OPINIÓN POLÍTICA

«La política que estudia mi hijo» – José Miguel Ruiz Valls

  • La opinión de José Miguel Ruiz Valls, colaborador habitual de euskalnews.com
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LA POLÍTICA QUE ESTUDIA MI HIJO

El error más grave en política es hacer de la política una profesión. Si un político está mucho tiempo ocupando un cargo, se acostumbra a mandar y a ser obedecido, y el enjambre de aduladores que se forma a su alrededor tampoco le resulta muy útil para mantener su ego «a raya». Se convierte así -O lo convierten- en eso que todos conocemos como «un dictador». Pero si se limita su mandato a unos pocos años, como suele hacerse en nuestras mal llamadas democracias, no pensará más que en amasar una fortuna que le permita vivir el resto de su vida «sin dar golpe». Se convierte en eso que todos conocemos como «un corrupto».

Los antiguos griegos eran muy conscientes del problema. Por eso su democracia era lo más opuesto al régimen representativo que tenemos hoy. Ellos decían que «Si la democracia es el gobierno del pueblo, obviamente es el pueblo el que tiene que gobernar». Así, su forma de regirse era lo más parecido a la forma en la que se rige una comunidad de vecinos. Tenían muy claro que la partidocracia es otra forma de dictadura pues si un partido debe tener una voz única, eso deja sin voz a sus propios partidarios. -Si el partido vota en bloque, como uno solo, ¿Qué más da que sean cien los diputados que voten o uno solo?-

En la democracia griega los partidos estaban proscritos. Las elecciones consistían en elegir entre los que se presentaban como candidatos ¡Pero se elegía A SUERTE! Incluso inventaron una máquina llamada kleroterión -Que aún puede verse en algún museo- para garantizar que nadie pudiera pervertir la suerte.

Sin mítines, sin campañas, sin despilfarro, sin programa, sin promesas, sin mentiras. Así era la democracia griega. Lo más parecido a la manera en que se gestiona tu comunidad de vecinos. -Pero ¿Y si la suerte elige a un ciudadano sin preparación?- Objeta el político profesional. -¿En qué consiste esa preparación?- Le pregunto -¿En agenciarse un máster falso? ¿Qué requisitos académicos se exigen, en esta falsa democracia, para ser político?-. ¡Mi hijo ya sabe que ninguno!

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