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OPINION

“Antiprotocolar-mente” – Andrés Pérez Carvajal

  • La opinión de Andrés Pérez Carvajal, colaborador habitual de #EuskalNews
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Antiprotocolar-mente

Recuerdo la abuela de mi madre, (“quien la “crió”) insistirme muchas veces le acompañara a la iglesia cuando era un niño. Y le acompañé varias veces. No recuerdo hacerlo contra mi voluntad, cosa que creo recordaría con total seguridad. Quizás por interés. No lo sé. La cosa es que me sentía cómodo en aquel lugar. También recuerdo muchas veces salir a recibir clases de catecismo sin llegar a destino. Mi maestra entonces, Nira, de origen Trinitense. Aunque yo con el tiempo asumiera que eran Indios. De hecho, en este instante continuo dudando. Supongo porque su hermano menor y, compañero de batallas, se llama Gandhi. Creo que durante una temporada estuvo en un convento Nira. A Gandhi le atraían las encerronas menos pacíficas. Me avergoncé muchísimo el día que fue a casa motivada por algún “despiste” mío, camino a clases. Pero eso es otra historia, o no. También recuerdo cuando hice la comunión. Por fotos. De ese día no recuerdo nada en absoluto. Solo cuando hicimos una especie de “retiro espiritual”, junto a todos los compañeros días previos o posteriores a tomar la comunión. Una foto en mi poder que, inmortalizó parte vital del día señalado, lo ilustra hoy clavada en un corcho en la entrada de mi hogar. A parecemos mi familia y yo muy contentos. Muy elegantes seguro. Por cierto, aún no estábamos todos. Cosas De Dios. La biología y el tiempo.

También mi abuela paterna me llevó “arrastra” en alguna ocasión. No solo en esto se asemejaban. Pero eso es otra historia, o no. Ciertamente, e insisto, me sentía bien allí. No es un lugar al que hoy ni nunca desee ir. Pero cuando he estado, el tiempo desaparece. Quizás por eso no aprecio los relojes. Aunque un día me dio por repararlos todos. Pero eso es otra historia, o no. En fin. Mi relación con ella es amplia e intensa. Tanto de quietud como de tormento. Igual fui y recibí el cuerpo de Cristo por primera vez. Que fui a tocar gaitas (música tradicional navideña) de madrugada siendo un adolescente, en las misas del gallo con los irrepetibles “Angelitos Parranderos”. Hay que decir que, requirió menos insistencia mi inclusión al grupo para hacer estas visitas. De ahí que, los angelitos perdiéramos con el tiempo las alas en medio de parrandas. Convirtiéndose los escalones a su entrada, los cuales un día subí solemnemente, en una tarima en la que disfrutamos las inolvidables fiestas de nuestro pueblo en honor a Santo Domingo de Guzmán. Y, cualquier otra que se transara año tras año, mientras no estábamos en la pista de baile, claro. Pero esto es otra historia, o no. De todas maneras, omitiremos más detalles al respecto, para no herir nuestras sensibilidades.

Recuerdo un compañero “angelito”, que de paso era también monaguillo. “Quien lo veía y quien lo ve”. Pensaba yo al verlo desatado y, entre carcajadas gritaba a viva voz un gran amigo. Mi mente inquisidora entonces, reconozco empezaba a dar sus pinitos. Un buen tipo aquel. También recuerdo al sacerdote que, visitaba con frecuencia la casa de la mamá de un buen amigo, para “bendecir” las timbas que allí se organizaban religiosamente cada tarde-noche durante mucho tiempo. Cuestiones estas, junto a mis aún incipientes prejuicios, comenzaba a observar con cierta sospecha. Pero nada serio. Total, entiendo que no percibía grandes diferencias entre ellos y yo.

También hubo otra mujer que marcó cómo sería mi irregular relación con la iglesia. Era una apacible anciana en su caminar y en algunas ocasiones al comentar cotidianidades. Hasta que la pelota, con la que jugábamos en la plaza frente a mi casa entonces. Donde por cierto, pasábamos más tiempo del que mis padres estuvieron dispuesto a permitir muchas veces, iba a dar al patio de su casa. No sin antes provocar los estruendos típicos de las laminas de zinc que, protegían su encantadora morada en muchas ocasiones. Creo que, no hace falta les cuente más de esta, de verdad verdad, tierna abuelita.

Total que, los periodos mas y menos inocentes, estuvieron muy ligados a aquella iglesia en particular. Y a la iglesia en general, de alguna manera u otra. Pero entonces sigues creciendo. Viviendo. Observando y escuchando con cierta atención. Germinaban pues en mi cabeza, ideas muy poco ordenadas, hasta que escuche una canción. (Jesús Verbo, no sustantivo) Dándome esta, algunas pistas del origen de mis inquietudes con respecto a “La Casa Del Señor” y su significado. Descubriendo que, no es el mismo para todos. Dando un poco de luz a aquellas inmaduras ideas . Y a mi también, gracias a Dios.

Esta canción en principio, me sonaba ofensiva, incluso a mi, tomando en cuenta mi trayectoria y los rumores. Luego hubo una temporada, que la intérprete como una legítima crítica. Puesto que, nos gustase o no, pocos nos escapamos de su influencia. Hoy, para mi es una canción, que me invita honestamente a hacer una profunda reflexión cada vez que la escucho. Y creo que, a todo aquel que con cierta Libertad la escuche, también.

Me consta hoy, se viene haciendo hace tiempo. Al menos del rango medio alto hasta sus bases. Cuestión con la que me congratulo a la par que, me nutro mucho de su aún clandestino ejército comprometido con el cambio. Estando completamente seguro de su necesaria renovación. Y de su inevitable renacimiento. Con lo que eso significaría para el “ mundo nuevo”. No es esto algo que me motivaría a volver. Al menos no con la frecuencia que hubiesen querido mis abuelas. A estas alturas, estoy completamente seguro que es inviable para mi seguir los rigores de cualquier religión. Mi disciplina es escasa y mi voluntad poderosamente selectiva. Pero me alivia que, mi hija cumpla con los sacramentos que dependan de su familia cumpla, sin una oposición íntima de mi parte. Por tradición y algo más. Pero poco más. Porque llenos hemos venido y vacíos hemos de irnos.

Jesús es mi pastor. Mi redentor. La furia del presente. La furia del amor. Que Dios nos bendiga.

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