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OPINION

Yo estoy con Putin – Enrique Santo

  • Escrito por Enrique Santo
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Yo estoy con Putin

Yo estoy con Putin. En su aparente ingenuidad, esta frase que no debería pasar de simple opinión, se ha convertido a día de hoy en un acto contrarrevolucionario, de resistencia, de lucha. Un acto a contracorriente y por ello temerario y peligroso. La sociedad actual ya no permite la crítica, la opinión diferente, la oposición, independientemente de que esta sea razonada o no, ya que la libertad de expresión no exige veracidad. Si así fuese sólo se podrían expresar los poseedores de la misma. El problema es que no es posible acceder a esta sino por medio de la crítica y la razón, por lo que sólo será factible avanzar hacia la certidumbre si nos encontramos en presencia de debate, confrontación de ideas y respeto pero parece que esto ya no es posible. El maniqueísmo se ha instalado entre nosotros de modo tal que ya sólo existe el bien y el mal absoluto, los cuales se definen en los consejos oficiales de autoridad, todo lo demás es disidencia.

Es inconcebible para una mente inquieta que el simple hecho de reclamar debate se haya convertido en motivo de sospecha para el que lo solicita, tal es así, que de existir, actualmente el ágora griega estaría acordonada por las fuerzas del orden y todo el que pretendiese acceder a ella a filosofar sería detenido y puesto a disposición judicial por desafecto y opositor a la insondable naturaleza del ser. Se ha conseguido, con la anuencia de los supuestamente perjudicados, una sociedad donde sólo es posible una opinión y al que no comulga con ella se le ignora, censura, ridiculiza y si no es suficiente se le despide, bloquean sus cuentas, se encierra. Y para el incrédulo ahí están los casos de Canadá o Australia que nos muestran hacia donde nos encaminamos si no tomamos conciencia de la situación.

Pero si para obtener la verdad se necesita la crítica y esta está prohibida, es fácil inferir que cada vez va a ser más complicado acceder a ella de modo natural lo que es una auténtica catástrofe porque como anunció Jesucristo, la libertad proviene de la verdad. La consecuencia inmediata es que canjeamos ‘libertad’ por ‘sensación de libertad’ pero no es lo mismo. En un mundo libre el ciudadano tiene la opción de conocer las diferentes posturas enfrentadas y a partir de su reflexión decidir donde posicionarse. Cuando se ofrece un único punto de vista, introducido a todas horas, en todos los rincones de la vida y con un enfoque puramente sentimental de los hechos para adormecer la parte racional del ser humano, se consigue que esa visión vaya calando el pensamiento, penetrando todos los poros y convirtiéndose en parte del entendimiento, de la conciencia personal. Entonces el juicio se torna pura apariencia y la propaganda pasa a ser un modo propio de sentir y de ser. Ya no soy yo, sino la propaganda que vive en mí, porque el manipulado debe creer que todas las ideas surgen de él para que la manipulación sea un éxito, convirtiéndose entonces en un robot porque no entiende ni el por qué ni la finalidad de sus acciones.

Y así como quien no quiere la cosa encontramos entre nosotros a esos fanáticos del pacifismo que de repente aparecen de debajo de las piedras, de cada rincón de nuestros pueblos y ciudades. Han estado siempre entre nosotros, pero no los habíamos detectado (un poco sí cuando Aznar se alistó para la guerra en Irak) en toda su magnitud hasta la aparición de esta malvada guerra. Odian las guerras, todas las guerras sin excepción. Odian a sus participantes, a los que los apoyan, a los que las defienden o justifican. Pero si odian a alguien por encima de todos es al máximo responsable de crearla. Y lo odian porque aman la paz y la paz se merece todo el sacrificio que haya que hacer, incluso aceptar ser acusados de incongruentes, incoherentes o contradictorios al odiar por amor, pero no importa, porque el fanático de la paz no busca su propio beneficio, prestigio u honor, el cual no es nada comparado con la consecución del bien supremo que es la paz.

Por eso se debe borrar todo vestigio relacionado con los agresores. El solo hecho de poseer dicha nacionalidad es motivo de ofensa para el común de los mortales y por ello se debe extinguir cualquier traza por donde supure historia, cultura, religión o cualquier huella o señal de ese imperialismo desfasado y transgresor. ¡Hay que borrarlos de la memoria! Y así se acosa a todo ciudadano ruso se encuentre donde se encuentre, ¡es culpable!, se prohíben cursos sobre Tolstói, se elimina a Tchaikovsky de cualquier repertorio musical, se cierran museos con contenido ruso, se invita a los estudiantes universitarios a que vuelvan a su país de origen y así con todo. Y esa demencial locura se expande como la pólvora y se vuelve natural entre ciudadanos de países que, no es que no estén en guerra con nadie, sino que están a miles de kilómetros de los implicados y en muchos casos ni siquiera sabían situar en el mapa a uno de ellos. Sí este comportamiento no es prueba de psicosis inducida colectiva que baje Dios y lo vea.

