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OPINION

“Caciques de ayer, hoy y siempre” – Aitziber Mondéjar

  • Escrito por Aitziber Mondéjar
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Caciques de ayer, hoy y siempre

La palabra cacique hace referencia a una figura de poder que existía en las sociedades amerindias tainas del Caribe. Pero, como toda palabra, va adquiriendo distintos significados con el tiempo. 

En la España de finales del siglo XIX y comienzos del XX, el cacique se consolidó como el líder y principal beneficiario de una sociedad clientelista, que se manifestaba con mucha fuerza en los entornos agrarios y rurales, porque el país era eminentemente rural: controlaban los votos de sus vecinos con el apoyo de un grupo de personas fieles a su poder y los beneficios que eso les reportaba, y no renunciaban a utilizar la intimidación a sus convecinos (también a través de las armas) para asegurarse el pleno funcionamiento de su sistema clientelar.

El sistema caciquil no era de un partido, ni de una ideología concreta, era más bien un sistema de control de la población, abusivo y coaccionador. Aunque su gran signo de identidad fue siempre el fraude electoral, pues eran capaces de falsificar los votos de vivos y muertos, era su sistema de influencia lo que realmente aseguraba su pervivencia.

Supuestamente este sistema desapareció después de la Guerra Civil. Sin embargo, yo no había nacido en la Guerra Civil y he conocido redes caciquiles más o menos obvias, más o menos influyentes, más o menos sofisticadas, muy enraizadas en el día a día de muchos lugares… Pero la red caciquil más grande la tenemos en nuestras narices y tiene una dimensión enorme, quizás por eso no la vemos.

Vivimos en la era de la información y las tecnologías y eso define el estilo y la forma de ejercer y mantenerse en el poder. Si antes, el señor cura del pueblo, casi siempre bien avenido con los caciques de turno, ejercía su influencia sobre sus feligreses desde el púlpito, cada domingo y fiestas de guardar, construyendo un pensamiento homogéneo, asegurándose de transmitir un fervoroso temor a los infiernos, al limbo o al purgatorio, desde que las jerarquías oficiales de la iglesia católica decidieron que ya no existían esos temibles lugares, que tantos réditos les habían procurado, y en la medida en que su degeneración iba saliendo a la luz irremediablemente, se iban gestando sus relevos.

Sus sustitutos, los omnipresentes medios de comunicación de masas, disfrazados de plurales, progresistas y modernos, en manos de cuatro grandes grupos de poder, metidos en nuestras casas, accesibles con un solo clic, sin necesidad de hacer ningún esfuerzo, sin necesidad de levantarse del sofá, lavarse la cara, quitarse el pijama, ni acudir a la iglesia, son los nuevos constructores de realidades, los que nos comunican qué es lo que hay que creer, del lado de quién hay que estar y de construir los nuevos infiernos (enfermedades irremediables, amenazas de destrucciones masivas…), abrir la puerta del nuevo limbo (exclusión social) y poner en funcionamiento los nuevos purgatorios (enjuiciamientos mediáticos). La puesta en escena es un inteligente teatro, en el que parece que hay lugar para disentir, pero la esencia no se cuestiona, todos comen del mismo pesebre y todos sirven al mismo patrón.

Como dijo un afamado cacique andaluz, después de las elecciones de su pueblo: “Nosotros, los liberales, estábamos convencidos de que ganaríamos las elecciones. Sin embargo, la voluntad de Dios ha sido otra. Al parecer, hemos sido nosotros, los conservadores, quienes hemos ganado las elecciones”.

Para aquellos que consiguen escapar a esta telaraña, que deciden no encender la televisión, que eligen no sucumbir a la hipnosis colectiva transmitida por la prensa oficial y construyen su propio discurso, a partir de la realidad que viven, observan y sienten, se han reservado antiguos y sorprendentemente eficaces sistemas de control: la censura, el insulto, el descrédito, la marginación… Sorprende su eficacia en un país tan progre, tan plural, tan democrático y tan moderno, donde uno puede hacer de todo, menos salirse de la cuadrícula impuesta, es decir, pensar por sí mismo y actuar en consecuencia.

Parece que todo cambia, pero en esencia todo sigue igual. Solo cambian las formas. Ahora los caciques, son muy pocos, su red clientelar es mundial y nunca dan la cara. Utilizan la imagen de sus peleles, que ofrecen su cara y hablan por boca de ellos a cambio de un buen salario, entiendo.

Tenemos un estupendo reto por delante, el de construir nuevas realidades y ejercer nuestras libertades a pesar de todo, a pesar de la inercia…Cuanto más difícil sea, más ingeniosos tendremos que ser y lo seremos. Ya lo estamos siendo. ¡Ánimo!

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Karlo
Karlo
5 meses

Hoy el sistema de caciques, además del dios $$, se funda sobre la medicina y petrol-farmacéutica alopática, desarrollada desde el cuento de Pasteur, y opuesta a las medicinas e inmunidades NATURALES!

Neogoldstein
Neogoldstein
5 meses

Muy interesante artículo.
Gracias!

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