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OPINION

La eterna serenidad – Enrique Santo

  • Escrito por Enrique Santo
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La eterna serenidad

“No oponerse al error es aprobarlo. No defender la verdad es negarla.” Santo Tomás de Aquino. Pero bueno, ¡Qué sabrán esos medievales!

Estimado señor Yanes, he leído con mucho interés su artículo “Hay un vínculo entre ‘conspiranoia’ y trastornos mentales, y no puede seguir ignorándose” publicado el 

30 de abril del 2023 y me gustaría compartirle la impresión que me ha dejado.

Al inicio suponía que pretendía refutar definitivamente los absurdos principios del delirante mundo conspiranóico y paranoide en algunas de sus principales causas, como pudieran ser los chemtrails o la herejía pandémica, para ilustrarnos de manera categórica cuales son los incuestionables fundamentos en las que se asienta la ciencia verdadera. Pero repentinamente da un giro copernicano a su exposición y procede a desvelarnos las conclusiones de los últimos estudios psicológicos, por supuesto, siempre basados en la ciencia como no podría ser de otra manera, sobre lo que usted, biólogo y doctor en bioquímica y biología molecular, denomina ‘conspiranóicos’ y nos ilumina sobre las principales características de tales especímenes pensantes.

Así nos revela que ‘Un estudio neerlandés de 2021 comparaba el pensamiento conspirativo con los delirios paranoides’. Y sin poner en duda conclusión tan erudita y trabajada debo admitir que seguimos tan ojipláticos como antes de conocer dicha publicación puesto que al no definir el concepto ‘pensamiento conspirativo’ en tal acepción entraría desde el enfermo mental al crítico con lo aparentemente verdadero o el aficionado a llevar la contraria. Es decir es un saco donde cabe todo y por ello como usted bien indica ‘decir que “todo es” es equivalente a decir que “nada es”.’

Y tengo que confesarle que al tiempo que iba avanzando en sus razonamientos me empezaba a entrar ese regustillo de método ya conocido como pudieran ser la teoría marxista de la biología, donde la naturaleza debía plegarse a principios materialistas previamente revelados o esas leyes nazis sobre la raza donde se nos ilustraba con todo el rigor académico sobre la justificación de la superioridad de unos sobre otros. Todas ellas teorías tan científicas y oficialistas como las que últimamente estamos acostumbrados a soportar pero tan ciertas como el vuelo del dragón, las teorías eugenésicas victorianas o el poder sanador del pisotón del buey almizclero.

Después pasa a divagarnos sobre la opinión del vulgo respecto a los ‘conspiranóicos’, qué si son esto o lo otro y para no caer en diagnósticos ligeros, desinformados o gratuitos nos recomienda ceñirnos “a lo que dice la ciencia,” “si no queremos caer en el mismo error de quienes criticamos.” Y ¿Quiénes son los científicos que se van a encargar de ilustrarnos? Pues una “infinidad de psicólogos, psiquiatras y científicos sociales que llevan años profundizando en el pensamiento conspiranoico, estudiándolo, analizándolo y diseccionándolo con el propósito de comprender cómo funciona.”

Pues bien, esos mismos especialistas que sirven para estudiar el comportamiento humano son, entre otros, los que fabricarán ese metalenguaje, herramienta fundamental de ingeniería social de control, que luego se utilizará para estigmatizar a todo aquel que ose manifestarse contra el relato oficial, porque quien sabe utilizar el lenguaje controla las masas. El lenguaje es la base del pensamiento. La lengua es la base de los procesos cognitivos, necesitamos la lengua para pensar, recordar, relacionar, estructurar nuestro pensamiento y entendimiento (1). Así según sea la lengua serán nuestros pensamientos por lo que si condicionamos y controlamos el lenguaje dominaremos la voluntad de los individuos, tal que sin estos sentirse sometidos actuarán como implacable y dogmática fuerza de choque encargándose de propagar, difundir y hasta imponer, sino es posible voluntariamente, sus programadas ideas. 

