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Llegan los primeros test de coronavirus al centro de MENAs de Hortaleza

Tal y como ha informado el periodista Aitor Santos Moya en el diario ABC (reproducido en euskalnews.com de manera íntegra), el centro de Primera Acogida de Hortaleza, ocupado en su mayoría por menores extranjeros no acompañados, ha recibido ya los primeros test PCR –acrónimo de Polymerase Chain Reaction (Reacción en Cadena de la Polimerasa)– para determinar si hay contagios por coronavirus entre sus residentes. El objetivo de esta partida, muy reducida, es practicar pruebas a aquellos jóvenes que vayan a ser derivados a otros recursos de la red comunitaria para aliviar la presión asistencial que soporta la residencia. Para ello, es necesario descartar la existencia del patógeno a fin de evitar su propagación en los nuevos destinos.

Según ha podido saber este periódico, algunos adolescentes salieron del centro la semana pasada; si bien se espera que sea esta semana cuando hagan lo propio cerca de una decena, lo que acercaría la ocupación, actualmente de entre 70 y 80 menores, a la capacidad real de la residencia, fijada en 52 plazas. El problema de estas pruebas, no obstante, reside en la mayor lentitud a la hora de obtener los resultados. La Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS), dependiente de la Comunidad de Madrid, es la encargada de suministrar los test en toda su red, con especial prioridad a personal sanitario, trabajadores con síntomas y residencias de mayores.

Desde el centro de Hortaleza se está a la espera de la generalización de las pruebas, sin contabilizar por ahora ningún caso de contagio entre los menores. Con todo, el principal temor continúa siendo la posible aparición de un brote debido a la falta de certeza para llevar a cabo un aislamiento con garantías. «Si tenemos uno o dos positivos, sí se podría habilitar una sala; pero si esa cifra se llegara a elevar, sería prácticamente imposible», reconocen.

El problema se acentúa con la dificultad en el control de algunos residentes, que incumplen el estado de alarma al saltar los muros que separan el patio del recinto de la vía pública. Pese a que la Policía vigila de cerca el entorno de la residencia, los jóvenes esperan a que los agentes se hayan marchado o estén en otro punto del perímetro para escabullirse sin ser detectados. En caso de ser vistos, son trasladados al centro. «Es lo único que podemos hacer», señalan fuentes policiales.

Con cerca del 20% de baja, la plantilla de educadores y personal de seguridad y limpieza de Hortaleza no se ha visto tan mermada como se esperaba. Los trabajadores, que cuentan con guantes y mascarillas –no así los internos–, no han detectado un repunte signficativo de la problemática que se vive dentro durante el periodo actual de la cuarentena.

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