Y digo que no sabíamos nada de estos fanáticos del pacifismo porque estando tan dentro de nosotros nunca los habíamos detectado luchando por la desaparición de los ejércitos o de todas las fábricas de armas o relacionadas con la fabricación de las mismas, porque ¿Qué mayor garantía de paz que no tener capacidad de hacer la guerra, que demostrar al mundo con el ejemplo que no vamos a participar en ninguna? Pero parece ser que eso nunca fue posible preveherlo hasta que apareció este odiado conflicto ¿Inocencia, hipocresía o manipulación?

En honor a la verdad es de justicia reconocer, a pesar de tal griterío, la presencia entre nosotros de solitarios profetas, que clamando en el desierto advirtieron de la situación. Uno de ellos fue la periodista francesa Anne-Laure Bonnel que al enterarse de la existencia de una guerra civil en Europa, en enero de 2015, decidió, cámara en ristre, acercarse a comprobar de primera mano lo que allí estaba sucediendo y lo que vio nos lo contó en su documental (https://youtu.be/b8j0tJsKltg) donde alertaba sobre algunas de las barbaridades que se estaban produciendo en aquel momento. ¿Alguien escuchó a esos fanáticos de la paz solicitar la finalización de tales matanzas, solidarizarse con el pueblo oprimido o exigir sanciones y una intervención militar para detener tal barbarie? Parece ser que no era la hora de la paz y por ello no se activaron los mecanismos de manipulación y modelación de ciudadanos para que presionasen a sus gobernantes a detener la agresión.

En otro nivel se encuentra ese grupo social que identifica como único y verdadero responsable a Putin, el nuevo Hitler, por declarar la guerra a Ucrania, un país pacífico que no ha dado motivo alguno para ser agredido. Con el agravante de ser una guerra totalmente desproporcionada donde uno pone los tanques, aviones y misiles y el otro valor, honor y resistencia. Sólo eso es suficiente para declarar injustificable esa invasión que está provocando la muerte de centenares de personas inocentes entre los que se encuentran decenas de ancianos, mujeres y niños.

Lo más desconcertante es que en el momento en que Rusia invadió Ucrania, según Naciones Unidas, en el mundo habían activos otros 63 conflictos armados donde en algunos de ellos se daban condiciones mucho más devastadoras y terribles que las de Ucrania y sin embargo jamás se escuchó conciencia alguna expresando el más mínimo sentimiento de ira o resquemor contra dirigente conocido o desconocido ¿Qué curioso, no? ¿Una parte del mundo afirmando odiar todos y cada uno de los conflictos presentes, pasados y futuros, con independencia de quien los origine pero sólo focalizan su rabia en una sola persona y un solo conflicto? ¿No parece esto un claro ejemplo de manipulación social? Ese odio ¿De verdad es fruto de una reflexión madura o la consecuencia de una visión monolítica impuesta desde una elite privilegiada?

Y si hablamos de guerras pasadas podríamos mencionar a mandatarios como George Bush padre, involucrado en conflictos como Somalia, Iraq o Panamá. Bill Clinton en Bosnia y Kosovo. George Bush hijo, iniciando las guerras de Iraq y Afganistán o Barack Obama que participó en las de Libia y Siria entre otras. Pero curiosamente al presidente estadounidense que realmente odia la población por belicoso es a Donald Trump, el único que en los últimos 40 años no ha implicado a los Estados Unidos en ningún nuevo conflicto, sacando a su país de Siria, acabando con el califato del Estado Islámico en unos pocos meses, preparando la salida de Afganistán tan caóticamente completada por su sucesor y logrando durante su mandato que Corea del Norte no lanzase ningún misil después de su reunión con el líder de ese país o que no hubiesen nuevas intifadas en Palestina. Si a eso le unimos que fue capaz de obtener para el estado de Israel el mayor reconocimiento de países árabes de su historia, podría parecer que su mandato estuvo más implicado con la paz que con la guerra. Pero curiosamente, es por aclamación, el presidente más despreciado de los Estados Unidos por ser declarado peligroso para la paz y la estabilidad mundial ¿Curioso, no? Sí alguien encuentra la lógica que conduce a dicha conclusión, por favor, me la explique porque yo sólo encuentro puritita manipulación.

Pero no seamos demagogos, eso es pasado y no tiene solución. ¿Seguro? Porque si tanto repugnan las guerras y sus responsables ¿No podrían esos líderes ser juzgados por un tribunal penal Internacional como lo fue un tal Milósevic? Pero bueno, no renovamos más el fondo porque podemos enfangarnos. Entonces, sin saber como, le damos una vuelta de tuerca al asunto del odio y nos topamos con esa multitud que considera que Putin debe ser ajusticiado, ejecutado, eliminado en nombre de la paz y la justicia porque es un agresor sanguinario con un temperamento impredecible y en el que no se puede confiar.