Entonces según las necesidades aparecerá ese mendaz pero preciso término capaz de ser utilizado por el más analfabeto de los ciudadanos pero que con la fuerza de toda la masa social que lo respalda, su sola pronunciación es motivo suficiente para estigmatizar y desacreditar al más erudito y docto de los disidentes. Da igual el razonamiento, el argumento o la lógica de la proposición, todo es arrinconado hacia el vacío intelectual por esa muchedumbre defensora de las ideas oficialmente establecidas. Y del mismo modo que en el renacimiento al grito de ¡Es una bruja! se quemaron decenas de miles de personas en la protestante Europa, hoy al rugido de epítetos como ‘conspiranóico’, ‘antivacunas’, ‘negacionista’ o ‘terraplanista’ se intenta extirpar la masa social cancerosa que pone en peligro la salud de todo ese supuesto ‘cuerpo sano’.

Pero ¿Cómo sucede todo esto? Pues principalmente pervirtiendo la realidad al asociar el concepto ‘verdad oficial’ con ciencia y ciencia con verdad absoluta. De ese modo obtenemos un silogismo perfectamente engarzado, y toda aseveración del dirigente de turno o cualquiera de sus funcionarios se convierte en dogma irrefutable, tan irrefutable que ni siquiera se pone en duda el argumento que nos ha conducido a tal situación. La cuestión es que esa filosofía es falsa de toda falsedad. Ciencia no es sinónimo de verdad, sino de búsqueda de la verdad, y para muestra dos botones.

En 1687 se publicaron los ‘Principia Mathematica’ de Isaac Newton que con sus tres leyes de la mecánica junto a la ley de la gravedad conformaron el pensamiento no sólo científico sino filosófico e incluso teológico y moral de occidente al concluir que vivimos en un universo determinista y por lo tanto predecible, puesto que conociendo el estado inicial de un sistema de modo preciso, entonces el estado en otros instantes (antes o después) se puede calcular a partir de las leyes de la mecánica. Esta premisa llegó a convertirse en un artículo de fe (y esto no lo digo yo, sino el mismísimo Max Born en su discurso de aceptación del Premio Nobel en diciembre de 1954), tanto es así que fue el principio filosófico básico para todas las ciencias exactas durante más de doscientos años.

Sin embargo, ese determinismo fue revocado por el matemático francés Jules Henri Poincaré en su estudio ‘Sobre el problema de los tres cuerpos y las ecuaciones de la dinámica’ de 1890 y por la aparición de la mecánica cuántica con el principio de incertidumbre de Heisenberg. Más adelante, en 1917, se derrotaría también el absolutismo gravitatorio con la formulación de la teoría de la relatividad de Einstein donde se afirmaría que la ley de la gravedad de Newton podía fallar en aquellas circunstancias en las que la fuerza gravitacional fuese extrema.

Y esto nos lleva al segundo botón porque la teoría de la relatividad general predice que el Universo nació en un punto infinitesimalmente pequeño, una singularidad conocida como ‘Big Bang’. Porque hasta ese momento se pensaba en el Universo como infinito y eterno y así lo afirmaba el premio Nobel de Química Svante Arrhenius, el cual en entrevista concedida en Estocolmo en 1916 afirmaba entre otras cosas lo siguiente:

“El Universo no es sólo infinito y uniformemente poblado de estrellas y nebulosas, sino que también ha existido eternamente y, a gran escala, de la misma forma aproximada que observamos hoy.”

“Quizá usted piense que mi creencia en el Universo infinito no es más que una fe, y acaso lo sea en el sentido de que no se puede probar por la observación. Pero le aseguro que esa «fe» mía tiene un fundamento científico. Espero que le quede claro.”

“Toda nuestra comprensión de la naturaleza se basa en los principios fundamentales de la indestructibilidad de la energía y de la materia. Pero si el Universo empezó a existir de algún modo hace un periodo de tiempo finito, o si cesa de existir dentro de un tiempo finito, estos principios se violan y hemos dejado de hacer ciencia. No puede ser de otra forma. La noción de un Universo temporalmente finito pertenece a la religión y a la creencia supersticiosa, es simplemente no científica.”

A alguien hoy con ideas de ese tenor ¿Se le permitiría impartir docencia siquiera en colegio de infantes? Y sin embargo esa era la ciencia hace cien años. Comprobamos cómo hasta las teorías más sólidas eran cuestionadas y cómo los científicos más prestigiosos estaban abiertos a error y sin embargo eso no ha sido óbice para que los nuevos amos implementen una nueva ciencia basada en ruedas de molino que aplastan toda duda y destruyen cada pensamiento audaz porque ‘La Verdad’ ahora es subjetiva y sometida, para evitar la infectación de esas otras verdades cimentadas en pruebas imposibles de falsificar.

