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OPINION

Ser o no ser naturaleza está en nuestras manos – Juan Benítez Jamchen

  • La opinión de Juan Benítez Jamchen, agricultor natural, filósofo y escritor. 
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Ser o no ser naturaleza está en nuestras manos

Es de conocimiento universal insoslayable, que todos los seres vivos de esta tierra, nos hacemos a imagen y semejanza de nuestro medio. Tanto las naturales circunstancias, como las artificiales circunstancias del medio al que estamos expuestos, provocan cambios naturales en nuestra manera de ser, de tal manera que nos permite estar adaptados a esas nuevas condiciones y así nos transformarnos con la misma idiosincrasia. Esta es la gran capacidad de la vida, que, por sí misma, tiene la fuerza propia para provocar las mutaciones necesarias, dentro de todo ser vivo, para que siga siendo vivo. Esa capacidad se encuentra en nuestro impulso natural inmunológico, que posee su potencial adaptador, presente y hacia el futuro, con todo el historial de nuestra información genética pasada. Eso es lo que ha permitido que, a través de millones de años, aún estemos aquí, eso es el concepto de evolución, desde el punto de vista biológico.  

Dicho esto, y considerando que nuestras acciones son causa directa de cambios en nuestra información genética y en nuestras condiciones presentes y futuras, la pregunta que nos vamos a hacer hoy es: ¿qué clase de evolución queremos para la humanidad y cómo nos afecta, o podría afectar, tal o cual clase de evolución?

Antes de comenzar esta reflexión, debemos expresar con mucha claridad, que todo cambio esencial que la humanidad haga sobre sí misma, debería estar previamente dialogada y consensuada desde todos y cada uno de los ámbitos del conocimiento, y no solo impuesta, tal como estamos viviendo y sean las causas que sean, desde la ciencia tecnológica artificialista, que está mostrando ser pseudociencia con tal comportamiento.  Cambios esenciales, sobre todo si hablamos del ámbito genético, así como el social, el de naturaleza, etc., tocan los pilares de la ética humana, por ello, todas las ciencias -filosofía, medicinas naturales, biologías y otras ciencias de la naturaleza, antropología, sociología, espiritualidad, entre otras muchas-, deben alzar su voz con fuerza y provocar un diálogo importante antes de que sea demasiado tarde. Desde mi humilde posición, que el presente artículo, sirva de llamamiento para alcen voz, todas aquellas personas responsables y capaces de todas las ciencias existentes.  

Una planta es un ser vivo biológicamente igual que nosotros. Llevo investigando muchos años, en teoría y en práctica, el comportamiento de las plantas en el medio y he concluido resultados muy trascendentes para el tema que estamos tocando. Una de mis investigaciones, ha sido intentar adaptar plantas hortícolas, con modificaciones genéticas artificiales, a condiciones naturales, para ver si son o no reversibles. Es decir, lo que he intentado es cultivar plantas que fueron creadas artificialmente, en condiciones de medio natural y dotadas de ayuda con el acompañamiento e hibridación natural de otras no modificadas, para ver si las primeras podían revertir sus condiciones artificiales y podrían adaptarse a un medio natural. Debemos advertir que la mayor parte del alimento vegetal que comemos hoy día, viene de esas plantas modificadas artificialmente, con lo que, ya sólo con eso, indirectamente, ya estamos produciendo un cambio genético en los cuerpos humanos.

Después de años en tal investigación, he tomado la conclusión final de que para los casos de domesticación artificialista extrema, necesitaríamos quizás, de ser posible y con mucho empeño, cientos de años para que una planta de esas características, pudiese revertir sus condiciones artificiales. Esto quiere decir que las modificaciones artificiales genéticas en las plantas, y aún peor, la transgenia, las hace tan débiles ante las condiciones naturales, que enferman gravemente y no sobreviven, salvo que les administremos permanentemente modificaciones y productos sintéticos; y lo más preocupante, dichas plantas, a corto y medio plazo, están completamente incapacitadas para volver a ser lo que eran de forma natural.  En definitiva, las plantas con modificación genética artificial, son absolutamente dependientes de los antiplagas y de los abonos químicos, así como de modificaciones posteriores permanentes y no son capaces de vivir, por sí mismas, en un medio natural.

