OPINIÓN

«Mi monstruo y yo» – Andrés Pérez Carvajal

  • La opinión de Andrés Pérez Carvajal, colaborador habitual de #EuskalNews
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Mi monstruo y yo

El camino mundial se atraviesa con sencillez. Es lo que aprendemos. A rodar por esos seguros, pulidos y masivamente transitados raíles, con la falsa promesa de no descarrilar. Para evitar el dolor. Para tener éxito. Para SER alguien en la vida. Como si no lo fuéramos una vez somos hijos. Como si no lo fuéramos una vez somos padres. Están construidos con tales detalles, que parecen verdaderos. Y no son más que una realidad. Una de tantas. Pero esa realidad, está ciertamente muy bien estructurada no sin ocultas fisuras. Fisuras que al encontrarlas, nos intimidan. Nos hacen retroceder al observar como yacen arrepentidas tantas «víctimas» a su alrededor, en su intento de colarse por alguna. Sin percatarnos de que el CONTENIDO de esa etiqueta se lo han introducido los mismos de siempre. Repitiéndolo tantas veces que bien nos creemos lo somos, o nos convertiremos en una más. Porque arrepentirse es una sagrada virtud.

Lo fácil es entregarse al mundo. Rendirse ante su implacable maquinaria propagandística que mina la psique colectiva. Hasta el punto de ser todo «normal». Lo jodido es, que también es «normal» cómo reaccionamos a su total o parcial rechazo. Resulta tan ventajoso todo lo que nos proponen. O como esquivarlo sin esquivarlo. Es todo tan lógico. Tan racional. Tan justo. Tan atractivo. Tan sofisticado. Tan bueno. Pero claramente sin principios. Lejos están sus ofrecimientos de valorar nuestro profundo CONTENIDO y elevados propósitos vitales. Usan cualquier método de seducción (velada coacción). Hoy, el derecho a trabajar, a la salud, a estudiar, a realizar actividades de ocio, y prácticas religiosas, están siendo condicionadas.

Toda esa mierda no se trata de usar o no mascarilla. De “vacunarse” o no. De dictadura o democracia. Es algo más grande lo que intentan arrebatarnos. De más valor. Lo que pretenden muchos conscientes o inconscientemente es, que nos sometamos a la voluntad de los que no valoran la vida. Más bien la desprecian al no tratar con respeto la muerte. Se vanaglorian de ella en las sombras rindiendo culto a sus propios miedos.

Todo esto se trata de nuestra libertad. ¿Hay algo que valga más que nuestra propia voluntad? ¿Que somos sin ella? ¿Que seríamos sin nuestra genuina intención de vivir? Entiendo que observemos la envergadura del enemigo al cual nos enfrentamos, y nos preguntemos resignados, ¿pero, y que podemos hacer? Pues reconocer que somos más que unos cuerpos evanescentes sedientos, hambrientos y necesitados de vestimenta y fugaz placer, es una opción. Que mucho de lo que nos exigen a cambio de ceder ante sus propuestas (amenazas), nos sobra. Entonces, en ese momento nacerá con grandeza el suficiente valor no solo de enfrentarnos al monstruo, sino también de vencerlo.

Jesús es mi pastor. Mi redentor. La furia del presente. La furia del amor. Dios nos bendiga.

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