OPINIÓN

«Una exhibición burda e infantil de arrogancia pueblerina» – La opinión de Patxi Lázaro

UNA EXHIBICIÓN BURDA E INFANTIL DE ARROGANCIA PUEBLERINA

5 de mayo a las 8.45 de la mañana. Estación de metro Indautxu, en pleno centro de Bilbao. Al final de las escaleras mecánicas una pareja de policías municipales, desmotivados y tristones, aborda al azar a los usuarios -en su mayor parte oficinistas, estudiantes de euskaltegi o amas de casa que van a la compra- para preguntarles de dónde vienen y otras estupideces por el estilo. A veces piden los documentos de identidad, a veces no. Y así se pasan las primeras horas de la mañana. Mientras subía a la superficie, pude ver a uno de los agentes descendiendo por la escalera mecánica con uno de los vigilantes de Metro Bilbao, posiblemente para arreglar algún trámite de orden en las dependencias administrativas de la estación.

A solo cuatro días del final del Estado de Alarma, con una situación de normalidad casi total en las calles y una curva de infecciones en descenso, el ejecutivo vasco redobla la presión sobre la ciudadanía con objetivos que no parecen del todo claros, salvo por la necesidad de transmitir una idea de firmeza meramente escénica. Interesa ir calentando músculos de cara a la próxima batalla judicial. Tras el día 9, todos los asuntos relativos a mascarillas, cierres perimetrales, limitaciones de horario en bares y restaurantes y toques de queda se resolverán mediante recursos ante el juzgado. Y lo que estos no puedan dirimir -que serán la mayor parte de los casos- se endosarán al Tribunal Supremo.

Tal es el caótico estado de cosas al que nos conducen la irresponsabilidad del presidente Sánchez y la incompetencia de los líderes autonómicos. Recordando cómo era cuando Urkullu asumió su primer mandato, hace unos cuantos años, y viendo lo que es ahora, no hay quien le reconozca. Tras apartarse del curso de realismo político y moderación que siempre caracterizó su hacer, y echando por la borda una imagen positiva duramente ganada a lo largo de los años, incluso entre aquellos sectores de la ciudadanía que no se identifican con el ideario de su partido, no le duelen prendas a la hora de enzarzarse en una lucha personal contra el gobierno de la Nación por razones no demasiado bien entendidas de prestigio, inercia burocrática y tactismo partidista de bajo nivel.

Urkullu debería haber aprovechado los pocos días que faltan antes del final del Estado de Alarma para organizar la transición de la sociedad vasca a la normalidad post-Covid. En lugar de eso, prefiere hacer lo mismo que hizo Ibarretxe en el viciado entorno político de sus últimos años: enzarzarse en un absurdo torneo de soka-tira con poderes que le superan en fuerza institucional, recursos y conocimiento de la situación. Con la diferencia de que Ibarretxe, pese a su propensión a la temeridad y contrariamente a lo que hace el actual Lehendakari, jamás habría permitido que sus subordinados de Interior arruinasen la imagen pública de un ejecutivo vasco con una demostración de autoritarismo tan groseramente aldeana y cazurra como la que cierra este ciclo histórico del Covid-19.

5 COMENTARIOS

  1. Sus ojos tristes nos indican que está siendo forzado a ejecutar lo que nunca hubiera imaginado tener que hacer, me da igual, nunca más le creeré, que se fastidie.

  2. Es lo que tiene ser un KATETO mental programado por los JESUITAS, obedecer al NWO al toque de tamboril.
    El problema es que tras 40 años infectando las instituciones, la mafia del batzoki tiene una estructura de barrigas agradecidas difícil de desmontar.

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