Mi experiencia es la Agricultura Natural y puedo afirmar, con bastante certeza y muchos compañeros podrían hacer lo mismo, que tales modificaciones en las plantas, provocan ya un cambio indirecto suficientemente sustancial en los seres humanos, que se hace cada día realmente más difícil el retorno al medio natural. El problema es que sin naturaleza nada somos, pues la vida se conforma por sí misma, y ningún ordenador, ni inteligencia artificial, o laboratorio, jamás podrá tomar esa mano. Se trata de un atentado contra la vida, se trata, ni más ni menos, que de destruir la vida. Si queremos que nuestras plantas sigan siendo naturaleza, para ellas y para nosotros, tal cual son, según la fuerza propia de la vida y nuestra natural y consciente intervención, la conservación de semillas no modificadas genéticamente de forma artificial y su cultivo natural que respeta profundamente el medio desde todos los lados, se hace primordial e importantísimo.

Debo repetir, como tantas veces ya hemos visto en nuestros ámbitos, que una planta naturalmente conformada, o como resultado de un cultivo natural y su consecuente domesticación natural, es muchísimo más resistente a cualquier enfermedad devenida, no hay plaga que pueda suceder, salvo la natural, que conlleve algún desastre general irreparable. No ocurre esto, sin embargo, con plantaciones artificiales, ante las plagas naturales devenidas, que pueden llegar a destruirlas todas. Esto quiere decir que lo naturalmente creado, solo puede suponer un peligro para situaciones artificiales extremas, peligro en tanto que falto de vida natural, lo cual produce la paradoja de doble destrucción.

Y ahora, después de todas estas argumentaciones probadas en experiencia, siendo ello de la más pura ciencia, consideremos la modificación genética generalizada de humanos, indirecta, a través de la artificialización extrema del medio, con agentes artificiales creados que conviven con todos los seres vivos, o a través de la introducción directa, también generalizada, de genética artificial. Esta pescadilla que se muerde la cola, donde se provoca una artificialización de los seres vivos a tal nivel que no los hace naturalmente inmunes, sino artificialmente inmunes, y con ello, absolutamente dependientes, es perfectamente comparable con lo que sucede con las plantas. 

Mantengamos atención a un solo detalle, que no se nos escape, el aislamiento de plantas, para mantener la homogeneización genética, es la base de toda domesticación, si una planta con modificación leve genética, aun siendo artificial, toma contacto con un medio natural, su genética cambiaría inmediatamente en positivo a la Naturaleza y volvería a tener todo su potencial inmunológico intacto con muy poco esfuerzo, sin embargo, si la modificación es continua, dependiente y grave, es altamente probable que no podría sobrevivir en tales condiciones ambientales, por lo que el aislamiento total de medio, sería la única posible salida, que es lo que está sucediendo actualmente con los cultivos artificialistas, extensivos e intensivos. Observemos bien esta analogía y no perdamos de vista, en ningún momento, que, aunque con características propias, somos biológicamente iguales que las plantas

Insistimos en que todo este asunto nos afecta a todos por igual, y debemos hacer una reflexión muy elevada y fomentar el máximo diálogo en torno a ello desde todas las ciencias posibles, para tomar consciencia real de qué clase de ser humano queremos construir. Aún estamos a tiempo de retornar a la naturaleza y de volver a ser quienes somos en verdad dentro de una evolución natural, o bien aceptar dejar de serlo para convertirnos en seres artificiales absolutos, totalmente alejados de la naturaleza original, y con ello, provocar una clara destrucción futura de nosotros mismos, pues somos pura naturaleza y sin ella no somos nada. La dirección que tomemos depende exclusivamente de nosotros. Pensemos, sintamos y actuemos con consciencia.

Juan Benítez Jamchen

agricultor natural, filósofo y escritor

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Enrique
Enrique
2 meses

Cada vez que me alimento de vegetales modificados genéticamente (inevitablemente la mayoría), con cada bocado, no puedo dejar de pensar de que manera eso afecta a mi propia naturaleza y a la humanidad, y si con el tiempo cada individuo de generaciones futuras serán tan idéntico entre si como esas uvas carnosas y sin semilla que estoy comiendo, o esas mandarinas del mismo tamaño o esas judías con la misma forma o esas manzanas perfectas y sin gusano pero sin esencia….. Triste

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