Los partidarios de esta postura se consideran auténticos demócratas, hombres y mujeres de bien que no ven incongruencia alguna en ser jueces y parte en este pleito porque los hechos son incontrovertibles, no admiten atenuantes, no hay eximente posible y el veredicto ya ha sido dictado; muerte. Sólo queda ejecutar la sentencia pero ¿Quién será ese probo hombre capaz de realizar tan magna obra?

El problema de esta postura es que si se admite la existencia de ejecuciones justas también se debería aceptar la existencia de guerras justas. ¿Pero quién decide qué es una guerra justa? Rusia llevaba avisando desde hace mucho tiempo a todo el que quisiera escuchar que no iba a permitir la entrada de Ucrania en la OTAN y así podemos encontrar en el periódico ‘The Guardian’ opiniones confirmando está postura desde fecha tan temprana como 2014: “En Ucrania, EE.UU. nos está arrastrando a la guerra con Rusia.”

O la del diplomático estadounidense Jack Matlock que participó en las negociaciones que pusieron fin a la guerra fría, declarando ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en 1997:

“Considero equivocada la recomendación de la administración de incorporar nuevos miembros a la OTAN en este momento. Si fuera aprobado por el Senado de los Estados Unidos, bien podría pasar a la historia como el error estratégico más profundo cometido desde el final de la Guerra Fría. Lejos de mejorar la seguridad de los Estados Unidos, sus Aliados y las naciones que desean ingresar a la Alianza, bien podría alentar una cadena de eventos que podría producir la amenaza de seguridad más grave para esta nación desde el colapso de la Unión Soviética”.

O el profesor de la Universidad de Chicago John Mearsheimer, referente mundial en Relaciones Internacionales: “Occidente es el principal responsable de lo que está pasando en Ucrania.”

O el Coronel Douglas MacGregor ex asesor del Secretario de Defensa de los Estados Unidos: “Putin está llevando a cabo algo de lo que nos venía advirtiendo durante al menos quince años. Que no va a tolerar fuerzas ni misiles de los EE.UU. en sus fronteras del mismo modo como nosotros no toleraríamos tropas ni misiles rusos en Cuba.”

O Alexeí Arestóvich asesor del presidente Zelenski: “Hay un 99.9% de posibilidades de que el precio para Ucrania por entrar en la OTAN sea una gran guerra con Rusia.” Lo que es muy significativo puesto que si sabían con certeza que sus decisiones les encaminaban inexorablemente hacia la guerra y persistieron en su actitud ¿Pensaban realmente que podrían vencer? ¿Que la OTAN y occidente les protegerían? ¿O simplemente no les importaba ir a una guerra de consecuencias devastadoras? No sé cuál de las tres es más estremecedora.

Y se podría seguir adjuntando, hasta el infinito y más allá, opiniones, estudios y declaraciones de personajes de alto rango nada sospechosos de amor por Rusia. Pero si a esto le unimos la rusofóbia imperante en Ucrania; la guerra civil, donde la OSCE negó las denuncias de entregas de armas a los rebeldes de parte rusa; el no cumplimiento de los acuerdos de Minsk ante la indiferencia europea, cuando fueron garantes de los mismos; el auge del fanatismo nacionalista ucraniano; la financiación y entrenamiento por occidente de las milicias paramilitares ucranianas, aproximadamente el 40% de su ejército con unos 100000 hombres y culpables de numerosos crímenes contra la población civil desde 2014 como violaciones, torturas y masacres; las injerencias occidentales derribando gobiernos democráticos por no ser suficientemente pro occidentales; la aparición de revoluciones supuestamente espontáneas pero financiadas por países de nuestro benévolo, pacifista y dialogante entorno…

En estas condiciones decir que la guerra ha pillado por sorpresa a las cancillerías occidentales suena tan hipócrita y falso como la primera sinfonía de Augustus Josephus Borrellus. Pero la clave está en hacer creer a la sociedad que lo realmente importante es la paz y la justicia de los pueblos oprimidos. Occidente pasaba por allí y se encontró con todo el tinglado montado sin tiempo para reaccionar, pero aún así garantiza que hará todo lo posible para derrocar al oso ruso cueste lo que cueste. ¡Benditos líderes los que nos gobiernan! ¡Alabados sean en el ejercicio de su administración! ¡Y crédulos sean por siempre sus gobernados!

Para saber más sobre estas consideraciones sugiero el siguiente artículo.

Todo eso está muy bien pero nadie puede obligar a un pueblo soberano a aceptar que se le imponga su política ya sea económica, ya de seguridad, ya de cualquier otro tipo por presiones externas de otros países ¿Por qué los ucranianos no van a poder pertenecer a un bloque militar si así lo deciden libremente? Pues porque, por mucho que nos indigne, la independencia de un país es proporcional a la fuerza que tenga para ser capaz de imponer sus políticas. Y en el caso que nos ocupa, Ucrania si no quería la guerra debería haberse plegado a las condiciones que le exigió su vecino del este, pero parece que se sintió muy segura de las promesas que algunos líderes occidentales les ofrecieron sin saber que si algo les caracteriza es su conocida hipócrita doblez.