Así se prohíbe dudar pero para poder conseguirlo lo más efectivo es convencer a esos insólitos dudantes que sus preguntas son inapropiadas y para ello qué mejor que un ejército de doctores y licenciados apatrullando las calles del conocimiento, localizando fanáticos y marcándolos con la nueva estrella de David, la profética marca de la bestia, cristalizada en esa clasificación semántica que iría seguida de la muerte virtual y profesional si procediera, a la espera de futuras tarjetas identificativas, estas sí, ya físicas y personalizables. 

Aquí la cuestión es que la duda jamás podrá ser extirpada de la mente humana a menos que se modifique la especie con esa ciencia alquilada, pero dejando hipótesis aparte, el verdadero drama de toda esta batalla es la existencia de esa recua de licenciados lacayos e intelectuales que por miedo, interés o un simple plato de lentejas se han convertido en colaboradores necesarios y brazo ejecutor de la desalmada tiranía. Y es un drama porque es imposible que no conozcan un mínimo de filosofía del conocimiento, por lo que actúan a sabiendas y sin el menor remordimiento, convirtiendo esa ciencia de alquiler en arma de destrucción masiva, que somete y extirpa toda forma de dilema intelectual y aportando como única prueba de veracidad, la fe en su mera extensión mediatica. 

Y como tienen el poder de retorcer la ciencia hasta conseguir demostrar la más burda e insólita de las hipótesis, no tienen escrúpulos para afirmar que la posibilidad de que mi mente esté desequilibrada es mucho mayor que la del resto de la humanidad simplemente porque pienso y diferente, aunque hablase cinco idiomas, tuviese tres carreras, dos doctorados y un premio Nobel. Pero si no pensase y sí aceptase sus conclusiones o pensase pero concluyese afirmando sus ideas aunque padeciese Síndrome de Down sería uno más de su grupo ¿Puede alguien afirmar tal sarta de barbaridades, llamarse doctor y no caersele la cara de vergüenza? Tales, democrito o Platón serían hoy unos inadaptados.

El problema es que la fe ciega en la autoridad es una característica de las sectas, no de la ciencia. Pero esto no va de ciencia, ni de verdad, no va de seguridad , ni solidaridad. No va de respeto, convivencia ni libertad, sino de todo lo contrario. Va de imposición, de sometimiento, de leyes autoritarias y del control total de la sociedad y para cuando estos intolerantes se den cuenta ya será demasiado tarde.

El primer paso para la construcción de este demoníaco edificio ha sido el más difícil, tanto que ha llevado más de dos mil años alcanzarlo pero ya está prácticamente conquistado y consistió en el exterminio de la idea de Dios, lo cual excepto por la existencia de unos pequeños grupos de fanáticos impenitentes cada vez más aislados, está prácticamente conseguido. Y es importante porque como decía G. K. Chesterton: “Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo.” Así de este modo, esas satánicas majestades entretienen a sus seguidores difundiendo ideas de efímera libertad. Y como ese noble echando monedas al suelo mientras la plebe lucha por conseguir una, así, cual monedas, se lanzan decenas de posibilidades para un hombre que se embarca en conquistas y se esfuerza por la aceptación de sus cada vez más peregrinas utopías. Y mientras, ellos van avanzando en la consecución de su nuevo orden, donde el planeta será el jardín de unos pocos, para el resto; alimentos 3D, entretenimiento con todo tipo de robots y fantasías virtuales de IA proporcionando cualquier ensueño, aventura y experiencia que se pueda imaginar, una habitación de 10 metros cuadrados con cama y aseo incluídos y una paga mínima vital para satisfacer ese mínimo de servicios necesarios. No tendrás nada y serás feliz. Nunca sometimiento alguno fue pregonado por sus sometidores con más claridad en la historia de la humanidad.

