OPINIÓN

«El protocolo» – Manuel Molina

  • La opinión de Manuel Molina
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El protocolo, por Manuel Molina

Hoy día hablar del protocolo es una palabra que se está instalando en nuestras vidas con un significado lejos de su naturaleza lingüística. Según como eso no tendría que ser importante y nos podríamos acostumbrar como tantas cosas que nos acostumbramos sin valorar los detalles que conlleva vivir al margen de unas mentes maliciosas que puedan tener una doble intencionalidad en cada una de sus intenciones cada vez que tienen una brillante idea que favorece al bien común. Grandes pensadores que nos quieren hacer la vida más fácil a cambio claro está de algo, algo que a veces puede ser que no se pague ni con dinero.

Hoy día el protocolo hay un gran interés en qué el significado o la idea este muy interiorizada como mensaje en la mente del individuo en un futuro próximo, convirtiendo el protocolo; en un salvavidas, un cumplimiento, una forma de agilizar nuestro trabajo, el funcionamiento de nuestras instituciones, la investigación científica o incluso nuestra convivencia diaria. El protocolo nos está llenando toda nuestra estructura social de mecanismos dictaminados por protocolos que de alguna manera busca la convivencia social y la eficiencia en sus mecanismos de funcionamiento social. Con el riesgo de convertir el protocolo en una herramienta perfecta para crear una sociedad de diseño con puro estilo de ingeniería social.

La élite y la idea

El protocolo de la palabra se puede definir como un conjunto de reglas de formalidad que rigen los actos, ceremonias diplomáticas y oficiales. Conjunto de reglas de cortesía.

Esta definición sacada de un diccionario está muy lejos de la intención de este artículo pero es importante saber de dónde viene y su esencia como palabra. Esta definición nos ayuda a entender el interés que hay en la introducción de esta palabra en nuestro vocabulario llegando a normalizar el lenguaje cotidiano.

Observar la elite o la aristocracia como algo lejano para las vidas del individuo corriente es algo difícil de imaginar. Esas diferencias llevan al protocolo como algo solemne  y  de rigor.  Donde las estructuras de las altas esferas sociales se utilizan para diferenciar la categoría social de cada individuo o incluso cuando se introduce en las instituciones como una forma de diferenciar  esa separación entre el individuo y las estructuras de estado. El protocolo ayuda a crear un lenguaje y una actitud que ayuda al individuo a que distingan en qué lugar está en cada momento dentro de lo que la estructura social o institucional le exige. Para dar forma a un lenguaje que se diferencia de las masas y ayuda a una  educación, formas de comportamiento que solo pretende diferenciar que existe una diferencia social y que no todo el mundo puede ser rey o aristócrata. Creando una diferencia de estructura social no al alcance de cualquiera con el fin de tener claro que hay unas separaciones.

Pensar que el protocolo se está instalando como algo accidentado o por la casualidad de las circunstancias…es pensar vanamente. Ya que la intención cada día es que se instale en nuestras vidas y que el individuo acepte con la misma solemnidad y rigor como requiere cada una de sus acciones y procesos como el protocolo lo exige. Dando al protocolo la capacidad de transmitir al individuo las acciones a seguir dentro de la estructura social en el lugar que le corresponde con la misma solemnidad y rigor. Pero curiosamente esa misma idea sobre el protocolo es la que le da al individuo un margen de confianza ejecutando  su disciplina o su ejecución, aceptando lo que se le da como un acto de fe sin condicionamientos, ni cuestionamientos y aplicando a la perfección los criterios impuestos o las acciones determinadas por la autoridad. Aceptando que hay una autoridad o un experto que acredite que esos protocolos de funcionamiento tiene el mejor criterio y las mejores bases científicas o de conocimiento para su ejecución. Trasladando sus conocimientos a sus subordinados y creando unos protocolos de acción o de conocimiento.

Introducir la idea

Decir que todos los protocolos son malos es caer en un error pero observó durante los últimos años que  hay un gran interés en introducir esta palabra y lo que representa en nuestro día a día. Se ha convertido en un caballo de batalla pero un caballo de batalla que se puede convertir en un caballo de Troya. Sin observar los peligros que conlleva dejar que esta palabra se familiarice y se vaya introduciendo  en nuestras vidas con una normalidad que da miedo, sin cuestionar su estructura de funcionamiento o hasta qué punto beneficia al que lo ejecuta o como el que la recibe. Ya que el protocolo solo ayuda a separar más al individuo de su esencia como ser favoreciendo a su in-humanización convirtiéndolo  en un escudero de un sistema que le alimenta sus placeres y le ayuda a olvidar de sus malas conciencias sin ser consciente que lo arrastran a ser esclavo de su propio vacío.

