mayoritario. Toda buena subversión debe tener sus propias catacumbas donde sentirse seguro. 

Y con el siguiente invitado a la obra, Ricardo Delgado, borda su aplicación del manual de desprestigio que ha ido practicando durante todo el artículo, a saber:

primero, datos personales

A continuación se le implica de lleno en el mundo de la conspiración 
Seguidamente se aporta su currículum (como vimos anteriormente este punto es opcional, depende de si lo vamos a utilizar para menospreciar o minusvalorar al personaje), en este caso se hace intentando desdeñar la institución académica donde cursó sus estudios. 

Se continua enumerando algunas de sus opiniones de manera que parezcan lo más descabelladas posibles. ¿Se acuerda doña Yésica cuando se quejaba del uso de la técnica de apelación al ridículo de los conspiracionistas? 
Y acaba confirmando que youtube censura la información aunque usted intenta utilizar dicho episodio como una señal más de la poca credibilidad del individuo. ¿A qué a ustedes, queridos lectores, no les han echado nunca de una red social? Por supuesto, porque son personas honradas que no van difundiendo bulos ni confundiendo a la gente. Sólo al que hace algo malo le persigue la policía. 

De Luís de Miguel nada voy a decir porque usted misma se enmienda la plana en la nota final. Y con Josep Pamies más de lo mismo, que si gurú, que si pseudoterapias, que si denuncias y al final lo de siempre, simples palabras que se lleva el viento. 

Y para finalizar nos ofrece una larga perorata donde habla de todo un poco.

Y como no puede ser de otra manera mezclando las churras con las merinas, lo blanco con lo negro y lo verdadero con lo falso en un maremágnum de ideas donde iguala las vacunas tradicionales con un tratamiento génico experimental con el loable objetivo de sembrar esa sempiterna duda razonable, tan necesaria y conveniente. Eso se revuelve con alguna sentencia lapidaria e irrefutable de la OMS, de esas que cambian su sentido y significado cada cierto tiempo y lo aderezamos con alguna caricaturización de ciertas protestas o apelaciones negacionistas como la oposición de un movimiento cívico a la Ley de Salud de Galicia con observaciones a campos de concentración o ridiculizando el apelativo de dicha ley. Lo que se le olvidó mencionar es que no debieron ser tan vanales ni superficiales tales denuncias cuando el Tribunal Constitucional suspendió la parte de la ley que justamente se correspondía con las mismas.  

Pero no importa, porque ya tenemos cocinadas esas inapelables conclusiones que confirman que la nada, nada es y que de ella nada puede salir. Pero todo ello siempre en su estilo, sin demostración alguna, sin pruebas, sin más argumento que la creencia ciega en la autoridad, esa autoridad que nos ha llevado a dónde estamos; porque ha muerto mucha gente y hay que ser solidarios, porque criticar es ofender a los muertos, a los sanitarios, a todos aquellos que se han desvivido por nosotros mientras luchaban por salvarnos la vida pero lamentablemente debo decirle, doña Yésica, que apelar el sentimentalismo (aunque usted no lo haya hecho) siempre ha sido más un modo de someter a la gente que una herramienta de resolver problemas. 

En resumen, hemos asistido a la espectacular representación de una obra psicológica escrita con la única finalidad de destruir la reputación de una idea con la apariencia de esa respetabilidad que otorga el pertenecer al selecto grupo de los elegidos. Pero en este milenario juego del gato y el ratón entre los perseguidos y los perseguidores todo está escrito y por ello me gustaría acabar con una reflexión de Aleksandr Solzhenitsyn que muestra con gran precisión y verdad la situación en la que nos encontramos:

«Sabemos que están mintiendo, ellos saben que están mintiendo, saben que sabemos que están mintiendo, sabemos que saben que sabemos que están mintiendo, pero siguen mintiendo.»

Un saludo, doña Yésica de un ciudadano que le desea lo mejor.