Pero no nos estanquemos y avancemos en el conocimiento del mundo que nos rodea porque nuestro insigne doctor nos adelanta la utilidad de ese vocablo llamado ‘ciencia’ tan afectado por los tiempos que nos ha tocado vivir. Así en otro artículo suyo: “La ciencia nos complica la vida. Y eso es bueno.” del 24/1/23 nos revela que:

“Pero hete aquí que la ciencia descubre, primero, que hay tres clases de fenotipos relacionados con la determinación sexual: el sexo (caracteres primarios, los genitales), la sexualidad (orientación sexual) y la identidad de género (autopercepción).”

Así nos dice que respecto a la determinación sexual obtenemos diferentes sexos, sexualidades e identidades de género en base a los genitales, la orientación sexual y la autopercepción. Según se desprende de sus palabras, la biología parece convertirse en una especie de ‘ciencia de las excepciones’, donde encontramos gran variedad de singularidades saltándose sus propias regularidades y produciendo especímenes de todo signo y condición. Y como quien no cree en nada pasa a creer en todo, junto al transexualismo aparece el transracialismo, el transajeismo, el transespecismo o el transableismo esperando nerviosamente la aparición de ese nuevo ‘ismo’ para ver si este sí, se adapta a alguna condición desconocida en nuestro desamparado ser.

El fundamento de todos estos nuevos fenotipos observados se sustenta en aceptar la autopercepción como parámetro científico, lo que separa la biología humana del resto de la vida terráquea, al ser la única especie capaz de autopercibirse, por ahora. Antiguamente, la ‘ciencia clásica’ decía que el fenotipo, el conjunto de los rasgos visibles de un ser vivo, ya el color de ojos, ya la forma de una flor o la propensión a padecer una enfermedad, se determinaba a partir de su composición genómica (genotipo) y los factores ambientales. La ‘nueva ciencia’ sin negar lo anterior y en base a los resultados de las ‘últimas investigaciones’ ha dejado obsoleta tal concepción afirmando que la autopercepción es el factor dominante en la determinación del fenotipo por encima de los cromosomas o los factores ambientales. Basta con desear algo para que se cumpla.

Lástima que esto contradiga dos mil quinientos años de civilización occidental porque desde el principio de los tiempos existen dos principios trascendentales que son fundamento y base sobre los que se ha construido todo nuestro pensamiento. Así el principio de no contradicción nos dice que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y el principio de sustancia afirma que todos los entes tienen una naturaleza inherente y propia que hace que sean lo que son independientemente de la voluntad, pensamiento, capricho o deseo. De ese modo, una mesa siempre será una mesa sin importar el uso que se le de. Podrá ser redonda, cuadrada o triangular, tener tres o cuatro patas y ser de un color u otro pero si se me ocurre decir que como tiene cuatro patas, un lomo y la puedo acariciar la voy a utilizar como mascota eso no cambiará nada la naturaleza del objeto, sigue siendo una mesa. Por mucho que me empeñe en usarla para otros menesteres nunca dejará de ser lo que es, una mesa. Pero ¡qué es la filosofía frente a la científica verdad! vanas palabras, ideas que se lleva el viento.

El problema es que por mucho que intentemos desembarazarnos de ella, está se empeña en importunarnos con sus axiomas y fundamentos y así declara que esa percepción biológica parece puro señuelo, engaño para seducción de ingenuos mentales puesto que no pasa de constructo intelectual, pura apariencia. En esencia es hija del racionalismo al negar los sentidos y sostener que las ideas son las constructoras de la realidad. No hay datos externos que justifiquen las proposiciones, sino que estás se conforman a partir de formas propias y contenidos inherentes al aparato intelectual de cada individuo.

Y como vimos, estas ideas subliman en la autopercepción, la manera como cada uno interpreta y entiende sus propias acciones y experiencias. Es la forma en que nuestra mente procesa la información sobre nosotros mismos y, a partir de ella, construye nuestra imagen y opinión personal.

Y esta imagen pasa a convertirse en realidad física de modo que es ahora nuestra conciencia la que determinará nuestra biología, nuestra mente la que establece y precisa lo que somos por encima de la naturaleza. Pero ¿Cuál es el límite de la mente? ¿Cuál la frontera entre realidad e imaginación, entre salud y enfermedad? ¿Una persona anoréxica es una persona obesa a la que el resto del mundo ve delgada o una enfermedad mental? ¿Es el transableismo, la capacidad de adaptar nuestro cuerpo por medio de mutilaciones, un fenotipo fruto de un ideal o una enfermedad diagnosticada como ‘Trastorno de identidad de integridad corporal’? ¿El transgenerismo es una persona en un cuerpo equivocado o una enfermedad denominada disforia de género?

