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OPINION

¡AYÚDENOS DOCTOR! – Fernando López-Mirones

  • Escrito por Fernando López-Mirones, biólogo y divulgador científico
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¡AYÚDENOS DOCTOR!

Un porcentaje alto de la población sigue disfrutando del permiso temporal que el NOM nos ha concedido antes del ataque final.

Cualquiera que haya hecho exámenes recuerda la pesadilla recurrente de soñar que lo que creíamos aprobado nos dicen que está suspendido ¿verdad? Es un sueño horrible.

Pues de eso se trata. Mientras la gente planifica sus viajes de verano y sus fiestas, están distraídos creyendo haber salido de una pesadilla que está a punto de volver pero multiplicada.

A tal punto es así, que se niegan a ver cómo muere gente a su alrededor por haberse vacunado. Se engañan a sí mismos justificándolo con viejas dolencias, accidentes (antes del accidente suele haber un infarto o desvanecimiento que lo provoca) o simple mala suerte.

Nunca vimos a tanta gente enfermar a nuestro alrededor de patologías diversas, pero hay un código de silencio entre los sanitarios y las familias.

Como siempre los guionistas del plan 2030 lo tenían previsto, por eso crearon un nuevo personaje de la trama: la Covid persistente.

Gracias a este concepto ficticio, todos los que han creído tener el virus imaginario porque padecieron una gripe, neumonía, catarro, sincitial o resfriado normales pero se hicieron un test que da positivo a todo esto, están convencidos de que lo que les pasa fue por esto y no por haberse metido 2 ó 3 dosis de ARNm sintético que ha alterado su organismo haciéndolo denenerar progresivamente.

Se ven casos increíbles de sesgo mental negando toda evidencia epidemiológica que dice que cuando las enfermedades y muertes se multiplican por 100 tras una inoculación masiva, se debe investigar a ésta en primer lugar como posible causa.

Se ignora toda evidencia científica y médica (que no es lo mismo) y se engaña a las familias con su propia colaboración.

No olvidemos que todos fueron a inocularse su propio veneno voluntarios, no olvidemos que su entorno los presionó y animó a hacerlo, por eso ahora callan.

Si uno indujo a sus padres, presionó a sus hermanos y llevó a sus hijos a inyectarse un experimento que sale mal, uno es culpable, o al menos cómplice de la enfermedad y muerte de ellos.

Por eso se quiere creer que no fue por eso.
Se está convirtiendo a la población en cómplices de asesinato que tratan de ocultar pruebas. Lo que hemos visto en tantas películas policiacas pero de forma masiva.

Quieren correr un tupido velo, por nada de mundo desean que nadie investigue para que no salga a la luz que ellos impidieron a sus propios hermanos purasangres ir en Nochebuena a la cena con todos, o a la casa del pueblo, o al cumpleaños del abuelo… todos lo saben, todos callan.

Esa sensación de culpabilidad es enormemente destructiva, quizá la más horrible herida del alma humana; el remordimiento corroe por dentro.

Por eso hay tantos sanitarios con depresión, en el fondo saben que han ayudado de forma activa a que cientos de miles de personas que no querían hacerlo se inocularan.

Les dijeron que era segura cuando en realidad no lo sabían. Les aseguraron que serían inmunes, no les informaron de los efectos adversos graves ni del riesgo de muerte. No quisieron leer los estudios, datos y publicaciones que los peligrosos negacionistas nos empeñábamos en enseñarles.

Además colaboraron en discriminar, insultar y maltratar a los que quisieron advertir de que lo que esta pasando pasaría.

La estrategia del avestruz, enterrar la cara en la arena para no ver.

Pero en el fondo, todos ellos saben a estas alturas que hicieron mal, no lo repetirían, pero tienen miedo a perder sus trabajos y siguen el relato rezando para que todo acabe.

La única opinión que realmente los consolaría sería confesar, sería ayudar a la disidencia, sería tratar de compensarlo informando y luchando ahora por la humanidad.

Invito a todos los sanitarios que nos lean a que se liberen de la culpa, que reconozcan que los engañaron con su colaboración; se sentirán mucho mejor y nos harán un gran favor a todos.

Su silencio, ahora, si que es un acto de maldad deliberada.

Si ya sabe lo que está pasando debe hacer algo.

Podemos admitir que hace un año se lo creía, eso se puede perdonar, pero no hacer nada ahora con lo que está viendo en los hospitales y consultas no le deja otra opinión honesta que no pase por ayudar a descubrir la verdad.

Si el testigo de un crimen no lo denuncia, se convierte en cómplice y será condenado casi igual que el asesino.

El silencio no es una opción.

Júntense, organícense en los hospitales, escriban manifiestos, informes ¡hagan algo por el amor de Dios! ¡Hoy, ya, esta misma mañana!

O al menos dennos armas a los que luchamos, aunque lo hagan desde la sombra, ayúdennos, aunque sea por privado, dennos pruebas para denunciar.

Somos un gran equipo los que ya estamos señalados, no tenemos nada que perder. Hay excelentes abogados, médicos valientes que desde el principio no tragaron, biólogos sufriendo acosos de sus propios colegas hipnotizados, periodistas que se la juegan, militares y policías luchando dentro…

Le necesitamos, si es médico mucho más, porque ustedes están viendo los efectos adversos en primera línea y sin ustedes esta gran estafa no podría avanzar.

Nos van a cerrar el cerco pronto, nos van a vincular el dinero a las vacunas, nos van a joder la vida ¿no van a hacer nada hasta que sea tarde?

Hay muchos pecados que pueden ser perdonados, pero el que más cuesta es el de ser un cobarde por dinero.
Un aullido.

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Durga
3 meses

Me recuerda el cuento de como cazar jabalies.. es sencillo aunque lleva su tiempo…lo traigo a colación porque es lo mismo que han hecho al genero humano, han tenido una paciencia de siglos…ya es tiempo de recolectar, pero ahora no vienen a por unos cuantos no, sino vienen a por todos, los arcontes siempre han dominado al humano a través de los brujos y los sacerdotes, siempre los han tenido engañados pero ahora con esta encerrona mucha gente que se hubiera mantenido en la Luna de Valencia por milenios se ha despertado. ja,ja,ja… toda la razón el maestro Fernando pero creo que este desastre nos está enseñando y como nunca antes una lección que transciende pues ya no es solo de vida sino más bien de y para el espíritu, esto de ahora no es lo único que hemos vivido ni lo que viviremos, pero existe un despertar masivo en el mayor sufrimiento pues es la única salida para los seres humanos que todavía albergamos almas, como en una novela de Samuel Beckett (Malone muere) cuando no existe salida física no queda más remedio que la salida espiritual.

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