Pero pensar que el protocolo es tan negativo para el individuo puede ser una idea que para muchos sea un insulto a algo que un momento dado ha ayudado o beneficiado a más de una persona.  Cuestionar el hecho de que no debe  estar ahora mismo, sería como desnudar a una sociedad, ya que el protocolo se mueve por la estructura social por todos los hilos de su red social e institucional. ¿Estaríamos perdidos si los protocolos de la noche a la mañana dejarán de estar? Perdidos no sé pero desnudos seguro. La estructura social e institucional  está sostenida por los protocolos directa o indirectamente.

Los guardianes del sistema

El protocolo aunque puede tener muchos argumentos que nos indicaría que es una buena herramienta social para el buen funcionamiento de la estructura social lo cierto es que ese funcionamiento lo que crea son peones del sistema. Peones de un sistema que está a merced de la autoridad sin criterios y sin oposición. Llegando a  convertir los peones en defensores de un sistema que si les sacas de su estructura se pueden perder y eso es algo  que necesitan defender porque no tiene nada más dónde cogerse. Ya que la capacidad del individuo la estamos eliminando, lanzando toda su esencia a la basura.

El protocolo está para dar al subordinado las directrices a seguir y las acciones a tomar pero no hay margen para el que las acata, algo que inmuniza al que las aplica y le separa del que la recibe. Creando la fragmentación algo tan valioso en la filosofía del poder. Si observamos cómo funciona la sociedad es algo que últimamente se está acelerando al mismo ritmo que la tecnología avanza.

El origen

Conocer el origen de los protocolos nos ayudaría a entender la finalidad de sus objetivos y el margen de maniobra que tiene para el que los ejecuta. Cómo limita despertar la capacidad de maniobra o de conocimiento,  de búsqueda, de curiosidad, de criterio para el que lo ejecuta. Ya que la ignorancia reina en todas partes y pensar que el protocolo siempre está en el mejor de los casos, es dar fe a quien decide cumplir el mandato de la autoridad y aunque siempre pensamos en la buena fe o las buenas intenciones de quien lo crea. Mantener un margen de duda no significa vivir en la inseguridad pero sí mantener la alerta ya que procesar y hacer cumplir algo que no has creado tú mismo también tiene responsabilidad.

El protocolo como sabemos no es una palabra que nace de la base de la ciudadanía como no me atrevería a pensar que es la base social la que la elige como una forma de darle la relevancia con lo que nos intenta dar valor a lo que nos dan detrás de esta palabra para que tenga autoridad en su mensaje y en sus acciones.

A veces intento dar una similitud al protocolo para entender la idea de lo que se intenta transmitir con las buenas intenciones que  sus mecanismos de funcionamiento que intenta transmitir dentro de la estructura social e institucional a algo parecido como a la «sabia» que circula por los árboles desde la raíz hasta las hojas y las flores de los árboles. Pero qué curioso es el nombre de la sabia y la curiosa similitud con sabiduría, algo que nos hace pensar que no está ahí por casualidad. Esta sabia recoge todo lo que necesita para que su árbol o planta tenga lo que necesite para que crezca y saquen sus frutos sin limitar o favorecer una rama más de la otra y si una rama carece de luz dificultando su crecimiento la sabía no deja de enviar lo que necesita para vivir ya que puede que la otra parte del árbol recoja toda esa sabia que ayuda a que tenga mejores frutos. Aunque esto se puede convertir en una metáfora romanticona  está bastante lejos de lo que el protocolo en su realidad intenta transmitir ya que la sabia en este caso iría  de abajo a arriba y de arriba  abajo para volver a recoger de la raíz todos los nutrientes que necesita para repartir por todo el árbol convirtiendo este proceso en su ciclo natural.  

En el caso de los protocolos la acción de arriba abajo está muy clara pero lo que llega de abajo para  cambiar el protocolo hacia arriba diríamos que tiene que pasar por muchos filtros antes de instalarse en el protocolo algo que  ayuda pensar que puede haber una lucha de egos, intereses, factores económicos, criterios políticos, intenciones del poder…en pocas palabras llega lo que interesa que llegue y al final quien tiene más poder tiene más capacidad para imponer criterios a la hora crear los mecanismos a seguir.

El individuo y el trabajo

El protocolo no es algo que no lo debemos coger  a la ligera aunque es algo que hoy día lo utiliza  una gran parte de los individuos de la sociedad en sus trabajos, a veces hasta en lo más insignificante detalle de cómo hacer una buena crema pastelera todo puede cumplir con un protocolo a la hora de realizar una crema que siempre esté en sus condiciones de sabor y de calidad. Al individuo lo estamos capando día a día y os aseguro que no tiene la culpa la crema pastelera ni su protocolo. Pero este simple proceso hace que el individuo limite su capacidad; de aprendizaje, de búsqueda, de curiosidad, de conocimiento, eso «si» de responsabilidad solo cuando sale mal porque necesitamos responsables. Se necesita saber a quién castigar.