Por otro lado, aunque esto nos parezca vil, ruin y despreciable se nos olvida que Finlandia o Austria son países neutrales porque así se les conminó por parte de los vencedores de la segunda guerra mundial y no parece que por eso su seguridad esté amenazada. O cómo a Cuba se le instó a modificar su política de seguridad, previa amenaza de guerra nuclear, impidiéndole instalar misiles en su territorio, cuando esta acción no fue mas que respuesta a la instalación previa de similares misiles en Turquía, país que por aquel entonces era fronterizo con la Unión Soviética. Por favor, deja de contar historias de viejos, que estos son otros tiempos. Ucrania debe ser libre y nadie podrá doblegarlos porque la verdad triunfará.

Pues sigamos en busca de la verdad porque si con todo este maremágnum de categorías humanas no tuviésemos suficiente, todavía nos queda analizar al de los legalistas a ultranza: “Rusia ha invadido Ucrania ignorando la legalidad internacional. Punto. A partir de ese hecho no hay nada más que añadir.”

Pero para ello deberíamos ignorar que fueron las dos Repúblicas autoproclamadas de Donetsk y Lugansk las que el 23 de febrero solicitaron la ayuda rusa debido a los indiscriminados bombardeos ucranianos sobre la población del Donbass. El 24, Vladimir Putin invocando el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que prevé la asistencia militar mutua en el marco de una alianza defensiva da comienza a la ofensiva.

Pero dejándonos de legalismos debemos entender que las relaciones entre estados es mucho más pragmática que todo eso y por ello no podemos perder de vista como funciona la verdadera tectónica de placas internacional. Desde el origen de los tiempos las leyes internacionales no han sido más que una mera coartada de los más fuertes para imponer su voluntad a los más débiles. Es cierto que en tiempos de paz y bonanza aparentan ser la base de las relaciones internacionales pero en momentos de crisis o necesidad los poderosos no pueden constreñir sus necesidades a un marco tan rígido y poco adaptado a la resolución de sus problemas. Por ello, desde siempre los imperios se han movido en base a sus necesidades. La dinámica de los imperios no tiene nada que ver con la de los países y esto es así tanto para el Imperio Romano, mongol, ruso, otomano, español o británico. Los imperios resuelven sus necesidades sin rendir cuentas a nadie e imponiendo sus normas que más adelante serán legalidad.

En el siglo XX los imperios dominantes fueron los de la URSS y EE.UU. pero desde la desaparición de la primera quedaron estos como poder hegemónico, que ya sin oposición se dedicaron como buen imperio a hacer y deshacer a su antojo. Así vemos como Rusia no ha invadido ningún país desde la disolución de la Unión Soviética mientras que los Estados Unidos han invadido o derrocado regímenes en más de 50 países en el mismo período de tiempo, y mantenido más de 800 bases militares en países de todo el mundo, las cuales si las visualizamos en un mapa comprobamos como se encuentran estratégicamente posicionadas rodeando Rusia y China.

Teniendo estos conceptos claros podemos entender mejor el bombardeo en 1999 de Serbia por parte de la OTAN sin declaración de guerra ni mandato de Naciones Unidas, siendo Javier Solana Secretario General de dicha organización y Pedro Sánchez jefe de gabinete del Alto Representante de Naciones Unidas en Bosnia. Cayeron misiles y bombas durante 78 días seguidos, destruyendo infraestructuras, causando la muerte de 1500 civiles y provocando la división del país. También nos permite penetrar en las causas de la muerte de cerca de 70.000 civiles en Afganistán o disculpar las 200.000 de Irak sin el menor atisbo de dolor ni remordimiento en ningún rincón de nuestra sensible sociedad occidental. Sin manifestaciones en contra, sin odio, sin resquemor. ¿Será que el móvil con cámara no se inventó hasta hoy y por eso no pudimos ver desastres de guerras anteriores?

El problema es que el mundo sigue girando y los imperios deben estar vigilantes en todo momento para evitar el auge de nuevos competidores o el resurgimiento de antiguos en cualquiera de sus formas. Y es desde esta perspectiva como debemos analizar el conflicto, aparentemente de Rusia contra Ucrania, pero en realidad de Estados Unidos, utilizando a Europa como ariete y a Ucrania como excusa, contra Rusia. El primer objetivo estratégico es puramente clásico y consiste en provocar la descomposición rusa en pequeños e insignificantes estados independientes, al igual que los británicos hicieron con el imperio español, para extirpar de una vez por todas ese adversario que estaba empezando a construir peligrosos lazos comerciales con Europa, especialmente con Alemania, ya que aliados serían una fuerza capaz de poner en peligro la hegemonía estadounidense. En este contexto el oleoducto Nord Stream 2 era un objetivo a impedir a toda costa puesto que su apertura no solo habría atado Alemania a Rusia de manera irreversible sino que habría sido el comienzo de una relación comercial creciente. El problema es que comercio genera confianza, la confianza conduce a suavización de regulaciones y al trato personal y el trato personal genera amistad. Y los países amigos no albergan bases militares de un tercero con el fin de atacar a uno de ellos, ni tienen inconveniente en comerciar en sus propias monedas y no necesitan comprar bonos de otros países para equilibrar sus balanzas comerciales. En resumen, una alianza estratégica entre Alemania y Rusia es una oportunidad para la creación de una zona de libre comercio entre Europa y Asia con capacidad para poner fin al orden mundial unipolar de los últimos 80 años y favorecer el declive de Estados Unidos en su papel de única superpotencia mundial. Esto Washington lo sabe y no lo podía permitir, por ello, impedir la apertura del oleoducto para mantener a Alemania dentro de su órbita era cuestión de supervivencia.

