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Vivir (o morir en la distopía)

  • Escrito por Miguel Ángel Martínez Calvo, periodista (Bilbao, 1957)
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Sobre los psicópatas narcisistas en el poder, con humor (pero muy en serio) y un guiño a la película “Blade Runner” de R. Scott, inspirada a su vez en la obra de P. K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Vivir (o morir en la distopía)

Ha comenzado el invierno. El Año 21 del siglo XXI llega a su final. Los humanos anhelamos escapar de la realidad en busca de compañía, calidez, paz y seguridad. La verdad es que corren tiempos muy oscuros en nuestro mundo; todo es sucio y complicado, nos embarga un desasosiego generalizado y a muchos, cada vez más, la certeza de que ya vivimos peligrosamente. Las jerarquías insisten en que hay que cuidarse de una infección vírica desatada sobre la Tierra y para ello nos siguen llenando de temor, nos impiden respirar hasta la hipoxia y la insania; nos aíslan, nos impiden trabajar, nos imponen medidas que no quieren que cuestionemos y nos ofrecen la solución pues dicen que velan por nosotros diligentemente. Pero sus consecuencias son ya terribles y las anticipan peores, dicen que sin vuelta atrás, que nada será como antes.

Por si desconocen el significado exacto del término, la distopía es una representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana…, pues sepan también que ya no es tan ficticia porque estamos inmersos en ella,… ¿o es que aún no se han dado cuenta?

A pesar de las abrumadoras evidencias, pocos parecen reparar en la creciente presencia de replicantes sueltos entre nosotros; humanos que abducidos, aterrorizados o coaccionados en su salud y economía son legión; carne de cañón para mercenarios de la sanidad, para mamporreros profesionales (1) y horteras colegiados (2) al servicio de una taimada y poderosa élite con agenda propia que nos quiere cosificados, inermes, enajenados, disminuidos y transhumanos, es decir, zombis (3). Por eso esto que les relato no es ciencia ficción, porque están aquí, porque se camuflan en las más altas sociedades del planeta y en todas las clases sociales. Los últimos modelos de estos sociópatas en ambos sexos, serie NAR-Zyxus, tienen aspecto atractivo, hablan bien y cuando les interesa se mueven con gracia en los más variados ambientes. Sólo unos pocos humanos son capaces de detectarlos de forma temprana, protegerse y huir a tiempo ya que su encanto y su mirada psicodélica __ reptiliana a decir de otros__ subyugan y aturden el entendimiento, especialmente cuando usan el poder político y económico __o el sexo si no tienen otra cosa__ como infalibles recursos para invadirnos y doblegarnos. Buena parte de sus incautos objetivos sucumben ante la portentosa gestión que hacen de nuestras debilidades y necesidades, preferiblemente en tiempos de tribulación y confusión que estos entes tóxicos aprovechan o también se encargan de provocar y alentar.

Manténganse pues atentos; sepan que su sofisticada programación les confiere el cuajo propio de los desalmados y por eso pueden analizar, incorporar y encarnar con asombrosa eficiencia utilitarista cualquier acción o emoción, cualquier pensamiento o sentimiento. Sepan que su peligrosidad radica en que son capaces de autoreprogramarse de un día para otro como si nada; en que están diseñados para depredar sin descanso almas escogidas, a ser posible con dinero, socialmente relevantes o con sustancia y energía suficientes para mantener sus constantes vitales. Se desconoce su origen pero son tan evolucionados que pueden replicarse con humanos y recrear ecosistemas que les sean perversamente propicios, ya sea en las relaciones interpersonales o en la política, donde proliferan.

Sepan que si adquieren poder __no lo olviden, se energizan con sus víctimas__ harán lo que les salga de los circuitos y será muy difícil impedir sus estragos. En estos tiempos tan aciagos todavía no conocemos defensa eficaz alguna contra ellos; alejarse o alejarlos como si la misma peste o “vacuna” para la covid fueran es lo más inteligente que se puede hacer pues eso les desconcierta y les quita energía como científicamente está comprobado, aunque también es cierto que son muy resilientes y siempre vuelven.

Veamos además algunos comportamientos que permiten identificarlos: por ejemplo, se sabe que si se les contraría o no se les baila el agua, se ponen muy bordes, algunos hasta peligrosos; también se sabe que no desean nada que no puedan consumir o controlar; o también que cuando la situación les exige expresar sentimientos de tristeza o compasión se les nota un punto impostados, les falta depurar algunas líneas de código __de códigos morales no tienen ninguna__. Otrosí observado recientemente; no dejen de constatar cómo cuanto más poder tienen o más temen perderlo, más grosera y temeraria es su conducta.

Aunque les cueste creerlo, hace tiempo que sus infames planes han sido claramente expuestos por ellos mismos; crean e instrumentalizan nuestros miedos, saben bien cómo hacerlo por inverosímil e imposible que parezca.

En fín, que se está investigando cómo algunos supervivientes de sus ataques pueden lograr recuperarse con humor y perspicacia para evitarlos porque desactivarlos se antoja complicado. Y nunca olviden que son una maldición para nuestra especie, sean pues conscientes y abran los ojos.

PS. La estupidez nos invade y también es contagiosa; si no se tiene capacidad para identificarla, ni poder para neutralizarla o inteligencia y resolución para escapar de ella, obliga a respuestas y conductas estúpidas pues no existe forma productiva de enfrentarla. Es desalentador pero ya lo dijo el poeta: contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano.

El profesor de historia del pensamiento económico, Carlo Maria Cipolla, tiene fama por un opúsculo no exento de rigor ni de humor titulado “Allegro ma non troppo” publicado en 1988. En él, Cipolla trata de dar una explicación consistente sobre por qué a los humanos nos pasan cosas malas. Si no lo conocen échenle un vistazo, está disponible en internet.

(1)Mamporrero Al margen de su pecuaria primera acepción, se llama así a toda aquella persona que se encarga de hacer el trabajo sucio a otro y que lo ayuda para poder cumplir con sus más íntimos propósitos.

(2Hortera. Utilizado aquí en su sentido más peyorativo, en su significado y denominación original era el dependiente, mancebo, mozo o menestral empleado en el floreciente comercio (¿de los vacuneros?) de la burguesía madrileña del siglo XIX y primer tercio del XX, retratado a menudo por sus contemporáneos como personaje pintoresco y castizo.

(3Zombi 1. m. y f. Persona que se supone muerta y reanimada por arte de brujería con el fin de dominar su voluntad. 2. adj. Atontado, que se comporta como un autómata.

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