Al individuo le  damos todo lo que necesita para su elaboración pero no se le da conocimiento quizás porque no interesa, vaya que se pregunte si esa crema lleva sustancias que no se utiliza en otras cremas y si esas sustancias hasta qué punto son buenas para el consumidor.  El protocolo nos dice los ingredientes que tiene que llevar y su procedimiento. Ese protocolo nos indica que los ingredientes cumplen los requisitos sanitarios permitiendo su uso  y  los organismos internacionales lo certifican. El individuo que tiene que elaborarlo y que seguro que tiene un sueldo que no  le permite aventurarse,  no se va a cuestionar lo que la autoridad le dicta, ni se va rebelar contra ella, ya que tiene bastantes problemas. Incluso con el miedo de perder su trabajo. Aunque lo más triste es que no tiene conocimiento suficiente para distinguir hasta qué punto puede estar satisfecho con su trabajo o con su crema que ha elaborado ya que le han capado y os aseguro que esta capado desde hace tiempo ya que es una víctima más de la ingeniería social.   

Influencia social

El protocolo está por todas partes aunque parece que tiene que tener unas bases de funcionamiento que dicte la acción o las normas a seguir, hay protocolos que están en nuestra estructura social  tan introducidos en nuestro ritmo diario que no percibimos su naturaleza pero lo descubrimos que están ahí en el momento que menos te lo esperas ya que  por alguna razón o situación  rompe la dinámica social o el ritmo diario para el buen funcionamiento de la estructura social y evitar romper el ritmo ni la dinámica de nuestra estructura social.

El protocolo ha estado introducido en la estructura social desde los siglos de los siglos y aunque la utilización de la palabra da pie a entender como algo nuevo o como algo nuevo del nuevo mundo del neoliberalismo…perdonar si he dicho neoliberalismo porque podía ser cualquier tendencia. La verdad  es que no deja de ser; dar un lenguaje nuevo, para sustituir por un lenguaje antiguo y dar a pensar que se hace algo nuevo y revolucionario. Al final para dar credibilidad a la autoridad y obedecer en un acto de fe. Con lenguaje más fresco y nuevo pero con la misma intencionalidad de siempre.

La ley

El protocolo preguntarnos si es algo que  puede tener tanta fuerza como una ley o una orden institucional  nos podríamos quedar cortos en según qué situación, ya que aunque no está regulado en la mayoría de los casos, el protocolo puede tener un carácter  legal  porque viene dado por la autoridad. Una autoridad que la ley sí le respalda y le autoriza a ejecutar  como guardianes de estructura social. Pero dónde están los límites protocolarios de la autoridad que le permite en cada acción una acción independiente de otra, porque el protocolo no es determinado  y se puede moldear de alguna manera  pero en cambio pueden ser  rectos y ejemplares a la hora de ejecutarla en otras. Dar al protocolo margen de movimiento a la autoridad puede ser algo ambiguo y se puede convertir en una navaja de doble filo que incluso la autoridad que la ejecuta puede estar en el limbo de la legalidad sin ser consciente de ello. Pero a la vez puede tener un gran poder si el individuo no tiene conocimiento de esos límites o de esa ambigüedad.

La dificultad siempre está en la calle, el estar alejados del conocimiento, el aislar y el alejar al individuo creando continuamente la fragmentación social hace imposible tener conciencia de que nos estamos enfrentando ya que la complejidad de la estructura social hace inaccesible a cualquier individuo de a pie.   

El general

En las grandes guerras los generales ordenaron a sus mandos acciones que a veces estaban lejos de un consenso legal o de autoridad pero los protocolos en la cadena de mando les daba suficiente autoridad para transmitir una orden, que en algunos de los casos le podía salir bien o en otras podía ser la destrucción de su ejército y la carga de humillación o de conciencia con la que tenía que vivir el resto de su vida. En el proceso de Núremberg una de las expresiones que más se oyeron por los acusados en el llamado juicio fue «cumplía órdenes». Estos generales o mandos o autoridades era su forma de justificar sus actos o su responsabilidad hacia la autoridad que los juzgaba. La justicia caía contra ellos por los crímenes cometidos contra la humanidad pero el problema de todas las guerras es que los que pierden nunca tienen la capacidad de juzgar al que ganan y el que gana siempre tiene la capacidad de reescribir la historia. Esto hay quien lo  llamaría  justicia divina y siempre el que gana es por la gracia de Dios pero la gracia de Dios no creo que tenga que ver nada con las guerras y pocas conciencias salen limpias de una guerra. No es un acto de justificar a nadie pero todos se apoyan  en sus protocolos y actúan con ellos con determinación.  El general puede equivocarse pero el soldado vive su error. El general contempla su obra como un cargo de conciencia pero la mayoría de las veces lejos del horror que sus órdenes crean. Incluso ese error le permita confeccionar otra estrategia que permita olvidar su anterior error, la victoria le haga olvidar que los hubo y se le recuerde por su hazaña. Aunque la metáfora puede estar lejos de muchos protocolos en la gran mayoría hay generales y soldados. Con la diferencia que el soldado cae siempre el primero.