Ahí es donde entra en escena Ucrania. Si se consigue provocar a Moscú para comenzar una guerra convencional, se tendría la prueba incontestable de que Putin es un agresor sanguinario en el que no se puede confiar y que representa una verdadera amenaza para Europa. En ese estado de cosas sería fácil moldear, por medio de la propaganda bélica más histérica posible que se pueda generar, a la opinión pública para que sea ella misma quien exija a sus gobernantes mano dura contra Rusia para que deje de ser una amenaza de manera definitiva. Jaque mate al oleoducto, a Rusia y al fin de cualquier atisbo de peligro a corto plazo contra el poder hegemónico y además demandado por la misma ciudadanía en nombre de la libertad y la justicia. ¿Podría alguien mejorar este plan?¿Puede existir plan más genial?

“La crisis en Ucrania no es sobre Ucrania. Se trata de Alemania, por Mike Whitney – The Unz Review” “https://selenitaconsciente.com/?p=314554

Pero si la legalidad lo es todo ¿Dónde se asienta todo ese conjunto de sanciones impuestas unilateralmente por los países occidentales? ¿No deberían basarse en resoluciones de organismos internacionales, en el derecho y ser proporcionales? Porque más parecen actos de guerra o venganza que de justicia ¿Cómo pueden países que no están involucrados actuar como si fuesen parte del conflicto? Tanto es así que el comportamiento de nuestros países asemeja más a verdadero actor bélico que a mediador interesado en conseguir la paz de este conflicto.

Porque como dice el ex agente de la CIA Bryan Dean Wright, Estados Unidos ya ha declarado la guerra a Rusia: “Entiendan que, en efecto, hemos declarado la guerra a Rusia. Hemos hecho tres cosas. Una, hemos paralizado su economía. Dos, hemos introducido todas estas armas. Y, tercero, esto no ha tenido mucha prensa. Estamos dando inteligencia táctica al gobierno ucraniano para poner una X en la frente de un soldado ruso y equipo ruso. Permítanme decirlo de otra manera. Nuestros espías y satélites están ayudando a los ucranianos a matar rusos. Por lo tanto, hemos declarado la guerra”

Ucrania lleva siendo una marioneta en manos de occidente unas cuantas decenas de años con el único fin de desestabilizar Rusia, sino ¿Cómo se entiende que en medio de una guerra a muerte el país invadido permita que la principal fuente de financiación de la guerra del país agresor pase por su país y no la destruya desde el minuto uno? ¿Un gaseoducto enviando gas a Europa desde Rusia pasando por Ucrania? Ahora ya conocemos hasta donde somos los europeos capaces de llegar por la paz y la justicia, hasta los límites de nuestra comodidad, una vez nos tocan esta se acabaron las bromas. ¡Bendita inocencia!

Y cuando creíamos que ya lo sabíamos todo conocemos de la existencia de ciertos laboratorios biológicos que directamente o son negados, restados de importancia o clasificados como cortina de humo para desviar la atención de la invasión. Parece que ya se nos ha olvidado cierta guerra desencadenada por cuestiones mucho más livianas que todo eso. Provocada por la simple sospecha de la presencia de armas de destrucción masiva. Era una auténtica falacia conocida desde el minuto uno por los mismos que la invocaban puesto que esas armas, esas supuestas armas existían, pero vendidas por los mismos que alegaban su posesión como delito. Sabían la cantidad, tenían las facturas, conocían su estado pero prefirieron ocultarlo y mentir con la amenaza de que iban a ser utilizadas contra población civil. Armas válidas para ser experimentadas en guerras lejanas para nuestro entendimiento y cercanas para las economías de los instigadores. Y al tiempo que los expertos comprobaban su eficacia en humanas cobayas desheredadas de derechos, los propietarios del copyright veían aumentar sus haciendas y sus honores en salones de postín. Y para cuando sus niveles monetarios comenzaron a menguar nos llegan imágenes satelitales de contenedores en pleno desierto y nos alertan ¡Armas biológicas,  armas biológicas! Y mientras Hollywood nos entretiene con la extrema seguridad de dichos laboratorios, nuestros gobernantes nos sacan de dudas cuando nos muestran un contenedor en el desierto a 50 grados a la sombra con un aparato de aire acondicionado y avisan ¡Peligro, contaminación biológica! El mundo al revés. El problema es que esa simple broma causará la muerte de decenas de miles de personas ajenas a todo estos manejos, y la destrucción de un país. Y como anécdota comentar que los únicos presidentes eliminados físicamente en todas estas guerras occidentales fueron el de Irak y el de Libia, los dos que habían iniciado la eliminación del pago de sus exportaciones de petróleo en dólares.