Por otro lado, cuando en una persona coincide su autopercepción con sus genitales ¿El sexo es definido por la autopercepción o por los genitales? ¿Por qué la autopercepción va a ser sólo dominante cuando no coincide con el sexo aportado por los genitales? Si una persona es fluida y tiene la capacidad de variar su autopercepción ¿Su sexo no va a estar modificándose con sus mudanzas intelectuales y por ello con su autopercepción? Entonces deberíamos concluir que los genitales nunca han sido el factor determinante del sexo. La ‘biología clásica’ desde tiempos inmemoriales ha confundido sexo con genitales porque antiguamente; o la autopercepción, debido a limitaciones del autoconocimiento coincidía casi exclusivamente con el sexo genital; o porque la autopercepción estaba reprimida y no llegaba a expresarse, pero una vez la ‘ciencia moderna’ nos ha desenmarañado este arcano hemos podido avanzar a una sociedad más verdadera, libre y tolerante.

Y aunque esos irreductibles conspiranóicos intentasen aceptar como verdaderas dichas conclusiones, siempre conservarán ese remanente enfermizo en sus mentes que los sigue autoflajelando con cuestiones menores como ¿dónde se le pone el límite a la autopercepción? O mejor dicho ¿la autopercepción tiene límites? porque ¿qué es más difícil cambiar de especie o de nacionalidad? ¿Cómo es posible que con ir al registro civil, se acepte por la palabra del requiriente, un cambio de género y no se permita por la misma norma a un marroquí nacionalizarse español si así se siente? ¿Qué es más difícil, cambiar la edad y entrar de nuevo a la guardería con cincuenta años o aceptar a un palestino como miembro del mossad si descubre su particular autopercepción? No sé, debo estar muy mayor pero no se me va Aristóteles de la cabeza.

Pero no se vayan todavía que aun hay más. Y así como a todo ying le sigue su yang; a toda cara, su cruz; a todo racionalismo le sucede su empirismo. Ya vimos como el concepto de percepción aplicado a las ideas desembocaba en todos los tipos de géneros posibles. Ahora enfocando la percepción hacia el exterior, hacia lo sensible y abriendo los sentidos a ese universo de experiencias, descubramos todos los tesoros que estas nos pueden ofrecer, porque una vez creada la identidad, a esta le deben seguir esas vivencias que confirmen y verifiquen nuestra autopercepción pero para ello es necesario aceptar como reales las manifestaciones de nuestros sentidos y por ello, como Hume, afirmaremos que todo nuestro conocimiento deriva de las experiencias sensibles, de las impresiones.

Así, si vemos que al introducir un palo en el agua, este se dobla, lo creeremos, aunque ciertas leyes físicas deducidas a partir de datos empíricos se empeñen en lo contrario y si nuestro tacto y visión nos sugieren que la materia es continua así lo consideraremos por mucho que se indigne la cuántica mecánica. La paradoja aparece cuando esa ‘ciencia imposible’ que predica la autenticidad, del ser creado por la autopercepción, es negada por las consecuencias de la percepción creadora de todas las cosas. ¡Pero quiénes somos nosotros para negar las evidencias de la ‘nueva verdad’!

De este modo, los sacerdotes de la religión del sinsentido se han apoderado del árbol de la sabiduría ofreciendo sus alocados principios a todo aquel que se acerque de buena fe. Doctores del saber capaces de recorrer el mundo para hacer un acólito y una vez que lo tienen lo condenan a sus ensoñaciones. Entonces, sin darse cuenta, el filósofo aparece rodeado de locos, enajenados e insensatos que buscan encerrarlo en sanatorios para cuerdos. La lógica es pasado, el mundo es del soñador de percepciones; ahora sirena; ahora alumno de guardería, y donde las cenizas permitidas de esa ‘ciencia clásica’ sólo sirven ya de utilitaria herramienta para modificar cuerpos y mentes en sueños imposibles.