La responsabilidad

Estar a mecer de la autoridad aunque puede ser, según como, una forma de aludir responsabilidad y ceder a los otros ese poder, como individuos no te libra de responsabilidades. Como  ejecutar acciones llenas de controversia o poca efectividad, no te libra como individuo o como autoridad, de lo que llamamos el mal de conciencia. Acostumbrarte a ello se convierte en una dura carga. El protocolo hay seguro muchas personas que lo defienden, creen en sus mecanismos, obedecen convencidos e incluso convencidos con sus resultados. Cuando escribo este artículo no es mi idea  desprestigiar al que tiene que trabajar con ello o tenga que ejecutarlos o hasta qué punto podemos vivir sin ellos pero como astrólogo no puedo defenderlo. Aunque tenga que acatarlo en muchos momentos porque la sociedad no te permite vivir fuera de ellos. Los protocolos capan al individuo de su esencia lo vuelven una herramienta del sistema o de una cadena de producción, convirtiendo al individuo en una nula expresión de su esencia abandonando su lucha, su búsqueda y haciéndole olvidar que puede llegar a ser otra persona.

Quizás observáis en mis artículos un gran pesimismo y ver negatividad donde otros podéis ver esperanza pero no puedo ser más realista quizás es mi esencia  y no puedo dejar de dar una opinión sobre algo que me preocupa enormemente, el individuo aunque para algunos supongo que ya os habéis dado cuenta de que no hablamos de algo nuevo, la realidad es que el humano renuncia a su esencia en beneficio de un sistema que cada día busca la manera de sustituirlo y que cada día le está robando su espacio de una forma consentida porque encima somos fácil de engañar o manipular y nuestro mejor campo de batalla se ha convertido en el sofá de nuestras casas pero tranquilos los que iban a las guerras también  iban engañados o manipulados. Nuestro poder lo cedemos sin ninguna responsabilidad y abandonamos nuestra esencia con la misma facilidad que tiramos de la cisterna, aunque suene muy crudo os aseguro de lo que hablo no se trata de hacer revoluciones, se trata de ser íntegro.

La manifestación del ego

El ego aparece mucho para defender un protocolo que a veces es indefendible o por que la torpeza de quien lo ejecuta no tiene más visión que la que le han dado y necesita apoyarse en algo para justificar su incompetencia. Cuando se manifiesta el ego el peligro y el riesgo a que se desencadene acontecimientos que pueden  crear un mar de despropósitos y arrastrando a una situación que se puede convertir en un problema real para los ajenos.  Hoy día estamos viviendo una situación donde los protocolos se apoderan de nuestras calles y de nuestras  instituciones públicas, afectando nuestras vidas y nuestra convivencia a tal punto que se ha convertido en un acto de fe del individuo hacia quien los manda. Una autoridad que no acepta el debate por un supuesto bien común, por miedo a la irresponsabilidad de los que dudan de sus buenas intenciones o por despertar el interés de los que descansan de su plácida complacencia. No alimentemos fantasmas, quizás mi error es desconfiar del individuo y no tener fe en la estructura social o de quien la aguanta pero acabando os diría que como individuo desde vuestra perspectiva os pido integridad, ser íntegros y ser dignos con vuestra autoridad porque nos os puedo pedir como astrólogo que despertéis al «ser» porque es algo que no entiende de protocolos  ni de autoridad.

Discutir si el protocolo tiene razón de ser en este momento es como ponerte clavos en las sandalias ya que es un peligroso debate pero no nos damos cuenta hasta donde llega ceder nuestras libertades por un supuesto bien común pero quizás el problema es que ya no sabemos distinguir ni lo que es ser libre y eso nos hace ser más prisioneros de nuestra realidad aceptando hasta cualquier estúpido dictamen para que no nos haga salir de una realidad incomoda. El día pasa y todo sigue igual, quizás el aburrimiento se ha convertido en parte de nuestras vidas, el sofá nos podría añorar y la calle da miedo.

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