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OPINION

“Síndrome de deslizamiento” – Teresita Ávila

  • Escrito por Teresita Ávila Alonso
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“Síndrome de deslizamiento” – Teresita Ávila

Escucha Rose. Tú vas a salir de aquí. Vas a seguir adelante y tendrás muchos hijitos. Y los verás crecer. Vas a morir siendo una anciana calientita en tu cama. No aquí, no esta noche. No de esta forma. ¿Me entiendes?”

LEONARDO DICAPRIO – Jack Dawson (De la película: Titanic)

El día 31 de agosto de 2020, La Tercera de ABC publicaba “Los jueces ante el Covid” del economista y matemático Juan José R. Calaza, el que para mí -sin el menor género de duda- ha sido “el texto” sobre el que conviene detenerse y, merecidamente, situar en el lugar que le corresponde a su autor. Sintetizando su contenido, viene a decir que las severísimas medidas aplicadas (restricciones laborales, confinamiento-aislamiento, evaluación tardía de diagnósticos fatales, agravamiento de otras patologías, tensión, violencia intrafamiliar, salud mental…) tuvieron nefastas consecuencias que siguen comprometiendo el futuro económico-político y social.

Según defendía Calaza, en psiquiatría, el síndrome de deslizamiento (syndrome de glissement-abandon) supone literalmente abandonarse, dejarse morir cuando desaparece cualquier estímulo que pudiera sostener la vida, los últimos restos de energía, a los que los ancianos se aferran y les proporciona el aliento para continuar. Cortada abruptamente toda conexión con los suyos, en pocos días dejan de comer, de beber, y fallecen. Estremece este dato por sí mismo, si le añadimos que -en las residencias, por protocolos- fueron privados de la compañía de sus cónyuges, de sus amistades, de los momentos de esparcimiento en áreas comunes a las que se impidió acceder. Atados a la cama (suponemos con la mejor intención, para evitar caídas), era más que previsible un elevado aumento de los fallecimientos por esta causa. A quienes estuvieran al mando en la crisis durante esos meses se les supone cierta capacidad de previsión (Calaza es matemático) para realizar una aproximación al número de “daños colaterales” -llamarlos así duele, sabiendo que detrás hay personas y familias destrozadas-, y evaluar o corregir las medidas -por excesivas o por demasiado laxas- como cabría esperar ante una emergencia de este tipo.

Antes de la publicación de Calaza, el 5 de junio de 2020, Cinta Pascual, que preside el Círculo Empresarial de Atención a las Personas (CEAPs), había intervenido en el Congreso de los Diputados en la subcomisión de Sanidad programada dentro de la Comisión de Reconstrucción Social y Económica. Sorprendentemente, nadie de mi entorno a los que pregunté conocía esta comparecencia, lo que sirvió para tomarle la medida al nivel de información que prevalecía en general. En sus declaraciones, que pueden verse íntegramente a través de YouTube, dejó claro lo que se vivió en las residencias durante las primeras semanas una vez declarado el Estado de Alarma: “Ha sido un infierno porque alguien decidió que no había camas de hospital para todo el mundo y esto no ha pasado en toda España, ha pasado donde ha habido colapso sanitario”.

Como sabrá la mayoría, la gestión de camas de hospital se realizó ampliando zonas covid y suprimiendo en algunas plantas las que iban destinadas a ingresados por otras patologías. Nunca estuvo al límite la totalidad de la red hospitalaria. Siempre hubo disponibilidad, al igual que en la red privada. Y siempre se pudo haber reorganizado para facilitar a los más vulnerables una atención de calidad para cualquiera de sus patologías.

Causa terror conocer que los fármacos proporcionados en aquellos días infernales que se vivieron en las residencias de ancianos fueron “mórficos y sedación” -en palabras de Pascual- que obviamente supusieron en pocos días el denominado éxitus o fallecimiento de la persona. Es necesario explicar bien lo que sucedió, porque el número de muertes a los que se aferraron para imponer las graves restricciones a las que se sometió a toda la nación fueron, sobre todo, las de los mayores -privados de los medicamentos necesarios para tratar a muchos de ellos de las típicas afecciones de tos, mucosidad, que se agravaron con el aislamiento, forzados a permanecer en cama, en sus habitaciones- por lo que el desenlace no podía ser de otra forma. Así fue.

Hace unos días, este medio, euskalnews.com, publicaba LOCKDOWN, la primera parte del documental COVIDLAND realizado por el prestigioso Paul Wittenberger y narrado por Alex Jones. Sugiero que lo vean con atención a partir de 1 hora y 13 minutos exactamente, para que se hagan una idea del nivel de devastación sufrido por los mayores y sus familiares. Y muy especialmente el testimonio de la Dra. Annie Bukacek (1 hora y 21 minutos). Cualquier persona se conmoverá al escuchar las declaraciones de todos los que intervienen y se dará cuenta del terrorismo que se ejerció, por culpa de los protocolos impuestos, y quizá se avergüence de que esto haya tenido lugar.

Murieron solos. En sus casas, o en los centros residenciales para mayores. Solos y sin consuelo espiritual, sin Sacramentos. Solos porque despedirse mediante una videollamada en los últimos instantes de su vida ha sido, no solo absurdo, una burla, sino una astracanada inaceptable -perdonen la severidad de esta imagen.

Teresita Ávila

https://dependencia.info/noticia/3603/actualidad/cinta-pascual:-ha-sido-un-infierno-porque-alguien-decidio-que-no-habia-camas-de-hospital-para-todo-el-mundo.html

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John Henry Kurtz
John Henry Kurtz
8 meses

La Gran Escabechina. También puede leerse el informe espeluznante de MSF sobre lo que pasó en España en esos trágicos días. El título de la película: “Morfeados sin misericordia… con nocturnidad y alevosía”. Hemos visto la punta del iceberg y para contemplarlo completo y en su justa dimensión habría que hacer públicos los informes que redactó el Ejército sobre lo que se encontró en las residencias de mayores. La letal sombra de Josef Mengele paseó entre nosotros, como el ángel de Jehová cuando ejecutó a los primogénitos de Egipto. Gracias por este artículo tan atinado y tan oportuno. ¡Ni olvido ni perdón! Espero que los responsables tengan su correspondiente (juicio) Núremberg.

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