Pero no quiero ponerme melancólico y consternar a los pocos lectores en este punto con futuros inmediatos, aunque ya puestos, no estaría de más recordar algunos de los motivos por los que hemos llegado a esta situación y aprovechando la presencia de un doctor de la sabiduría, me gustaría bosquejar ciertas cuestiones de esos tiempos llamados de pandemia, origen de la aparición de esa epidemia de ‘trastornados mentales’ por si pudiese ayudar a la infinidad de psicólogos, psiquiatras y científicos sociales que llevan años estudiando el problema, a establecer alguna relación entre hechos, trastornos y conspiración, porque no es posible tratar una enfermedad sin conocer sus causas, sus efectos y métodos de trasmisión. Quizás contribuyamos a sanar aunque sólo sea a uno de esos proscritos de sí mismos ayudándole a deshacer el hechizo que lo prendió y sea capaz de captar la luz de la nueva ley y sus profetas, orientándose hacia esa claridad tenebrosa que todo lo envuelve y supera. Porque veamos:

  – A un medicamento que no inmuniza, no protege, no impide que desarrolles la enfermedad, no evita el contagio ¿Qué tal si le llamamos vacuna?

  – La Ivermectina es un antiparasitario y antiviral, en uso desde 1987 que proporcionó en 2015 el Premio Nobel a sus descubridores y del que se han administrado millones de dosis, incluyendo a niños y mujeres embarazadas sin efectos negativos reseñables. En 2020, investigadores de la Universidad Monash (Australia) mostraron que una sola dosis de ivermectina paraba la replicación de SARS-CoV-2 Pero, ¿Qué tal si la prohibimos con la excusa de ser tóxica y utilizamos un fármaco experimental en su lugar?

  – África con sólo el 6% de su población vacunada tiene el covid prácticamente desaparecido ¿Y qué diremos ante tan inusitado dato? Pues que la magia de Disney existe y ante la magia incluso los doctores de la ley enmudecen, pues aquí es cuando la historia se pone casta y tierna al ver como la ‘nueva ciencia’ se abraza a la denostada filosofía y con Hume declara: “la causalidad no existe. Que un suceso se repita un millón de veces no implica que el millón uno vaya a ser igual.” ¡Homérico! Da igual las inyecciones que se pongan y los sucesos observados porque nunca será posible relacionar los unos con los otros.

  – Parece que se están produciendo fallecimientos repentinos en carreras populares ¿A qué será debido? Esto es de primero de inteligencia, querido Watson, pues ni más ni menos que al aumento de la temperatura a causa del cambio climático ¿Y cómo es que esas muertes no se producen en el centro de África que es mucho más calurosa? Elemental, porque allí no se hacen dichas carreras.

Bueno, dejémoslo aquí porque me estoy yendo demasiado arriba.

Nos toman por idiotas en nuestra cara, y los doctores, biólogos moleculares, los primeros. Lo que no sé, es dónde se meterán cuando vayan a por ellos. Ahora por necesarios, apacientan seguridad y protección, pero aunque aún no lo sepan, ya se ha puesto precio a la cabeza de todo hombre y blanco. Pero bueno, esa historia ya la referirán, mujeres, biólogas y moleculares.

Y retomando el asunto, sinceramente ¿cómo quieren, a alguien con un mínimo sentido común, hacerle comulgar con tales ruedas de molino? ¿Qué autoridad de cualquier clase puede tener una persona al sostener tales desatinos y además menospreciar a todo el que no piense como él? Como usted comprenderá, señor Yanes, la opinión que tenemos los menospreciados de los menospreciadores es de absoluta desolación por el nivel, que de irrisorio da auténtica vergüenza pero está justificado puesto que la cúpula de esa religión de satanás lleva trabajando durante decadas en la ejecución de un avezado plan, el cual se asienta en dos pilares, base y fundamento del resto de sus intrigas y maquinaciones: 

 – Destrucción de la educación con el fin de de hacer creer al mundo que lo negro es blanco, lo malo, bueno y lo falso, verdadero. 

 – Aburguesamiento de la sociedad para convertir los ciudadanos en ovejas que sólo se preocupen de balar y aceptar el camino a esos los pastos que esclavizan creyéndolos libertad.

