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OPINION

LA BATALLA DE LA VIDA – José Miguel Ruiz Valls

LA BATALLA DE LA VIDA

Hace miles de años, los sacerdotes judíos inventaron un concepto muy perturbador, al exigir, a cada ciudadano, el diez por ciento de todos sus ingresos. Ese concepto es “el diezmo”, que luego copiaron los cristianos y también los musulmanes, que lo llamaron “zakat” (Si bien se diferencia en el hecho de que los musulmanes deben dedicar a los pobres, al menos una parte, y los cristianos no: En España, el propio clero decidió que el diezmo se dedicara a levantar templos y palacios, a cubrir los gastos de personal eclasiástico y a aumentar el peculio de la iglesia, imponiendo a los insumisos la pena de excomunión, eso es, privando del cielo a quién no paga en la tierra). Cuando la iglesia vendía a un laico ese derecho a extorsionar, pasaba a llamarse “diezmo feudalizado”. Supongo que, algún lector sagaz, habrá adivinado ya, que estamos hablando del origen del impuesto sobre la renta.

Pero el concepto abarca mucho más. La Real Academia de la Lengua nos dice que “diezmar” es pagar el diezmo a la iglesia (Y por extensión, al poder civil que compró ese derecho) pero también nos dice que diezmar es “Causar una gran mortandad en el país” y “Castigar a uno de cada diez delincuentes cuando estos son multitud”. ¿Qué tipo de delito requiere multitud de delincuentes? ¿En que delito es imposible aplicar un castigo a todos los que lo cometen? ¡La insumisión!

La historia “oficial” nos cuenta que los generales romanos intentaron contener, mediante el diezmo, a sus legiones insumisas. A tal fin, elegían, al azar, a uno de cada diez legionarios y obligaban a los otros nueve a matarlo a palos. Así pretendieron “fomentar la disciplina”. Su intención era, que tal castigo, tuviera un “efecto ejemplarizante” (Como exponer ante la “opinión pública”, cada cierto tiempo, a algún futbolista evasor) pero no les funcionó muy bien, según confesó el emperador Mauricio, al observar que el diezmo provocaba, más que temor, resentimiento hacia los superiores.

No voy a hablar del alborozo que me producía pagar la renta, cuando la pagaba. Sí diré, que mientras aplicaron la primera parte del concepto (la contribución económica), el “resentimiento” fue más o menos llevadero (Aun sabiendo que gran parte del dinero que me arramblaban lo dedicaban a sus vicios) pero cuando les dio por aplicar la segunda parte (la contribución personal), ¿Qué podía hacer sino “ponerme en mi sitio”, luchar por mi vida? ¿Qué alternativa hay? Conozco a personas que se plantaron en la primera, otros en la segunda y otros en la tercera; y también conozco personas que, seguramente, permitirán que les inyecten la cuarta. ¿No te ha pasado alguna vez, que al ponerte en tu sitio, después de aguantar presiones por un tiempo, pensaste ¡Lo que me habría ahorrado de haberme plantado antes!?

Para poder llevar a cabo el diezmo, los dirigentes romanos debían aislar a las cohortes que pretendían diezmar, y eso hicieron con nosotros nuestros dirigentes: aislarnos e intentar, por medio de ingeniería social, que nuestros propios vecinos, y hasta nuestros propios familiares, nos molieran a palos. Eso ya no les salió como esperaban. Puede que “covidiotas” haya muchos pero “covimalvados” no hay tantos. Ahora les toca pechar con los “efectos secundarios” de sus vacunas. ¿Cuántos morirán por su culpa? ¿Uno de cada diez? No podemos saberlo aún porque ni siquiera evaluaron los efectos a medio plazo pero sí se puede decir, a día de hoy, que han causado una gran mortandad en el país. ¿Puede ser la muerte un efecto secundario? Cuando me planteé tal pregunta, no vi más opción que la insumisión. Me convertí en “delicuente”, sí, pero fue por puro amor a la vida. Ahora solo espero que pronto seamos multitud y les resulte imposible castigarnos.

José Miguel Ruiz Valls

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Betsy
Betsy
4 días

Infinitas gracias por contagiarme tu amor por la vida, mi amor.

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