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Rusia está más lejos de la quiebra que España

El jueves el capital financiero internacional contuvo el aliento y pasó la jornada pegado al móvil. ¿Pagaría Rusia el primer vencimiento de los intereses de la deuda externa después de las sanciones?

No es posible decir si los especuladores querían que Rusia pagara o que no pagara. Lo cierto es que las sanciones se impusieron para que no pudiera pagar y, sin embargo pagó, por lo que las sanciones han vuelto a fracasar, demostrando que son medidas impuestas de cara a la galería y a los medios de comunicación.

La preocupación era ridícula porque la cuantía del pago era de 120 millones de dólares, una cifra insignificante que no justifica la alarma. No se trataba, pues, de una cuestión económica sino de saber si Rusia quiere pagar sus deudas aunque se lo pongan difícil.

Las deudas de Rusia son como el gas: a pesar de las sanciones, el Kremlin sigue bombeando gas a Europa porque quien no puede prescindir de ello es Europa.

Como es costumbre, los medios presentan la cuestión al revés y los becarios de Ignacio Escolar aseguran que Rusia “va hacia el abismo”. Estas pandillas de descerebrados creen que las sanciones impiden pedir préstamos, pero en ningún caso devolver su importe. También creen que el impago, en caso de producirse, no afecta al acreedor, el capital financiero internacional, que lleva décadas en quiebra técnica.

La deuda externa rusa es una parte insignificante del PIB, del orden del 20 por cien, mientras que la española es del 220 por cien, una cifra nunca antes registrada: 2,4 billones de euros. Rusia debe menos de la cuarta parte de esa cantidad y, además, dispone de una gigantesca cantidad de reservas deoro y divisas acumuladas por el banco central en los últimos años.

Por lo tanto, Rusia no está en quiebra y ha aprobado drásticas medidas para impedir la fuga de capitales, que se suman a las que adoptaron en 2014 tras otro paquete de sanciones.

Si Rusia no pagara, no sería porque estuviera en quiebra sino por represalias, que pueden agudizar la crisis finaciera internacional. El 3 de marzo el banco central bloqueó el pago de intereses a los titulares de bonos rusos denominados en rublos para los inversores extranjeros.

Dos dias después el Kremlin aprobó un decreto para pagar en rublos los títulos de deuda rusos denominados en divisas a un tipo de cambio determinado por el banco central. Esta decisión, aplicable a los especuladores de los países calificados como “inamistosos”, reduce sus expectativas de beneficios considerablemente. Dado el desplome del rublo en los mercados internacionales, no podrán cambiar sus rublos por otras divisas sin sufrir grandes pérdidas.

Los bonos rusos emitidos desde 2018 prevén el reembolso en rublos en caso de que Rusia no pueda pagar en dólares por razones ajenas a su voluntad. Sin embargo, técnicamente devolver las deudas en rublos equivale a un impago, aunque eso es muy discutible.

El monto de la deuda pública rusa es sólo una parte, a la que hay que añadir la deuda privada. En total, ambas alcanzan 79.000 millones de dólares. Es posible que el gobierno ruso dificulte el pago de dichas deudas, contraídas por los grandes gigantes monopolistas, como Gazprom. Ante dicha evenualidad, las agencias de calificación han rebajado el etiquetado de los bonos de ambos, es decir, tanto del Estado como de las empresas privadas, a la altura de la basura.

Es más de lo mismo. Ante una deuda el moroso tiene un problema y el acreedor tiene otra. Sin embargo, las agencias de calificación no han rebajado la condición de los fondos buitre que han invertido en deuda rusa y no saben si van a recuperar su inversión. Tampoco dicen nada de los bancos extranjeros que tienen sucursales en Rusia, ni de las aseguradoras que garantizan a los especuladores frente al impago.

Estamos hablando de unos 120.000 millones de dólares en activos rusos, aunque la contabilidad oficial de los buitres es un chiste. Es posible que haya cantidades mucho más importantes en dinero negro. En 1998 el impago de Rusia provocó el colapso del fondo Long-Term Capital Management, lo que obligó a la Fed a intervenir para evitar un colapso generalizado.

Cualquiera que sea la cifra, las agencias no han rebajado la calificación de la banca internacional, aunque su cotización en las bolsas internacionales ha caído. Si Rusia aprieta, veremos más rescates de los bancos.

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