8 COMENTARIOS

  1. Excelente respuesta a una inquisidora ques la negación explicita de lo que su periodico digital defiende o defendía. Supongo que le duele el fracaso que se proyecta de las no vacunas que ha defendido con fe de juramentada, visto lo que está sucediendo en Israel, pues si es es se va a tener que acostumbrar por el ejemplo se va a multiplicar.
    En cuanto al resto, resulta curioso que si piensa lo que piensa de los que llama antivacunas, deberia pensar eso de los que ponen en solfa el calentamiento climatico producido por el hombre, y acusan a sus científicos defensores de mentirosos fanaticos y sobornados por los lobbies de las energias alternartivas. Y mira tu por donde SU JEFE, FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS, es el que más se ha lucido en este sentido. Hasta acuño un termino despectivo: calentologos. Habrá que asumir que esta señora piensa lo mismo de él, o quiza haya ciencia oficial de la que se pueda disentir o no teniendo en cuenta motivos puramente oportunistas.
    Pero en el fondo todo se reduce a lo que Louis Pauwels escribió en el ‘retorno de los brujos’.
    La fuerza de los idolos proviene de no discutirlos.
    Ella no quiere que se discuta el suyo, tan débil y mezquino es que no soporta una mera crítica.

  2. Me daba mucha pereza leerme el artículo original y la respuesta, ya que ambos son bastante extensos, pero sospecho que la respuesta merece la pena, así que acabo de terminar de leer el artículo original, y esto es lo que tengo que decir:

    Vaya pedazo de P.U.T.A (Pazguata Urdidora de Tramas Aberrantes). Todo mentiras. Suena a tópico pero es que es así, salvando cuatro hechos referidos. Pura mentira, exageración y propaganda de infundios.

    Quiero señalar unas cosas yo antes de leerme la respuesta porque seguro que ya están dichas pero quiero decirlas sin influencia, a mi manera:

    1. Por la exageración y el descontextualizar, se nota que no se cree lo que dice, así que: ¿Qué narices les han prometido a esta gente?

    2. Coge con pinzas la frase del murciélago y dice que utilizan la ridiculización por falta de argumentos, y se queda tan ancha la muy P.U.T.A, cuando ellos llevan llamándonos «negacionistas» como si tal cosa desde el principio.

    3. Lo de la falacia post hoc, mu gonito, pero está el informe Barbastro que correlaciona el polisorbato-80 de la vacuna antigripal con los supuestos positivos covid. Te doy un buen ejemplo de falacia post hoc real, falsa: abres la puerta y te llueve una hostia. Podrías pensar que la sucesión hostiante se debe a que te han visto la cara, pero en realidad es una falacia post hoc puesto que son hechos inconexos y la hostia te ha caído por ser una P.U.T.A falsa. (Bueno, vale, y por haber abierto)

    4. La nota aclayoria del final se nota que es porque Luis de Miguel os dio un telefonazo o algo, je je je. Aún así eres tan P.U.T.A que en lugar de corregir el artículo, pones la nota al final cuando ya nos hemos comido y digerido tus mentiras de pazguata.

    Hay mucho más que decir pero me canso y seguro que está dicho en la repuesta.

  3. Opera magna. Genial. Se lee suave. Vaya manejo del sarcasmo y del lenguaje. No me he echado pocas risas. Y además con educación.

    E.P.D Y.S.

  4. Bestial. Perfecto. +10

    Personalmente lo que más gracia me hace es que si rechazamos un tratamiento en fase experimental que ni siquiera está aprobado se nos tache de «antivacunas».
    Pues mira, señora, yo estoy vacunada de todo y estoy deseando que llegue el día en que me tenga que presentar en urgencias para que me pongan la antirrábica porque me ha mordido un murciélago (que habré cogido a mano desnuda por considerarlo bonito o para salvarlo). Y no me da llegado el día para ver los caretos que me pondrán los médicos.
    Pero claro, es una vacuna probada, aprobada y vacuna, al fin y al cabo, no una cosa experimental que por ahora ya está demostrando niveles terroríficos de efectos adversos y 0 inmunidad.

    Pero nada, seguiré con mis vacunas al día y me pondré otras si viajo a zonas tropicales de riesgo, mas seguirán siendo vacunas probadas y aprobadas.
    Un saludo de una «antivacunas».

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