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OPINION

EL PRIMATE HUMANO – Fernando López-Mirones

  • Escrito por Fernando López-Mirones, biólogo y divulgador científico
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EL PRIMATE HUMANO

El desconocimiento de nuestra realidad zoológica humana es la base de la mayoría de los engaños a los cuales nos someten.

Nos creemos seres ajenos a la biología, que toman decisiones conscientes, que tienen opinión libre de todo, que elegimos lo que pensamos.

Nos creemos expertos en cualquier cosa solo con información audiovisual sesgada.

Nos llamamos Homo sapiens, es el nombre de nuestra especie, igual que el lobo y el perro son Canis lupus (sí, lobos y perros son de la misma especie).

Pertenecemos a los primates, y toda nuestra historia evolutiva está impresa en nuestros genes. Conocerla nos ayuda a combatir los instintos que no nos interese expresar, pero que están ahí. Conocer nuestras predisposiciones genéticas nos ayuda a desactivar las que no nos gustan y a no confundir percepciones y emociones con elecciones conscientes.

Hay dos características sapiens que nos vienen de familia y que conviene tener en cuenta; el instinto gregario y el cerebro visual.

Nos tira mucho lo que vemos con los ojos, y nos influye mucho más lo que hagan los demás miembros de nuestra especie.

Ambas tendencias evolutivas son utilizadas para engañarnos. Para combatirlas con éxito lo primero es ser conscientes de que existen.

La neurobiología estudia esto con detalle. Un vídeo subliminal funciona si creemos que lo que nos genera es una decisión nuestra en lugar de un instinto primario.

Somos los únicos animales capaces de crear relatos de ficción, mitos. La fuerza de los mitos en nuestro proceso de toma de decisiones es fascinante y mucho mayor de lo que la gente cree.

Lo importante es estar seguros de que una idea la hemos elegido nosotros de forma consciente, que es nuestra, y no de Soros o Gates a través de RTVE o de BBC financiadas por BlackRock.

La jerarquía social, el éxito dentro del grupo, el prestigio, la búsqueda de pareja, la competitividad en las empresas, el egoísmo… todo ello viene determinado por genes que han sido seleccionados porque en algún momento de nuestra historia biológica nos sirvieron para sobrevivir.

Pero si la sociedad cambia, esos genes de cazar, explorar, ser agresivos o amorosos pueden quedar obsoletos sin que lo sepamos. Lo que fue adaptativo hace tres mil años, ahora puede ser un problema de convivencia.

Esto no significa que estemos determinados por los genes heredados; en absoluto es así.

Los genes se pueden expresar o no según el ambiente y nuestras elecciones vitales, incluso pueden desaparecer o favorecerse mutaciones nuevas.

Si hubiera un gen (o más bien varios) de la mediocridad, la mentira y el egoísmo, por ejemplo, estarían siendo seleccionados de forma positiva en esta sociedad nuestra.

Porque los que aprenden a mentir bien, disimular, a no meterse en líos por las injusticias que ven, a aprovecharse del esfuerzo de otros y a no actuar nunca con lealtad, seguramente ganarán más dinero, tendrán más hijos, y esos genes pasarán a sus descendientes.

En cambio si los genes de la valentía, de la honestidad, del amor por la justicia en esta sociedad, llevan a sus portadores a la cárcel, el fracaso y la pobreza, se acabarán extinguiendo. Habrá cada generación más fingidores y menos personas valientes.

A menudo pienso en el conflicto de intereses que me supone enseñar en la universidad. ¿Les enseño a ser buenas personas que van a fracasar, o a ser triunfadores siguiendo el relato imperante sin meterse en líos?

Hoy en día enseñar a seguir la verdad y la justicia conduce casi indefectiblemente al fracaso económico. Ganan más los populistas, lo que hacen programas del corazón, los que escriben mentiras convenientes en los medios de comunicación, los que te dicen vacúnate porque interesa, que los que de verdad se documentan y plantean dudas razonadas.

Entre los primates, las madres quieren hijos adaptados para que salgan adelante con las normas sociales imperantes.

Admiramos a los rebeldes, a los héroes, siempre y cuando sean hijos de otros. Queremos hijos “normales”.

Por eso es ya importante definir ¿qué es ser normal? ¿inocularse porque lo hacen todos sin investigar?

Siempre recuerdo el disgusto de unos padres cuando su hija les dijo que quería ser monja de clausura. Ella estaba feliz, yo estaba feliz, pero sus padres, fervientes católicos, tenían un enorme disgusto. Era como si pensaran “está muy bien para otras, pero mi hija no”.

La veneración de los héroes es la base del relato mítico que nos hizo avanzar en las culturas desde las pinturas rupestres. El relato de grandes cazadores o mujeres míticas excitaba la ambición positiva de los jóvenes que querían imitarlas. Imitar a sabios y valientes hace progresar a la humanidad, imitar a los que buscan un trabajo en el cual no te puedan echar aunque lo hagas mal nos degenera.

Si no queremos heroínas, si llamamos frikis a los héroes, si tratamos como inadaptados y negacionistas a los diferentes, estamos matando los genes de la sabiduría que nos trajeron hasta aquí. Ningún genio fue normal. Un aullido

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Karlo
Karlo
7 meses

Si, “Las madres quieren hijos ADAPTADOS (a la ‘normalidad’ dominante) para que salgan adelante con las normas sociales imperantes”, claro, por haberse o haberlas sometidas a la ética patriarcal de esta civización PATRIARCAL.

Manu
Manu
7 meses

Otro interesantísimo artículo de Fernando López Mirones, que debería hacer reflexionar a mucha gente en estos tiempos de plomo.

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