¿Pero de qué estás hablando, es que no has visto los bombardeos, los niños muertos, las víctimas civiles? ¿Cómo alguien en pleno siglo XXI puede defender la guerra? ¡Pareces un apologeta del caos y la sinrazón! Es cierto que la guerra es barbarie y destrucción como también es cierto que existe desde que el hombre es hombre. Por otro lado hay guerras y guerras y en el caso que nos ocupa, cualquier persona con un mínimo de objetividad puede observar como el número de bajas civiles es muy bajo comparado con otras guerras de similar factura. En estos momentos, cuando escribo estas letras (cuando usted lo lea, querido lector, estos datos estarán totalmente desfasados) el número de bajas rusas se estima entre 5000 y 6000 mientras que las civiles se estiman en unas 564 (fuente: defensayaviacion.info). Que hayan menos muertes civiles que militares del bando atacante indica que se está intentando minimizar por todos los medios las muertes entre la población civil y sólo hay que compararlo con las guerras de los estadounidenses. Ya el número de muertos rusos en las dos primeras semanas de conflicto supera las producidas en los combatientes en las guerras de Irak y Afganistán juntas mientras que el número de bajas civiles se contabilizaban por cientos de miles para cada uno de estos dos conflictos. Sólo hay que ver la proporción bajas civiles/bajas militares en cada caso para ver donde realmente se actuó desmesuradamente y donde no.

Pero si de brutalidad se trata no estaría de mas que alguien mencionara de vez en cuando, aunque sólo sea por vergüenza, las matanzas en Yemen, Siria, Etiopía, las atrocidades de Birmania contra los Rohinyás, las de Chad y Sudán y por visualizar alguno de los horrores que suceden por esos rincones del mundo mencionar a las milicias de Boko Haram que cuando entran en los poblados cristianos uno de sus métodos tradicionales para imponer su política consiste en violar a las mujeres y cuando acaban con ellas cortarles los pechos a machetazos para dejarlas morir desangrándose. O castrar a los hombres y cortarles las extremidades o matarlos con cualquier tipo de barbaridad ¿Te parece más cruel que lo de Ucrania, menos, igual? Si vieses eso por la televisión a todas horas ¿Crees que cambiaría tu percepción del conflicto? ¿Tienes remordimientos al acostarte por las noches al no saber nada? Lo curioso es que la guerra de Ucrania te pilla más lejos que la del Chad, Níger o Libia y según como evolucionen estas últimas, tu integridad física estará en mucho mayor peligro que con la de Ucrania y sin embargo aunque los amigos de la paz tienen mucho donde elegir, por desgracia para el resto de sometidos del mundo, siempre sale la misma bola en el bombo de las sanciones y lucha contra la injusticia.

Y hablando de honestidad, integridad y decencia también se podrían mencionar algunas situaciones del bando agredido que no parecen favorecer esa imagen angelical con la que nos lo venden, como la brutalidad de los batallones paramilitares ucranianos; los lanzamientos de bombas de racimo, prohibidas por los tratados internacionales, sobre sus propias poblaciones; la tortura y el maltrato sobre los prisioneros o el cierre de los corredores humanitarios pactados por sus propios dirigentes. Pero da igual, porque la verdad se impuso por decreto mucho antes de que Putin moviera un tanque y una vez se ha instalado en nuestros corazones, se integró en nuestra conciencia pasando a formar parte de la mitología occidental.

Pero en el colmo de la indecencia, la desvergüenza y la obscenidad podemos mencionar de pasada, sólo de pasada no sea que se nos caiga algún velo, esa barbaridad fomentada por la humanitaria UE de armar a los ciudadanos de forma aleatoria convirtiéndolos en combatientes, con el consiguiente efecto de convertirlos en objetivos potenciales. Además, sin mando y sin objetivos operativos, tal situación conducirá inevitablemente al ajuste de cuentas, al bandolerismo y a acciones más mortíferas que eficaces. La guerra se convierte en un asunto emocional y la fuerza se convierte en violencia. Esto es lo que ocurrió en Tawarga (Libia) del 11 al 13 de agosto de 2011, donde 30.000 subsaharianos fueron masacrados con armas lanzadas en paracaídas (ilegalmente) por Francia. Pero como siempre, nosotros, la civilización occidental, somos los buenos, el resto, prescindible.

