OPINIÓN POLÍTICA

«El nacionalismo vasco ya no es lo que era» – La opinión de Patxi Lázaro

EL NACIONALISMO VASCO YA NO ES LO QUE ERA

Durante las últimas cuatro décadas, el PNV ha sido la fuerza vertebradora en Euskadi. No ha logrado la independencia (para alivio de muchos practicantes del voto útil), pero como opción práctica de gobierno su performance ha resultado aleccionadora, transmitiendo a la opinión pública la idea de que Euskadi era diferente al resto de las comunidades autónomas: más seria, mejor gestionada, con menos corrupción y mayores niveles de calidad de vida y estabilidad social… Hasta que tuvo lugar el desplome del vertedero de Zaldibar y la irrupción de la pandemia del Covid-19. La principal consecuencia de esta doble catástrofe se hace patente en un doble e indeseado cambio de paradigma: por un lado nos damos cuenta de que el «oasis» vasco no era más que un mito, y por otro, descubrimos la incapacidad de nuestra clase política para hacer frente a los desafíos de cualquier crisis de cierta envergadura.

En Euskadi se hacen las mismas chapuzas que en Castilla La Mancha o la Comunidad Valenciana, y nuestras instituciones son tan incompetentes como la Generalitat de Catalunya o la Junta de Andalucía. De la noche a la mañana, y en lo que respecta a imagen de marca, en menos de un año Euskadi se ha quedado alineada con el resto del Estado.

Si se puede hablar de culpa -algo complicado ya que en realidad las cosas no eran lo que parecían-, cabría atribuirla a las élites vascas y al propio PNV, por haber ejercido un liderazgo tan borreguil y mediocre. Los actuales dirigentes del nacionalismo vasco no tienen ni de lejos el nivel de sus predecesores de los años 70 y 80. Como no tuvieron que luchar por el poder, no saben lo difícil que resulta conservarlo. Son como herederos de un patrimonio de intangibles, que ahora administran con la misma cachaza que los hijos del dueño de una gestoría llevan el negocio: sota, caballo y rey. Business as usual, bai horixe, prohibido pensar.

La cuestión de mayor interés no es cómo están las cosas, sino a dónde nos lleva esto. ¿Podrán los burócratas del partido-guía seguir viviendo de las rentas una generación más? ¿O habrá cambios que nos conduzcan a otros escenarios? ¿Qué nuevas fuerzas recogerán el testigo de un PNV decadentey desprovisto de misión? Algunas de las alternativas no invitan precisamente al optimismo. ¿Habrá una renovación del nacionalismo? No se sabe. Y en el fondo tampoco importa. De momento, lo que más interesa es cuándo volverán a levantar el confinamiento municipal y a abrir otra vez los bares.

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