Por ello se equivoca Chesterton cuando dice que llegará el momento en el que la gente empuñara la espada para defender que el pasto es verde porque esa gente ya no sabe su color y acepta todo un arcoiris para representarlo y a los pocos que aun son capaces de no creerlo están ocupados en reclamar el derecho a sus merecidas vacaciones, no encontrando tiempo para luchar por restituir el color de la perdida libertad.

Puede, osado lector, que después de leer este libelo, los argumentos le hayan convencido o airado o parecido desatino y desearía refutarlos. Pues desengáñese, porque esto no va de verdad, ideas, argumentos o razonamientos lógicos; esto va de ideología, de apología, de hechos consumados. Por ello, todos los motivos aquí expuestos y muchos otros que podrían argüirse no son mas que mero ejercicio mental para el que lo escribe y pasatiempo para el que lo lee. Pueden reforzar las razones del ya convencido pero difícilmente ayudarán a escapar de ese agujero negro de maldad que todo lo consume, a acólito alguno de esa nueva fe, porque el satánico adversario jamás aflojará voluntariamente la coerción para imponer su credo y cuanta más resistencia encuentre, más apretará, puesto que todos estos alegatos, pruebas y razones los conoce, no hace falta que se los recordemos y menos que los expongamos en espera de una sincera reflexión porque como ya he indicado, esto no va de ciencia sino de relato; de ideas, sino de poder y mientras posean este, los cuerpos de intimidación del estado y el monopolio de la difusión, van a seguir trabajando hasta conseguir sus objetivos y si de una cosa podemos estar seguros, es que nosotros, no somos de su pandilla.

Llegados a este punto, estimado don Javier, sí debo reconocerle una cosa y es que para ser un buen conspiranóico se debe tener alma de filósofo, y como Descartes, afirmar que sólo dudando se puede alcanzar la verdad, sólo dudando se puede llegar a la certeza, lo que implica poseer algún grado de sandez o necedad que anime, empuje e incite a cometer y decir tanto dislate y despropósito que a ojos del mundo nos hagan aparentar problemáticos. 

Como habrá podido comprobar, podría demostrar mi idiotez de manera aun más larga, pero no más clara. Por ello imploro de su paciencia y benevolencia hacia mis defectos sociales, los cuales como usted mismo ha demostrado desde el principio, por ser cromosómicos son innatos y por ambientales, maleables, pero que 

demuestran mi pertenencia a ese estrato inferior de la raza incapaz de aceptar las percepciones como motor de la naturaleza.

Con toda mi admiración hacia usted me despido.

Atte. Enrique Santo.

(1) Estamos hechos de lenguaje. Carmen Jiménez Huertas

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Josu
Josu
11 meses

MUY INTERESANTE TODO…ÚNICAMENTE, RECORDAR QUE “Dios/Satanás” SON LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA…

Manolo.
Manolo.
11 meses
Respuesta a  Josu

NO …. El concepto de Dios esta muy asimilado por todas las culturas, es nuestro señor y salvador, pues nos irradia todos los dias, la tan necesaria vitamina D para nuestra triste subsistencia. A nivel historico, todas las culturas avanzadas para su epoca han reconocido este hecho, desde los egipcios con ” RA “, pasando por los romanos con el ” Sol Invictus “, mis antepasados con su adoracion a ” LUG ” y terminando con dos culturas muy significativas como son los Mayas y los Aztecas. Las tinieblas, es esa cegera gris, que se disipa cuando Dios nos ilumina con todo su esplendor.

Piltzo
Piltzo
11 meses
Respuesta a  Josu

Una cosa así solo la puede afirmar un ateo, para el que Dios y el demonio son solo mitos (μυθοσ), conceptos, proyecciones, entes de razón sin existencia real. Y así en un ejetcicio de ingenio destinado a demostrar su originalidad intelectual puede soltar semejante blasfemia.

Pero, claro, en realidad no es así. Para nada.
Dios es el creador, el todo, el infinito. La fuente de todo bien. Dios es Amor.
Satanas es una criatura. Limitada, finita. Enormemente estúpido en su sabiduría estéril. Que en su soberbia y su odio se vuelve contra el creador y pretende destruir su obra.

Por eso el mal no puede vencer. Esto lo sabe él y lo saben sus adoradores. Quieren hacernos creer que pueden, para llevarnos a la desesperación.
No temáis. El infierno no prevalecerá.

luis
luis
11 meses

felicidades, un articulo muy brillante.

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