Antes mencionábamos que Putin y Trump están unidos por el odio visceral que les tiene la población. Pero ¿Qué tienen en común ambos próceres? Y aquí llegamos al meollo de la cuestión, el principal aspecto estratégico de este conflicto. Porque en esta guerra no se lucha por un territorio, aunque así lo vendan, ni por dinero y mucho menos por cualquier valor ético o moral como pudiera ser la justicia o la humanidad. Aquí está en juego el más puro anhelo del hombre: el poder y la capacidad de modelar el mundo de esta u otra forma y dependiendo de quien gane el futuro tendrá una forma u otra. Por eso Trump y Putin molestan, por su frontal oposición a ese nuevo mundo al no permitir que en sus territorios se instalen esos nuevos valores morales que no son más que una excusa para poder hacerse con el absoluto control de la humanidad.

Cada uno lo hace a su manera, debido a sus fuertes personalidades y cada uno según sus intereses, determinados por sus políticas nacionales, pero ambos coinciden en su defensa de la familia tradicional, la vida, la ley natural frente a las ideologías de género pero sobre todo defienden la libertad individual del ser humano como pilar fundamental de la sociedad y esto es algo que los guías e ideólogos de ese nuevo futuro no pueden aceptar porque el núcleo de su doctrina se fundamenta en conseguir un hombre sumiso, dependiente y manipulable para que sea él mismo quien solicite ser salvado. Por ello hay que derribar, cueste lo que cueste, a esos dos líderes porque son el gran escollo para su implantación.

La primera batalla de esta guerra se libró en las elecciones norteamericanas y tenía como objetivo derrocar a Trump de su presidencia. La victoria cayó del lado del nuevo orden en unas elecciones más que dudosas con un coste ínfimo para el resultado final. El método era simple pero al ser la primera vez que se ponía en práctica no las tenían todas consigo. Después de manipular las elecciones, el proceso consistía en construir un relato de lo sucedido, por muy inverosímil que fuese, y difundirlo de manera unívoca y uniforme, sin fisuras, aprovechando el control total de los medios. Sería tan abrumadora la potencia de lo emitido, la cantidad y la intensidad que el ciudadano no tendría capacidad para salirse de la narrativa oficial, pero para ese pequeño díscolo porcentaje que estadísticamente es inevitable se tendría como segundo escalón de combate su censura de las redes sociales, o lo que es lo mismo, su muerte social, aunque del mismo presidente de la nación se tratase. Esto unido a una campaña de desprestigio con la identificación de todo disidente, sea cual fuese su origen, en el grupo de los conspiranóicos sería suficiente para convertir en verdad cualquier propósito imaginado. Lo fundamental, no permitir que enráice la más mínima duda ¿Les suena de algo esta técnica?

Así, cuando empiezan a producirse una inverosímil concatenación de sucesos ‘paranormales’, como que se pare el cuenteo de votos en un estado y al reanudarse aparezcan 200000 papeletas por correo destinados a un solo candidato, o que se inunde un centro electoral y cuando todo vuelve a la normalidad se ha invertido el sentido de los votos o cualquier otra anormalidad que por si sola debería haber puesto sobre aviso las alarmas democráticas de cualquier país, todo se va justificando con las más peregrina ocurrencia, pero que repetida hasta la saciedad por el cien por cien de los voceros no permite la aparición de la más mínima sospecha o incredulidad. ¿Las quejas de los afectados? Una prueba más de que todo es correcto ya que demuestra sus tics autoritarios y el poco respecto a la legalidad.

Y aquí aparece una verdad que debemos grabarnos a fuego si queremos intentar no perder nuestra libertad. Los medios de comunicación ya no existen, son verdaderas armas de destrucción masiva, el primer escalón del combate donde se persigue destruir la voluntad del enemigo, que es usted, querido lector. Por ello si quiere sobrevivir debe, desde ya, dejar de consumir esos medios; ya radio, prensa, televisión o redes… Son la primera línea de combate del enemigo y las encargadas de convertir en ‘verdad’ cualquier propaganda asequible a todos los entendimientos.

Pues bien, la segunda batalla tuvo forma de pandemia y todavía se está desarrollando y sin solución de continuidad ya tenemos un nuevo frente, el ucraniano y como podemos comprobar la maquinaria está cada vez mejor engrasada y funciona con mayor precisión y contundencia. Se puede invocar cualquier propósito por inverosímil que sea que toda la población a coro lo adoptará como dogma de fe: En nombre de la verdad, censuremos los medios disidentes ¡Sea! En nombre de la ley, impongamos sanciones ilegales ¡Adelante! En nombre de la paz, participemos en la guerra ¡Destruyamos rusia! En nombre de la justicia, no escuchemos los argumentos de una de las partes ¡Borremos su memoria! Y así se va modelando un relato oficial para satisfacción de la masa que lo adopta como propio. Las pequeñas muestras de oposición que aparecen sirven para ir localizando los grupos disidentes que batalla tras batalla irán cayendo hasta ser eliminados.

