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POLITICA

Sobre la autosuficiencia natural relativa

  • La opinión de Juan B. Jamchen, agricultor natural, filósofo y escritor. 
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Sobre la autosuficiencia natural relativa

Tal fue expresado en el libro 2 de Vida Natural Consciente: “la autosuficiencia absoluta no existe“, “no vivimos solos en este mundo, estamos en permanente interconexión con el resto de los humanos y nuestro medio”, “por eso, hablar de autosuficiencia, en sentido estricto, no tiene sentido alguno”.   

Sin embargo, con la mirada puesta en la Agricultura Natural y otras alternativas pro-naturaleza, podemos mantener una autosuficiencia relativa a un nivel muy satisfactorio y óptimo, pero contando con la ayuda y la necesaria interacción que podamos recibir de los demás y que podamos también prestar a los demás. Es ese un auténtico vivir dentro del intercambio y la cooperación de los agrohabitantes.   

Necesitamos pacificar los extremos, sean de la clase que sean, y aplicar la suficiente serenidad e introspección, para que nuestra devoción por la autosuficiencia, no devengue en frustración posterior y nos causemos más dificultades que beneficio. Es por ello que podemos afirmar que la autosuficiencia relativa es el descanso que nos permitimos ante toda devoción, de la misma manera que el retorno a uno mismo, significa también el descanso en lo colectivo. Ciertamente, aunque parezca contradictorio, en el ámbito de la vida natural -no artificialista-, la aspiración personal a la autosuficiencia, como tendencia de movimiento humano, implica, de alguna manera, una aspiración social también, una autosuficiencia social.  

Cuando la aspiración a ser autosuficiente intenta ser puramente individual y absoluta sobre sí misma, se convierte en algo extremo que da lugar a un individualismo en estado de supervivencia y rencor hacia el resto de la humanidad y no permite el descanso en la aceptación de que necesitamos también de los demás.  Si una ideología de autosuficiencia se vuelve absoluta, convierte a muchos seres en individuos ensimismados, incapaces de reconocer y ver que necesitan también de los demás; este es un hecho que nos llama, inevitablemente, a lo social, de ahí la aspiración a su relatividad, pero contiene también su flanco débil, ya que, por su insoslayable necesidad social, son características aprovechadas por el mismo artificialismo social, que lo sabe desarrollar muy bien y que debemos evitar a toda costa, pues es la cara oculta de la autosuficiencia engañosa.   

La autosuficiencia social es asunto muy delicado y hay que andar alertas ya que, abiertos necesariamente a lo social, podría ser muy fácil perder la propia visión de la autosuficiencia y, del mismo modo y en su extremo, podría conllevar la marca de ese radical dañino que perjudica sobremanera a los individuos que se quedan obligados, ante determinado totalitarismo, a aceptar un extraño individualismo con cara social que domina; en este caso, a aspirar a una embaucadora autosuficiencia apoyada por lo social, con un engaño soterrado de que es posible gracias a ese totalitarismo social.  

El artificialismo conoce perfectamente que necesitamos de los demás, por eso, los que lo promueven nos dicen: ¡Sed autosuficientes e individuales, el artificialismo os ayudará con poderosas máquinas, poderosos inventos, alimentos y medicinas creados artificiosamente para todos!… En la cara encubierta está el supra-enriquecimiento de sus magnates, el control totalitario a costa de una engañosa autosuficiencia colectiva que no es real autosuficiencia, sino la más pura dependencia y la destrucción de todo ser natural y de toda vida natural.   

La autosuficiencia real y relativa, como movimiento social, podría ser algo muy positivo, sin embargo, necesitamos también descansar del propio descanso que nos da lo social, necesitamos recordar que lo individual -que no individualismo-, es la base de toda autosuficiencia, aunque necesite de su social, no perdiendo la visión, dándonos cuenta también de cuáles son las cualidades de ese individual dentro de ese social.  

La verdadera revolución de la autosuficiencia natural y consciente, la que te hace realmente libre, es la no dependencia del consumo artificial, la aspiración a autosostenerse, alimentaria y medicinalmente, personal y socialmente, con productos naturales obtenidos por uno mismo, o intercambiados, el no estar amenazados por la “aparente” necesidad de lo sintético y artificioso, ni personal ni socialmente. La relatividad de la autosuficiencia real, es que no siempre podemos acceder a ella, necesitamos renuncias y aprender mucho y, además, tenemos que contar con la mínima artificialidad para poder llevarla a cabo en todos los procesos de transición. De ahí el octavo principio de la Agricultura Natural.   

El comienzo a ello es el camino, y el camino deja estelas y experiencia. Ahí se unifican después seres humanos que viajaron también, entonces se socializan e intercambian, desde ese ámbito común. Con esta fuerza se puede llegar más allá, incluso, de lo alimentario y lo medicinal, para realizarse en la construcción natural, en sus enseres necesarios, en su mental, etc. Para ser un humano social que sea natural, justo y consciente, antes hay que saber ser uno mismo natural, justo y consciente, y esto requiere tolerancia con nuestro uno mismo, requiere un proceso de asimilación, requiere tiempo sin perder el objetivo. Ese es el verdadero sentido de la autosuficiencia relativa.   

Juan Benítez Jamchen 

Agricultor natural, filósofo y escritor 

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