Este es el estado de la historia actual, hacia donde decantará, nadie lo sabe, pero tengamos seguro que el resultado de Ucrania tendrá importantes consecuencias, aunque estas aun no serán definitivas para ninguno de los bandos, porque el principal activo del mundo libre todavía no se ha puesto en valor, la resistencia. Es ese resto ingobernable que todavía está pendiente de su toma de conciencia y de si una vez adquirido el juicio, tendrá voluntad necesaria y ganas de victoria para enfrentarse a esa Hidra de múltiples cabezas.

Y aún después de tan larga perorata todavía alguien dirá: “Todo lo que cuenta está muy bien pero por apoyar a Putin es tan responsable como él de las muertes acaecidas” y ante eso simplemente exponer que soy tan responsable de esas muertes como de las producidas por las armas enviadas por el gobierno español a Ucrania, es decir, mi responsabilidad es nula. Ni el uno ni el otro han pedido a nadie opinión sobre las medidas que adoptaron por lo que difícilmente se puede tener responsabilidad alguna en sus acciones. Pero es que ni siquiera he presionado de manera alguna ni a Putin ni a Pedro Sánchez con manifestaciones o similares. Simplemente ejerzo mi derecho a opinar todo lo libremente que soy capaz sobre un tema de actualidad. Es como si se afirmara que por opinar favorablemente sobre la conquista de la Galia por Julio César o las de Alejandro Magno en Asia se fuese corresponsable de las muertes que se produjeron en las mismas.

Lo que yo afirmo en este largo artículo es que comprendo los motivos de los rusos. Luego cada persona reacciona de manera diferente ante unos mismos sucesos. Putin ha reaccionado de ese modo y él es el responsable de sus actos, no yo. Todos los humanos responderemos en un inevitable juicio final ante la Sabiduría, la Justicia y la Misericordia Divina. Yo responderé ante Dios por mis actos, del mismo modo que Putin lo hará por los suyos y usted, querido lector por los que haya cometido.

Sé que podría escribir un libro aportando datos y razones sobre los fundamentos de mis argumentos y aún así, para la mayoría de las personas que hayan iniciado la lectura de este texto, tanto las que han conseguido llegar hasta aquí como las que han abandonado en cualquier punto, la única razón inteligible de este farragoso escrito es que ‘apoyo a Putin’ todo lo demás son puros fuegos artificiales para tranquilizar o justificar mi conciencia.

Por ello no escribo para aportar nada a nadie porque sé de antemano que no valen razones cuando el interlocutor principia su discernimiento en informaciones destinadas a fomentar el sentimentalismo y la emoción, sino mas bien escribo para tranquilizar mi conocimiento poniendo por escrito mi saber y advertir si es lógico y fundamentado o irracional y caótico para de ese modo poder certificar si todavía soy un hombre libre porque como afirmaba Francis Bacon: “La soberanía de un hombre radica en su conocimiento”.

En todo caso nunca será posible una paz sin perdón. No hay paz sin justicia. No hay justicia sin perdón. Juan Pablo II

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El Ogro cabreado

Yo no puedo estar con Putin, un dictador que mata disidentes politicos, periodistas, y dios sabe a quien mas.

Pero esto no quiere decir que esté con Zelensky, ese monton de mierda, ni que sea ciego a lo que ha pasado en el donbass durante los ultimos 6-8 años

Putin la ha cagado. Ucrania lleva 8 años cagandola. La UE la ha cagado siguiendo su tradicion. EEUU la ha cagado tambien. No importa quien nos caiga mejor o peor, lo pagaran primero las victimas de la guerra, y luego el resto del orbe al que la crisis economica nos pasará por encima como un huracan.

Y ya saben quien se beneficiará, los de siempre: el NOM, los grandes fondos, etc.. esto es, los que promueven TODA esta mierda a traves de politicos titeres.

tronchacadenas
tronchacadenas
1 mes

Esto si es un Señor Articulo, y no el “infantilismo sensacionalista y manipulado” que ponen por televisión, datos hay unos cuantos, a partir de ahi cada cual puede sacar su conclusión, un articulo muy currado, enhorabuena.

Manu
Manu
1 mes

Impecable y bien documentado análisis sobre el llamado conflicto de Ucrania. Mi más efusiva felicitación por el artículo, y ni que decir tiene que comparto plenamente su contenido. Chapó!

Covadonga
Covadonga
1 mes

Yo también estoy con Putin, y lo tuve claro desde el primer día. Desde que era niña oía a mi padre hablar del acorazado Maine y supe del método USA para entrar en guerra sin casus belli. Trump tuvo un fallo, la cobardía, no se atrevió a presentar batalla por el fraude electoral del que fue víctima y además, su cobardía, lo llevó a atacar a España reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.

Dr.fin
Dr.fin
1 mes

Sigue escribiendo… y sobre lo que te apetezca, te leeré sobre cualquier tema…

Por cierto, estás invitado a unos vinos cuando te apetezca.

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